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China, ¿ante un nuevo tipo de terrorismo?

China, ¿ante un nuevo tipo de terrorismo?
China, ¿ante un nuevo tipo de terrorismo?

descargaPEKÌN.– El asalto a una estación de tren del sur de China este fin de semana, calificado oficialmente como “ataque terrorista” y definido como el “11-S chino” por varios medios del régimen, sugiere una nueva vertiente de supuesto activismo en el país con implicaciones tanto en su política interior como exterior.

“Fue el 11-S de China”, dice hoy categóricamente un editorial del diario oficial “Global Times”, en referencia a la masacre perpetrada la noche del sábado por una docena de asaltantes que acuchillaron a la multitud en la estación de tren de Kunming (Yunnan), dejando atrás al menos 29 muertos y 143 heridos.

Pese a que entonces no se había revelado la identidad de ninguno de los presuntos autores (cuatro de ellos abatidos a tiros por la Policía y otros cuatro detenidos en Yunnan), las autoridades atribuyeron casi inmediatamente el ataque a “fuerzas separatistas de Xinjiang”, región noroccidental china y territorio de la etnia uigur.

Xinjiang es, junto a Tíbet, uno de los puntos calientes de China, tras décadas de conflictos entre los uigures, de religión musulmana, y la etnia mayoritaria han, lo que el Gobierno chino considera culpa de las ansías separatistas de los primeros, y éstos denuncian como consecuencia de una opresión sistematizada por parte del régimen.

Aunque los conflictos se suelen ceñir a Xinjiang, el asalto en Yunnan, situado a miles de kilómetros de allí, no es el primero supuestamente perpetrado por estos grupos fuera de la región.

El pasado octubre, un coche se estrelló contra la emblemática plaza de Tiananmen y se incendió a las puertas de la Ciudad Prohibida, provocando cinco muertes y causando decenas de heridos.

Como ahora, el incidente se atribuyó a “fuerzas separatistas de Xinjiang”, y, también en coincidencia con esta ocasión, se produjo en la víspera de una cita política de gran importancia, el cónclave del Partido Comunista, mientras esta vez han sido las reuniones de los asesores y legisladores de la formación.

No obstante, ningún grupo ha reclamado la autoría y algunas publicaciones de Yunnan sugieren que el asalto a la estación puede estar vinculado con el tráfico de drogas, muy extendido en esa zona.

La casi imposibilidad de que prosperen otras versiones al margen de la oficial, y la reiteración de las autoridades de que los culpables están vinculados a fuerzas terroristas que reivindican un “Turquestán Oriental” independiente, movimientos vinculados en ocasiones a “Al Qaeda”, hace prever efectos en el plano interno y también una cierta “internacionalización” del problema.

El “Global Times” decía hoy que los sucesos exponen “la importancia de la creación de la nueva Comisión de Seguridad”, bajo mando del presidente Xi Jinping y que ha provocado ciertas suspicacias en grupos de defensa de los derechos humanos.

Además, “los ataques aumentarán sin duda la opresión en Xinjiang”, dice a Efe Shi Yinhong, experto en relaciones internacionales de la Universidad Popular de China.

Lejos de emitir un mensaje tranquilizador, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Qin Gang, instó hoy a emplear la “mano dura” contra los perpetradores, teniendo ya indicios, dijo, de que fueran fuerzas del “Turquestán Oriental”.

Esta llamada inmediata a la acción y el recurso del “11-S” podrían ser ejemplo de la teoría de que el Gobierno “exagera” deliberadamente la amenaza terrorista para justificar la opresión en zonas como Xinjiang y conseguir a cambio cierta empatía por parte de la comunidad internacional, que comparte el mismo temor.

Así lo sugiere Philip Potter, profesor asistente de Ciencias Políticas de la Universidad de Michigan en su informe “Terrorismo en China”, en el que también señala que, por varias razones, entre otras su auge económico, el gigante cada vez está más expuesto a ataques terroristas.

Surge, por lo tanto, la duda de durante cuánto tiempo Pekín podrá mantener su tradicional política exterior de “no injerencia” en asuntos internos de otros países (que ya rompió recientemente al enviar tropas a Mali), cuando aumenta su rol en asuntos internacionales y, además, asegura estar bajo amenaza terrorista de un movimiento con ramificaciones extranjeras.

Si bien algunos expertos consideran que éstas y otras circunstancias harán que China flexibilice de forma paulatina su política de no injerencia, el profesor Shi lo ve aún una “posibilidad remota”, afirma a Efe.

En cambio, dice, “sí hace que China comparta con el mundo ciertos intereses en la lucha global contra el terrorismo”

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