Santo Domingo.– Hay frases que parecen inofensivas, casi domésticas, pero que en realidad condensan una visión completa del mundo. Una de ellas, muy repetida en conversaciones informales, dice así:
«Hijo, hazte de dinero.
Y si no puedes hacerte de dinero… hazte de dinero.»
Con frecuencia se le atribuye, sin base alguna, a «un judío«, como si esa supuesta procedencia legitimara su contenido. La atribución es falsa.
Frase hazte de dinero y su filosofía subyacente
Pero el problema de fondo no es ese. Lo verdaderamente grave es la filosofía que la frase transmite y normaliza.
No se trata de una exhortación al trabajo honrado ni al esfuerzo responsable.
La frase elimina deliberadamente toda referencia a los medios, a los límites morales y al impacto sobre los demás. El mensaje implícito es claro: el dinero es el fin supremo, y todo lo demás es secundario.
La repetición no es retórica: es imperativa. Funciona como un dogma laico que ordena el comportamiento sin admitir preguntas éticas.
En ese esquema, quien acumula dinero «triunfa», aunque lo haga violando la ley, explotando a otros o dañando al Estado.
El éxito económico se convierte, por sí solo, en certificado de virtud.
Impacto social y cultural de la frase hazte de dinero
Este tipo de consignas prospera especialmente en sociedades donde la institucionalidad es débil y la corrupción se ha normalizado.
Allí sirven como coartadas culturales para justificar la evasión fiscal, el abuso de poder, la trampa y la depredación de lo público. No educan: deforman.
Todas coinciden en un principio esencial: el dinero es un medio; la dignidad humana es el fin.
Cuando ese orden se invierte, no hay progreso real. Hay deterioro ético, cinismo social y pérdida del sentido de bien común. Por eso conviene desmontar estas frases antes de repetirlas.