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Chicharrones de pollo, huevos revueltos…

A veces parece que los encargados oficiales de los asuntos de cualquier gobierno carecen de chispa o ingenio. La duda me vino cuando me puse a pensar en la alucinante situación creada por la prohibición de Haití contra la importación de huevos y pollos dominicanos.

Su propia ministro de Salud Pública admitió que otro funcionario haitiano metió la pata al asegurar, sin ninguna evidencia, que en Santo Domingo había una epidemia de gripe aviar que podría afectar a huevos y pollos. Nadie duda del celo haitiano por la salubridad ni su derecho a decidir qué pueden comer sus ciudadanos.

Pero resulta de cientos de miles de haitianos, en su mayoría inmigrantes ilegales, comen diariamente centenares de miles de huevos y libras de pollo dominicano –de este lado de la frontera- sin que les de ni siquiera hipo. Antes al contrario, creo que si pudieran comerían aún más…

Me parece que nuestra embajada en Puerto Príncipe debe en lo adelante cada vez que invite a algún funcionario haitiano, brindarle ponche de huevos –aún no sea Navidad-, huevos rellenos o de codorniz como aperitivo, quiche o tortilla española, torrejitas de berenjenas fritas rebosadas en huevo y otras exquisiteces similares. La sopa: ¡criolla y de pollo! El plato fuerte debe por supuesto incluir al ninguneado manjar bípedo, preferiblemente horneado entero para que no quede duda de qué se trata. De postre, tocinillo del cielo, suspiros, flanes o mazapanes, finuras todas imposibles de hacer sin huevos.

Igual protocolo debería regir en las reuniones con los espantadizos funcionarios haitianos, a ver si se les pasma el ataque de risa que deben tener por haber agarrado a los dominicanos por el pichirrí…

Otra idea sería romper relaciones, ante tanta hostilidad, y amenazar al desplumado vecino con bombardear pollos congelados sobre Puerto Príncipe. ¡A ver cómo podrán defenderse!

No crean mis lectores que estoy tomando un asunto tan cacareado a la ligera, es que realmente no hay mucho que decir seriamente sobre una situación que luce ser sólo una malacrianza de Estado. Pero no la ha cometido ningún niño travieso, sino tres o cuatro malos haitianos de insaciable voracidad cuyo interés no es la salud ni el bienestar de haitianos o dominicanos, sino beneficiarse espuriamente al impedir el comercio fronterizo. Como Poirot, a buscar al o los beneficiarios, aunque también no estaría de más cherchez la femme

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