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Crisis económica y agitación social marcan el primer "Aid" tras la transición

Crisis económica y agitación social marcan el primer
Crisis económica y agitación social marcan el primer "Aid" tras la transición
Crisis económica.

Crisis económica.

TÚNEZ.- La grave crisis económica y la agitación social en torno al proceso político empañan la primera fiesta del Sacrificio o el “Aid al Adha” que celebran los tunecinos tras darse por cerrada oficialmente la transición el pasado enero.

La estampa nacional es la habitual en estos días: miles de corderos en apriscos levantados en carreteras, calles, plazas y descampados, y miles de personas ajetreadas con bolsas de compra.

Pero el espíritu es pesimista, con bolsas más vacías que en otros años a causa de la galopante inflación, el aumento del paro, el estancamiento de los salarios y el consecuente descenso del poder adquisitivo.

“Si observamos el comportamiento de los consumidores se nota que la crisis existe y es grave, el consumidor compra menos pese a que se prolongan las rebajas”, explica a Efe Wayi Masfudi, experto local en Economía.

“Aunque si nos ceñimos en las cifras macroeconómicas, a escala nacional, y a los números de los ministerios de Finanzas o Comercio, no se nota tanto la crisis. Incluso se habla de leve crecimiento”, agrega.

Analistas y empresarios apuntan al agotamiento del ahorro de las familias y a la negativa incidencia de los dos atentados yihadistas que ha sufrido el país durante 2015, que han hundido uno de sus principales sectores, el turismo, y minado la confianza de los inversores, como principales causas de la situación.

“Durante los años de la transición la gente tenía esperanza y dinero, y seguía con su vida normal. Este año viene ya mucha menos gente a comer. Hay mucha preocupación”, explica la propietaria de un famoso restaurante en la localidad turística de La Marsa.

Las zonas vinculadas al turismo, sector que supone el 7% del PIB, son los que más sufren esta coyuntura.

La ministra del ramo, Salma Elluni, admitió el domingo que Túnez perdió en 2015 un millón de turistas, en torno al 20% de los que recibió en el último año de la transición.

El principal descenso se produjo entre los visitantes europeos, que cayeron un 50%, y en menor medida entre los vecinos del norte de África.

La caída se ha agudizado por la desconfianza de los inversores, algunos de los cuales han comenzado a abandonar el país, como la cadena hotelera española RIU.

La noticia de que la sociedad mallorquina dejará los nueve hoteles que gestionaba cayó esta semana como un jarro de agua fría y fue duramente criticada por un sector en total recesión.

Según cifras del propio Ministerio, cerca de 50.000 personas de las 400.000 empleadas de forma directa en el turismo perderán su trabajo en los próximos meses.

“No solo es el sector turístico, es la industria, la banca, las comunicaciones. Nada funciona y la gente se cansa de promesas”, argumenta Mohamad Salluni, un comerciante al por mayor de Sidi Bu Said.

“Durante un tiempo, la gente ha mantenido la ilusión de cambio de 2011. Ahora empieza a dudar, es mucho más pesimista”, agrega.

Un sentimiento que comienza a ser más evidente entre los jóvenes, muchos de los cuales admiten ya abiertamente que su meta es abandonar el país en busca de unas condiciones de vida que no perciben en el horizonte.

Y es que a la crítica situación económica se une el desconcierto por la incierta evolución política y el alto índice de conflictividad laboral.

Desde que en enero el Gobierno de Habib Essid asumiera el poder y diera así carpetazo al periodo de transición, las huelgas se suceden por todo el territorio.

Primero estallaron en la región meridional minera de Gafsa, hipotecando la exportación de fosfatos -otra de las fuentes de riqueza- y esta semana llegaron al gremio de transportistas, que amenazó con dejar sin combustible el país en vísperas del “Aid”.

Pero también profesores, jueces o funcionarios han recurrido a esta medida de fuerza para lograr mejoras salariales.

Además, la pugna en torno a la llamada ley de reconciliación económica, que propone la amnistía fiscal para quienes se enriquecieron ilegalmente durante la dictadura, y la reinstalación de la ley de emergencia han destapado fantasmas del pasado y recuperado la agitación social.

El Ejecutivo se justifica diciendo que la primera hará aflorar cientos de millones de dólares necesarios para revivir la economía, y que la segunda es una mera medida transitoria obligada por la lucha antiterrorista.

“En Túnez, la situación política influye de forma determinante en la situación económica. Cuando la política no evoluciona, la economía se estanca”, asegura Masfudi.

“Tradicionalmente, el fin de la temporada alta turística marcaba el inicio del año económico. Si el verano salía bien, el año empezaba ágil y febril, lo que no es el caso”, advierte.

Golpeados por un año negro, muchos tunecinos no matarán este año un cordero, cuyo precio oscila entre los 100 y los 250 euros.

“Numerosas familias lo compartirán, y otros solo lo comprarán por piezas” en espera de que el país vuelva a funcionar, apostilla Salluni.

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