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Cómo terminó el pleito entre los empresarios y la Gulf+Western

Cómo terminó el pleito entre los empresarios y la Gulf+Western
Bernardo Vega

Bernardo Vega.

El martes pasado, citando documentos norteamericanos, explicamos cómo el embajador Hurwitch había intervenido para limar las asperezas entre empresarios dominicanos y ejecutivos de la Gulf + Western, pues los primeros recelaban las incursiones de la segunda a través de Cofinasa, una empresa financiera, en los negocios de ellos, así como sus planes de construir una planta de cemento. Hurwitch logró en diciembre de 1973 un acuerdo para que la Gulf + Western no expandiera sus actividades. Balaguer prometió tratar el tema en su discurso de febrero de 1974. Pero dos meses después Gulf + Western decide enfrentar a los empresarios.

Según Gulf + Western Alejandro Grullón “quien en una ocasión había tratado de adquirir las tierras de Gulf + Western en La Romana de una manera que Bluhdorn consideró ofensiva” era “el Satanás detrás de los grupos dominicanos que quieren adquirir Cofinasa”. Finalmente Hurwitch logró juntar otra vez a ambos grupos quienes aclararon la situación, pues cada uno había interpretado erróneamente los motivos del otro y se estableció una base para comunicación directa entre ellos.

Hurwitch, quien denominó sus acciones como “operación exorcista” comentó que era interés de la política norteamericana que hubiese colaboración entre los sectores privados norteamericanos y dominicanos, en vez de estar divididos y que cualquier nueva reglas de inversión que surgiesen serían el resultado de una coordinación cercana entre los dos grupos.

Pero en su discurso de febrero Balaguer, a pesar de estar enterado del acuerdo, decidió defender a la Gulf + Western de las críticas de que esta “lleva a cabo una política agresiva que se dirige a adueñarse de áreas industriales en que debe actuar exclusivamente el inversionista nativo”, explicando que  “muchas de esas censuras son injustas, porque la expresión de la empresa a que se alude se haya justificada en gran parte por el hecho de que el capitalista nativo prefiere, muchas veces, mantener sus caudales depositados en bancos extranjeros en vez de arriesgarlos en empresas nuevas que podrían ser de utilidad vital para la economía dominicana. Insisto, en consecuencia, en que, tanto en lo que respecta al caso de la Gulf + Western como al de cualquier otra empresa extranjera, debemos seguir una política de puertas abiertas para permitir mediante ciertas limitaciones, las inversiones de capital extraño en el campo turístico y en el de las exportaciones relacionadas con la agricultura y con la minería”. Balaguer apoyó, pues a la GWA y criticó al empresariado local. Pero la GWA desistió de su proyecto de la planta de cemento y cerró las actividades de Cofinasa.

Esa misma política de limitarse al turismo, zona franca, la caña y la agropecuaria ha sido continuada por la familia Fanjul, la cual adquirió de la Gulf + Western sus inversiones en la República Dominicana hace unos 30 años.

Bluhdorn no solamente ayudó a Balaguer visitando a Nixon para conseguir la cuota azucarera, como explicamos en una entrega anterior, sino que en enero de 1975 se reunió con Balaguer y cuando este último expresó su preocupación sobre cómo mejorar la capacidad de las fuerzas de seguridad dominicanas, Bluhdorn le dijo que era muy amigo del Almirante Gerald Miller, quien se había retirado hacía cuatro años y que podría lograr que este viniese al país y viese al Presidente. Miller visitó La Romana de vacaciones, vio a Balaguer, enfatizando que actuaba puramente en capacidad privada. Balaguer le pidió que evaluara los requerimientos de las fuerzas de seguridad dominicanas. Concluyó que sus principales deficiencias eran movilidad y comunicaciones y que podría adquirirse equipo a un costo moderado, incluyendo helicópteros y radios,  así como aviones A-37. Miller informó a la embajada norteamericana que a su regreso a Washington pensaba reunirse con el Secretario Asistente de Defensa para informarle sobre sus actividades. Mantuvo a la misión del MAAG totalmente informada sobre su visita privada, agregando que aunque era amigo de Bluhdorn no tenía ningún lazo de negocios con Gulf + Western.

Hurwitch se vería obligado a renunciar del gobierno norteamericano por un escándalo de corrupción durante su misión en Santo Domingo que no tuvo nada que ver con Gulf + Western.

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