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Cómo terminar con la delincuencia en RD y no “morir en el intento”

Cómo terminar con la delincuencia en RD y no “morir en el intento”
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Arriesgada, por decir lo menos, fue la propuesta del Jefe de la Policía Nacional de sacar a los agentes que trabajan en la seguridad de los funcionarios públicos y lanzarlos a las calles con el fin de “terminar con la delincuencia”. Entre otras cosas, porque generó altas expectativas en la ciudadanía. Nada de malo con eso. El problema está en que superar este flagelo es complejo, porque la solución depende del prisma con que se aborde, por la falta de institucionalidad y porque la agenda la tomó como propia José Armando Polanco Gómez, además de la “realista” respuesta de Franklin Almeyda, de que no hay “control” con esos más de 4 mil agentes.

Sin duda, desde que Polanco Gómez asumió en el cargo pueden visualizarse avances y retrocesos.

Vimos el primer efecto a mediados de año, con una baja en los niveles de temor, lo que pudo deberse a las expectativas generadas por un equipo que parecía más duro y que en lo discursivo lo ha sido. Sin embargo, desde medio año hasta acá la situación ha sido otra: el caos de la delincuencia desborda casi todo el país, con aumento en casi todos los índices, hasta los de linchamiento.

Este mal evidencia que estamos frente a un problema que requiere de manejo político y técnico: en los últimos seis años hemos tenido directores que en promedio duran menos de dos años, en un contexto de poca institucionalidad, a excepción de Rafael Guillermo Guzmán Acosta, quién se salió del “marco” por la gran cantidad de tiempo que estuvo en el cargo y por la altas estadísticas de criminalidad que enfrentó el país, de las más altas de la historia.

Que los ciudadanos perciban una disminución de la delincuencia y que esta percepción sea real, no se logra con recetas mágicas ni en un corto periodo. La delincuencia no sólo disminuye aumentando las detenciones, decomisos y operativos policiales. Debemos hacer como los países que han obtenido mejores resultados: construir una política de Estado, no de gobierno, lo que se logra con una institucionalidad adecuada, integral y equilibrada en sus esfuerzos de control y prevención. Aquí tenemos una gran deuda.

A seis años de ingresado el mensaje del Ejecutivo para crear una nueva institucionalidad, este anhelo se hace más urgente. Necesitamos un organismo con facultades claras para coordinar diferentes sectores; lograr resultados en un mediano plazo y permitir que con cada cambio de gobierno trasciendan los propósitos y estrategias a las miradas políticas de turno.

Una institucionalidad que defina cuál será su sello: centralismo o desarrollo de capacidades locales; diversidad en la oferta programática o estandarización; liderazgo desde Interior o creación de uno nuevo.

Para “terminar con la delincuencia”, lo primero es sincerar que siempre tendremos algún porcentaje de ésta. Es como el desempleo: nunca será cero. Esto no significa quedarnos de brazos cruzados. Hay que avanzar en consensos. Mirar las buenas prácticas y aprender del pasado. Esto no tiene que ver con una “nueva ideología” ni con una oposición 2.0. Debemos ser pragmáticos y finalmente crear una institucionalidad en seguridad que termine con el problema de nuestra época, que, como dijo Winston Churchill, consiste en que “sus hombres no quieren ser útiles, sino importantes”.

Una estrategia de “puertas abiertas”

Los países que han logrado combatir la delincuencia no lo han hecho en el corto plazo, sí en el mediano y largo plazo. Ellos han desarrollado políticas de seguridad, abriendo puertas a la inclusión de jóvenes y a posibilidades de trabajo, además de una fuerte protección a la familia.

Lo que tienen en común las iniciativas exitosas en esta área es que las políticas públicas han sido diseñadas y ejecutadas de manera integral. La preocupación no sólo ha estado en materias de control, como es la vigilancia en las calles y el desarrollo de instituciones que permitan un sistema adecuado de sanciones, sino que también ha habido preocupación en el desarrollo de políticas de prevención, como son las intervenciones tempranas en violencia juvenil. Entendemos que el temor nos hace querer que el ingreso a la cárcel sea una puerta sin retorno, sin embargo, lo que necesitamos es crear puertas que permitan acceder a una adecuada integración social post penitenciaria.

En República Dominicana, si duda, ha habido esfuerzos. Las últimas décadas hemos ampliado la mirada desde el control de la delincuencia hacia el desarrollo de iniciativas destinadas a la prevención y reinserción, sin embargo, no a la rehabilitación…

Esta estrategia, evaluada en el corto plazo, ha fallado en entregar resultados concretos -justamente lo que quiere la ciudadanía-, con una victimización que se mantiene prácticamente estable y con una sensación de temor que continúa.

El actual gobierno está trabajando en una nueva Estrategia Nacional en conjunto con la creación de una nueva institucionalidad –enhorabuena-. Si se juzgara por los hechos (lo que no siempre es una buena aproximación de la realidad), uno pensaría que la estrategia actual va a tener un sesgo en el control. Ejemplo de lo anterior son los recientes anuncios de Intervenciones de Barrios Seguro. Programas de sólo control resuelven el problema de los delincuentes de hoy, pero no de los del mañana. Tampoco podemos esperar al mañana, mientras se sigue cometiendo “un delito cada 15 segundos”.

Como ciudadanos debiéramos exigir que el tema de seguridad pública no sólo se centre en cuántas veces gira una puerta. La delincuencia requiere de una estrategia que aborde este tema de manera global. Esto se logra creando diferentes puertas de acceso a mejores oportunidades de jóvenes vulnerables y a la reinserción de quienes salen de la cárcel, así como políticas inmediatas que permitan detenciones efectivas y vigilancia policial que acreciente la sensación de seguridad… no “pareciera” mucho, pero realmente, nos falta mucho…

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