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Cómo en «los países» otros nos identifican

Cómo en «los países» otros nos identifican
Bernardo Vega

Durante mi estadía en Nueva York como académico invitado de la Universidad de Columbia tuve la oportunidad de compartir con estudiantes de origen dominicano. En más de una ocasión me preguntaron por qué, hablando con otros hispanos, estos muy pronto se daban cuenta de que se trataba de dominicanos. Y es que por diferencias históricas que resultaron en inmigraciones diferentes, utilizamos muchas palabras de origen taíno, africano y francés que no se usan en México, Centro y Suramérica.

Cuando un dominicano menciona comején, jején, mime, batea, cuaba y bohío, está utilizando vocablos taínos, a pesar de que estos indios desaparecieron unos 40 años después de la llegada de los españoles. Cuando se dice petit pois (guisantes) y se usa el petit salé (tasajo) que inmortalizó Juan Luis Guerra, estamos expresando palabras que devinieron nuestras durante el período en que Francia nos dominó y durante el cual muchos franceses migraron hacia nuestra parte de la isla huyendo de las revueltas de los esclavos en Haití.

Pero las palabras de origen no español que más usamos nos llegaron de África a través de los esclavos que fueron llevados donde nosotros durante la colonización española. En asuntos de comida tenemos concón, mangú, mofongo, yunyun y calimete. Para describir a una persona utilizamos bemba, bimbín, buquí (comelón), furufa, macaco, monigote y pendango (tonto).

Otras palabras de uso común de origen africano por parte de nuestra diáspora en el extranjero son: féferes, fuá (como cuando se va la luz), fucú, guataca, ñáñara, ñeñeñé (burla), tabaná (golpe), titingó (pelea), cachucha, cambumbo, sirimba, sambambé (trifulca) y siripa (patatús). En asuntos de brujería tenemos guanguá, bienbien, bacá, baquiní, papá bocó, burundanga y cuco. Otras palabras de uso común son: abombarse (inflarse), bululú (rebú), caballá y changüí (fácil de hacer), cachimbo, cocorícamo, chichigua, embucharse, musú, añingotarse, muñinga y sica (excrementos). Si tienes que ir muy lejos en el subway vas “a la quimbamba”.

También están los “dominicanismos”, frases o palabras de origen español a las cuales hemos dado un significado diferente. Si la abuela en New York nota que en su apartamento su nieta se sienta junto a un muchacho varias veces sabe que están “haciendo un altar”, y entonces le coloca a ella en su cuello un boisico para evitar el mal de ojo. Se debe asegurar que no es de esos hombres que echan un cubo, ni andan con un lenguaemime, ni macutea, ni es precondio (hipocondríaco), ni que le dan siripas.

Antes de partir el queso (dilucidar) la abuela debe de asegurare, apostando peso a moriqueta, que se trata de un pato macho y que está en la papa, de lo contrario natintole y se le destutana.

Tan solo entonces, y con su mejor remúa podrá el pretendiente colocar su rabo (firma) en el contrato matrimonial.

¿Ecolecúa?

Pero también por el color de su piel y otros rasgos en la diáspora se puede identificar a los dominicanos, aunque a veces surgen equivocaciones. Un dominicano empleado de una tienda cerca de Columbia me contó que saludó a un cliente, exclamando, en español, “buenos días mi sangre”, pero resultó ser Barack Obama, entonces estudiante de derecho en esa universidad.

También me explicaron que se puede apreciar si son dominicanas dos personas que en el subway se dirigen la palabra, una junta a la otra, si tocan con su mano el brazo o partes del cuerpo de la otra. eso no es “proper”, ni “polite” en “los países”.

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