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Ciencia improbable para internautas y lectores de toda la vida

Ciencia improbable para internautas y lectores de toda la vida
Ciencia improbable para internautas y lectores de toda la vida
Pierre Barthélémy.

Pierre Barthélémy.

MADRID.- “Bajo la bata del investigador más sabio se oculta, a veces, un payaso en potencia”. Es lo que piensa Pierre Barthélémy, autor de un divertido y exitoso blog de crónicas de “ciencia improbable” que se compilan ahora en un libro en español.

Y es que las preguntas más tontas suelen exigir las respuestas más inteligentes, opina Barthélémy (1967), quien con esta premisa escribe desde 2011 su aclamado blog “Passeur de sciences”, que ya ha superado los veinte millones de visitas y se ha convertido en uno de los lugares más visitados de la web del diario francés “Le Monde”.

“Popularizar la ciencia sin traicionarla” es el objetivo de Barthélémy, quien abrió el blog coincidiendo con su decisión de acometer un cambio radical de vida: dejar París por Cognac, un bello pueblo fortificado situado en el curso del río Charente, en plena ruta de peregrinación del camino francés de Santiago de Compostela.

Allí vive con su esposa y sus cuatro hijos, y desde allí trabaja como periodista independiente para varios medios, incluido “Le Monde”, donde inició su carrera en 1990 y fue director del departamento de ciencia y fundador del suplemento “Planète”.

Grandes dosis de humor y rigor componen la fórmula de éxito de su blog, que en 2013 obtuvo el Premio “Le goût des sciences” otorgado por el Ministerio francés de Investigación y Educación Superior.

Por qué la tostada cae casi siempre del lado de la mantequilla, cómo adelgazar delante del televisor o cómo parir sobre una centrifugadora son temas abordados en tres del medio centenar de textos de Barthélémy incluidos en “Crónicas de ciencia improbable”, editado por Blackie Books en cartoné con ilustraciones de Luis Paadín en la cubierta.

Aunque parezca “surrealista”, esos “enigmas” han sido estudiados científicamente porque “todas las preguntas, incluso las más estúpidas en apariencia, se pueden hacer” y ahí está, precisamente, la ciencia improbable para responderlas de forma inteligente, expone Barthélémy en el prólogo del libro.

Y para distinguir esas investigaciones por muy absurdas o desconcertantes que parezcan están los Premios Ig Nobel, una parodia estadounidense del Premio Nobel que se entrega en octubre de cada año desde 1991 por los logros de diez grupos de científicos que “primero hacen reír a la gente y luego la hacen pensar”.

Están organizados por la revista de humor científico “Annals of Improbable Research” (AIR) y se entregan en una ceremonia en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard en Cambridge (EE.UU.)

Sus propuestas, aunque, a primera vista, resultan ridículas o hilarantes, tienen un propósito serio y han aparecido en publicaciones de prestigio del ámbito científico.

Entre los premiados este año había estudios sobre la capacidad de la piel de plátano para provocar un resbalón, sobre el peligro para la salud mental de tener un gato, sobre el uso de la panceta para cortar hemorragias nasales o sobre la utilización de heces de bebé para curar el fuet (este, de patente española).

Todos los laureados desde 1991 ilustran a las mil maravillas, según Barthélémy, la manera “humorístico-poética” en la que él prefiere contemplar la ciencia improbable.

Lo improbable no solo suele ser más divertido, sino que es posible y casi siempre necesario, añade.

Y advierte que, bajo la aparente tontería de una prueba chiflada, se encuentra ante todo el profundo deseo de hacer avanzar la ciencia.

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