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Crisis Griega en momentos clave: un análisis

Crisis Griega en momentos clave: un análisis
Crisis Griega en momentos clave: un análisis
Ministro de economía griego Yanis Varoufakis (izquierda) con Primer Ministro Alexis Tsipras, del partido izquierdista Syriza

Ministro de economía griego Yanis Varoufakis (izquierda) con Primer Ministro Alexis Tsipras, del partido izquierdista Syriza

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Mientras se discute una nueva proposición de tratado entre el gobierno izquierdista Syriza de Grecia y sus acreedores alemanes, europeos y del Fondo Monetario Internacional, en donde ambas partes retoman el debate sobre los términos de pago de la inmensa deuda Griega, y analizan las opciones para un plan de acción para impulsar la economía Griega y reducir la deuda externa con esperanzas de llegar a un acuerdo lo suficientemente sostenible para ambos, las tensiones sobre el futuro del euro, de Europa y de Grecia llegan a su cúspide en lo que promete ser un verano extremadamente frenético para todos los tecnócratas, economistas y políticos europeos.

Syriza es optimista y perseguirá un tratado anti-austeridad que beneficie al pueblo griego y que no conceda el control de la política financiera griega a los acreedores alemanes y europeos y del IMF. El IMF incita a Syriza a que lleguen a un acuerdo rápido y que al tanto, paguen los 300 millones de euros que deben antes del viernes. El presidente griego Prokopis Pavlopoulos, a su vez, incita a los alemanes a que paguen las reparaciones de la segunda guerra mundial mientras el primer ministro griego Alexis Tsipras inicia una recaudación de emergencia con fondos de hospitales y escuelas para poder pagar los 300 millones antes de la fecha límite. El primer ministro de finanzas alemán Wolfgang Schlaübe declara que “no se puede tratar con los griegos,” mientras que diversos acreedores se preparan para un posible incumplimiento de pago y para que no se concrete un acuerdo, lo que significaría probablemente una salida abrupta de Grecia del euro. Todo esto mientras que Merkel no quiere que la molesten en su fin de semana especial alojando a sus amigos del G7 y mientras la expectación arrasa con los medios y altera los mercados internacionales. Sí, ahora todo el mundo está vuelto loco y la cosa está muy complicada.

Es por eso que antes de tratar de hacer sentido de todo este serpentino caos político y económico lleno de conflictos de interés e ideologías contrariadas, es necesario entender un poco del contexto.

Años de insensato gasto público

Luego de unirse oficialmente al euro en el 2001, el gobierno de Grecia empezó a practicar lo que se tornó en una política fiscal irresponsable y desmesurada que llevó al país al endeudamiento tremendo en el que se encuentra ahora.

Ya sea para construir obras públicas o para alojar los juegos olímpicos en el 2004 el caso es que Grecia gastó en inversiones públicas mucho más de lo que recaudaba en impuestos por muchos años. A esto también se le sumó la corrupción masiva y evasión de impuestos que reinaba en el sector público y privado del país por mucho tiempo. Naturalmente, esto causó que el déficit de Grecia se descarrilara fuera de control, por lo que gobierno tras otro, tuvieron que ir tomando préstamos encima de préstamos hasta que la cosa se puso  fea.

No solo eso, pero muchos de estos préstamos no fueron reportados por estos gobiernos.  Querían aparentar a los países europeos que la taza de préstamo de Grecia estaba por debajo del 3% de su Producto Interno Bruto, el límite requerido para todos los países que tienen el euro como moneda.

Cuando se desató la crisis financiera en el 2008, estos préstamos clandestinos salieron a la luz y Grecia no estaba exactamente preparado para las ramificaciones. De acuerdo con un análisis de la BBC, los niveles de deuda en este momento llegaron a ser tan altos que se volvió imposible para el gobierno griego pagarla.

