Como una experiencia traumática calificó Eleno Olivares la explosión que el pasado martes tomó de sorpresa a sus familiares y vecinos.
Olivares, quien es el propietario del edificio colapsado, dice que llevaba años viviendo con el temor de que ocurriera lo peor, por lo que decidió poner a la venta el terreno que quedó luego de la explosión.
Los afectados dicen estar conformes con la manera en que los representantes de la envasadora se han manejado hasta el momento y continúan recibiendo ayuda de fundaciones y juntas de vecinos de otros sectores.
En la mayoría de las casas aun yacen los escombros y enceres que se dañaron tras la explosión.
Algunos de los afectados continúan hospedados en hoteles, pero esperan que sea a principio de la semana cuando los representantes de Sol Gas les entreguen el dinero para comprar sus ajuares y rentar nuevas viviendas.