Santo Domingo.– Danilo Medina tiene derecho a opinar, pero no a pontificar como si nada hubiera pasado.

Antes de describir a la República Dominicana como «un país sin rumbo«, debería explicar con claridad los casos de corrupción que estallaron en su entorno de poder y el costo institucional que dejaron.

Criticar deuda y crecimiento es fácil; rendir cuentas, no tanto.

En democracia, la credibilidad no se decreta: se gana con transparencia, autocrítica y responsabilidad política.