Fue ahí entonces cuando los países europeos, con miedo de que el euro colapsara, empezaron a emitir paquetes de rescate para ayudar a Grecia a pagar a sus acreedores. En 2010, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional emitieron un préstamo de 110 billones de euros a Grecia pero pronto se dieron cuenta que esto no sería suficiente para pagar a los acreedores y entonces emitieron otro paquete de 130 billones de euros. A estas medidas se sumaron ayudas de los acreedores del sector privado, que muy noblemente acordaron en no cobrar casi tres cuartos del dinero que les debía el gobierno griego y de remplazar préstamos viejos con préstamos nuevos con una menor tasa de interés.

A cambió de estos paquetes de rescate, la Unión Europea y el FMI demandaron a Grecia adoptar medidas extremas de austeridad que limitaron estrictamente la inversión pública del gobierno griego e incrementaron substancialmente los impuestos en todos los sectores, para asegurar así que no volviera a darse la tendencia de déficit desmesurado que se había practicado por muchos años en el país.

El problema fue que como el país ya estaba en crisis, estas medidas de austeridad no permitieron que la economía de Grecia se impulsara con inversión del gobierno (que de acuerdo a la teoría Keynesiana, es el factor más importante para salir de una recesión),   lo que imposibilitó la reducción del déficit, lo que llevó a al gobierno griego a que inevitablemente se tuviera que mantener a flote a base de una ayuda económica tras otra para poder pagar sus deudas y poder pagar las pensiones de sus ancianos, el salario de sus empleados, y el seguro de sus ciudadanos.

Así fue la dinámica por los últimos años, los europeos y el FMI emitiendo un montón de paquetes de rescate y préstamos y la economía de Grecia sin dar ningún signo de vida, y con la deuda externa incrementando sin toser hasta los niveles en los que se encuentra ahora: un calamitoso 175% del PIB, que es aproximadamente unos 425 mil punto 6 millones de euros, para ponerlo en perspectiva, casi medio trillón de dólares; y la gente de protesta en protesta.

Pero algunos se preguntaran: pero los Estados Unidos tienen una deuda de 18 trillones de dólares, un 101% del PIB. ¿Cómo es que ellos, al contrario de los griegos, no se encuentran en una situación tan precaria? ¿Al contrario, como es que se encuentran en tal crecimiento económico? La respuesta simplemente es que los Estados Unidos puede permitirse un nivel de deuda tan alto, porque parte de la premisa de que siempre va a haber nueva gente – inversores- dispuestas a comprarle bonos, dispuestas a prestarle dinero a su gobierno, de manera que pueden seguir pagando deudas con dinero conseguido por otras deudas (le pagan al de hoy con el dinero del que le tienen que pagar en tres años). Esto viene porque los Estados Unidos tiene una reputación de crédito muy buena, porque siempre está desarrollando nuevas tecnologías, porque tiene las mejores universidades, y prácticamente, porque la gente confía en los Estados Unidos. Otra cosa es que los Estados Unidos, al igual que la mayoría de países, tiene su propia moneda, de manera que si están en recesión, tienen el poder de bajar la tasa de interés de los préstamos de sus bancos para que la gente tome dinero prestado, y tienen el poder de imprimir dólares, de manera que haya más dinero circulando en el mercado, y de manera que la economía pueda tomar un impulso y salir de la recesión. Grecia no es un país con buen crédito en el que todo el mundo confía en que su inversión será retornada (con mucha razón), y como está en el euro, no tiene control de su propia moneda.

Por estas razones Grecia ha estado atrapada en la austeridad y la recesión, manteniéndose a flote a base de ayudas monetarias y préstamos externos, hasta que el pasado enero del 2015, cuando en contra de todos los pronósticos, el partido izquierdista radical Syriza, que tan solo diez años atrás acaparaba menos de un 4% del apoyo popular de acuerdo a un análisis de The Guardian, ganó las elecciones generales del país e  instituyó su agenda anti-austeridad en los máximas posiciones del gobierno.

Luego de Syriza

Luego de esta gloriosa victoria electoral del partido Syriza, las negociaciones de los pagos de la deuda externa de Grecia han cambiado mucho. El dúo de Alexis Tsipras y el ministro de finanzas Yanis Varoufakis, ambos increíblemente carismáticos, se ha encargado de presentar la más fuerte oposición desde la creación del euro a los bancos y a los alemanes y a sus medidas de austeridad.

