En Vivo
Combustibles
Gasolina Premium
RD$: 240.30
Gasolina Regular
RD$: 227.20
Gasoil Premium
RD$: 195.60
Gasoil Regular
RD$: 186.50
GLP
RD$: 113.30
Gas Natural
RD$: 28.97
Divisas
Divisa
Compra
Venta
Dólar
48.90
49.40
Euro
58.00
65.00

Castellanos Moya: La guerra civil de El Salvador está pendiente de novelar

Castellanos Moya: La guerra civil de El Salvador está pendiente de novelar
Castellanos Moya: La guerra civil de El Salvador está pendiente de novelar

Horacio Castellanos Moya

Barcelona.- El escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya, que acaba de publicar “La sirvienta y el luchador”, última entrega de un ciclo sobre su país a partir de la historia de una familia, ha dicho que “aún quedan temas pendientes en El Salvador por novelar, como la cruenta guerra civil”.

“La sirvienta y el luchador” (Tusquets) culmina una especie de saga de novelas del que forman parte sus libros anteriores “Donde no estén ustedes”, “Desmoronamiento” y “Tirana memoria”.

En una entrevista con Efe con motivo de la publicación en España de su última novela, Castellanos cree que “La sirvienta y el luchador”, “más que un cierre, es el punto culminante en el tratamiento de este mundo narrativo, aunque no es una saga en sentido estricto, porque suelen estar muy planeadas”.

Todas las novelas de este ciclo, admite, comparten “algunos personajes y hechos que sirven de vasos comunicantes”, pero “están contadas de distinta manera, con distintos recursos estilísticos”.

El autor, que actualmente reside en Estados Unidos, no siente que haya agotado las posibilidades narrativas de la historia de El Salvador: “Tuvimos una guerra civil de una década y cuando hay conflictos políticos tan intensos, la literatura siempre llega bastante tarde”.

En “La sirvienta y el luchador”, Castellanos Moya bordea la guerra civil salvadoreña. “Esta novela se ubica en sus comienzos y puede que siga, pero no tengo ningún plan”, explica.

Recuerda que fue una guerra cruenta, en la que uno de los bandos recibía ayudas de Estados Unidos por valor de 10 millones de dólares diarios, pero al final ninguna de las partes pudo derrotar a la otra, y de hecho, anota el escritor, “el ejército guerrillero de entonces integra hoy el gobierno”.

“Estoy acostumbrado a escribir desde la incertidumbre y todavía, después de diez novelas, continúo escribiendo de la misma manera, pues mi forma de escritura responde más a necesidades internas como creador que a búsqueda de temas”, señala Castellanos Moya, quien asegura que necesita que un tema le haya herido y lo haya asimilado para plasmarlo en una novela.

“La sirvienta y el luchador” narra la historia de la desaparición de Albertico y su mujer, Brita, y la petición de ayuda para encontrarlos que hace María Elena, criada de la familia, a un antiguo amigo de la policía, El Vikingo, un viejo exluchador profesional.

En sus inocentes pesquisas, María Elena presencia salvajes detenciones y es testigo de los altercados de grupos subversivos, entre cuyos encapuchados reconoce fugazmente a alguien familiar, pero su preocupación se tornará en angustia en cuanto se pregunte también por el paradero de su hija y de su nieto.

“El Vikingo es un personaje de ficción, aunque sí es real que en la historia salvadoreña hubo algunos luchadores que trabajaron para la policía, y que ahora son porteros de discoteca”, señala.

Piensa Horacio Castellanos que su novela no encaja en el formato de novela negra y policíaca, si bien “tiene elementos de esos géneros: hay un ambiente negro, aún más, un poco macabro, sórdido”.

Desde un punto de vista lingüístico, Castellanos Moya quiso hacer una distinción y, así, “el lenguaje del Vikingo es casi a escupitajos, pues cuando hay una degradación de los valores, hay una degradación del lenguaje, mientras que el de María Elena, un personaje con una energía moral positiva, es un lenguaje bastante religioso, porque ese es su sentido del mundo”.

También hay una evolución estilística en la novela y, “a medida que se precipita la acción, la forma narrativa tiende a condensarse, y de ahí que aparezcan unos diálogos muy trepidantes”.

Además de los personajes hay un protagonista general, la capital salvadoreña de 1980, que “es ya una ciudad que sólo existe en mi memoria, la ciudad del año del terror, cuando asesinan a Monseñor Romero (arzobispo de San Salvador) y se producen las grandes matanzas en las manifestaciones”.

Como es una urbe de su pasado, el propio autor la trata “casi como una ciudad ficticia”, la reinventa en base a sus recuerdos.

El hecho de residir desde hace 13 años fuera de Centroamérica sólo ha tenido una relación en su creación literaria: “Al vivir fuera del ámbito del español, el principal reto es mantener la frescura del lenguaje”.

 

Comenta con tú facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *