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Condones y prostitución infantil

Proponen, sin orden ni concierto, la entrega de condones en las escuelas y colegios, dado los resultados indeseados, como la creciente prostitución infantil, generados en los planes y programas aplicados en la prevención de los embarazos y de las enfermedades de transmisión sexual y VIH-SIDA, en preadolescentes y adolescentes.

Mezclan demandas sociales, sanitarias y políticas de distintos orígenes, con ofertas democráticas institucionales de diferentes garantías legales y de salud.  Porque repartir condones en las escuelas requiere, además de un marco legal, de un control social, estatal y familiar ético, que este cultural y cuidadosamente aprendido, y educativamente transmitido, a fin de que, los preadolescentes y adolescentes sean los autores de su propia libertad sexual.

Crece, sin estos controles, la prostitución infantil en Sosua, Jimaní, Cabarete, Boca Chica, Higuey y en todo el gran Santo Domingo, por citar lugares críticos.  Por el descuido de los controles en las políticas estatales y del tercer sector, tanto en los niveles municipales como en las agencias no gubernamentales.

Son indispensables estos controles porque permiten que los jóvenes establezcan la diferencia, entre lo que conocen y sienten sexualmente.  Púes ellos son el foco de conciencia de la actividad sexual, nunca los condones.

Olvidamos que el deseo sexual, en estos jóvenes, se elabora cognitivamente, a partir de sus necesidades sexuales.  Lo que significa que este deseo se aprende, se conoce, o entra, por medio de los sentidos, por lo que ven, sienten, oyen, gustan y huelen.  Con estos valores humanos, nunca con los condones.

Inciden en esta función de aprendizaje: El ambiente, los medios de comunicación, la observación y otros agentes.

Es que nuestros infantes y jóvenes viven en un mundo, donde ven a sus padres, y a ellos mismos, sometidos a grandes empeños y claudicaciones, que les conducen a renunciar, con mucha facilidad, a su condición de actores estelares en los procesos de cambios sociales, para convertirse en autómatas o marionetas del poder político y social.

Optan las autoridades por una postura burocrática fetal, y ante su aburrimiento prefieren resignarse al reparto puro y simple de condones.  Pierden de vista que la prostitución se aprende, pero, peor aún, cuando su esencia es el deseo sexual, que entra en nuestra conciencia sin pedir permiso.  Es este punto donde deberíamos reforzar nuestros deberes morales y nuestras obligaciones democráticas, tanto en lo estatal y social como en lo cívico y familiar.

Confiamos en que las autoridades entiendan la importancia de la inteligencia, en el impulso de la sentimentalización de la vida afectiva de los preadolescentes y adolescentes.  Púes en ellos se producen mecanismos instintivos los cuales decaen según las circunstancias sociales, más se compensan con otros contenidos emocionales, que adquieren preponderancia significativa en sus comportamientos sexuales.

Es esto lo que determina, si seremos glotones o gourmets en la sentimentalización de nuestros deseos sexuales.

Admitamos que nuestras políticas públicas en la prevención y contención de las enfermedades de transmisión sexual, en el embarazo precoz y en la prostitución infantil han fracasado, por culpa de espejismos estratégicos que retroceden, según avanzan las donaciones, las dotaciones y las transferencias fiscales nacionales e internacionales.  Aunque lo cierto es, que los preadolescentes y adolescentes envueltos en la prostitución quieren ser felices, más lo que se les ha hecho difícil, es descubrir lo que les pudiera hacer felices en este esquema de exclusión política, económica y social.

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