Desde enero, en medio de alocadas propuestas de migración masiva, así como propuestas de creación de monedas paralelas al euro que operen solamente en Grecia, la estrategia de negociación del dúo dinámico de Syriza para concretar un posible tratado de pago de la deuda externa, se ha basado en demandar una suavización de las medidas de austeridad que permitan al gobierno griego invertir dinero en el sector público para darle el impulso que tanto necesita la economía, y que se restructuren los actuales términos de pago, para así tener una oportunidad de mantener el déficit controlado, y posiblemente eliminarlo, para evitar así tener que estar siempre recurriendo a nuevos paquetes y préstamos para abastecer la nación.

El arma que han venido usando en las negociaciones es la amenaza de no pagar a ninguno de los acreedores, incumplir con el pago de la deuda, y tener que salir del euro si su gobierno sigue sometido a medidas tan estrictas de austeridad. Aunque esto sería una vía que no convendría necesariamente a ninguna de las partes. A los europeos y el FMI no les convendría pues porque perderían los billones de euros que prestaron a los griegos, y eso podría desatar una crisis financiera que desestabilizaría el euro; y a los griegos no les convendría porque de salirse del euro, su nueva moneda independiente se devaluaría rapidísimo – porque lo primero que tendrían que hacer para salir de esta recesión tan grande es empezar a imprimir dinero, y cuando uno imprime dinero tan rápido sin incrementar la producción al mismo paso, la inflación se dispara, y el valor de la moneda se devalúa internacionalmente – y lo más probable es que nadie quiera prestarles dinero, y esto sería dañino y contra-productivo para el pueblo griego, que ahora apenas se están manteniendo a flote con un 25% de desempleo y sin ningún tipo de estabilidad económica.

No obstante, hay diversos economistas y analistas que señalan que el euro seguiría con vida sin Grecia porque actualmente, cuando ya la mayoría de los países que forman parte del euro se antepusieron a la crisis económica del 2008, los impactos económicos de la salida de Grecia no serían tan graves como para desestabilizar la moneda. Esto le quita uno de sus puntos de ventaja Syriza en las negociaciones

Pero todavía les queda la amenaza de entablar relaciones con la Rusia de Putín, en el caso de salir del Euro, que vería como favorable extender su presencia e influencia en un punto tan estratégico como lo es Grecia, que se encuentra justo dentro de la madriguera de la OTAN en Europa, lo que  naturalmente no sería del agrado de los Estados Unidos que ya han aclamado por muchas vías que es imperativo que Grecia permanezca en el euro y en la Unión Europea.

Y también está el precedente que la salida de Grecia marcaría para otros movimientos anti-euro y anti-Europa que se vienen desarrollando en otros países. Parte de la razón por la cual muchos de estos plutócratas europeos están en contra de Syriza, es porque dejar que un gobierno izquierdista como lo es Syriza tenga éxito, le daría un ejemplo a movimientos como Podemos en España, que también amenazan con oponerse al establecimiento político que aprueba rutinariamente las estrictas medidas de austeridad que limitan las oportunidades de las personas menos favorecidas. El economista Anatole Kaletsky explica en su columna en The Guardian que la coalición del establecimiento europeo compuesta por Alemania, la Comisión Europea y el FMI, están tratando simplemente de ahogar a Syriza en un mar de obstáculos burocráticos para que la economía de Grecia no mejore, y para que el partido pierda popularidad en Grecia, y el movimiento izquierdista pierda fuerza en Europa.

Ahora, viendo el desarrollo de las negociaciones de hoy 3 de junio en Bruselas, lo más probable es que Grecia permanezca en el euro y en la Unión Europea, y que Syriza entable un compromiso con la Comisión Europea que según el Financial Times, no sería exactamente lo que Syriza quisiera en un caso ideal, pero que sería una mejor alternativa a las medidas de austeridad que están actualmente establecidas. Esto por lo menos sería el caso hasta que se haga un referendo en Grecia sobre si las personas quieren permanecer en la Unión Europea. De que se dé el caso que el pueblo griego vote por salirse del euro y de la Unión, se podría ver a Putín viajando a Atenas mucho más a menudo.

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