Danilo, más certero; Hipólito, descontrolado

A cuatro semanas de las elecciones presidenciales, el candidato del opositor Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Hipólito Mejía, huele a derrota diseñada en casa. Y el oficialista Danilo Medina a punto de lograr su sueño de ser Presidente.

La decana de las encuestadoras del mercado, Gallup, en su última encuesta de la temporada, acaba de rociar ese indeseable aroma a partir de su trabajo de campo de mediados de este abril: Medina: 50.6 contra un 44.6. Las últimas tres investigaciones de tal firma revelan una tendencia hacia arriba en Medina, y lo contrario en su adversario, con una tasa de rechazo de 26 para el primero y 42 para el segundo.

Seis puntos porcentuales de diferencia equivalen a 300,000 votos, a razón de 50,000 por cada sufragio. Una diferencia imposible de superar, a menos que ocurra un evento de alto impacto, similar a la muerte del líder del Partido Revolucionario Dominicano, José Francisco Peña Gómez, el 10 de mayo de 1998. Suceso que conmovió al electorado y ayudó al mismo Mejía a obtener el 49 por ciento en la primera vuelta de las elecciones del 16 mayo de 2000, y el consiguiente espaldarazo del reformista Joaquín Balaguer para evitar una segunda ronda.

Desde la razón, la citada encuesta electoral, como otras acreditadas, no revela novedad. Solo ha puesto otra vez en blanco y negro lo que estaba a ojos vista de los públicos: Medina ha hecho todo para ganar los comicios del 20 de mayo; Mejía, todo para perder.

El candidato oficialista, de entrada, logró: ganar la convención interna, capear los temporales de resabios, integrar a los desafectos, articular su boleta con la primera dama Margarita Cedeño, reprimir los dolores de 2008 y hacerse acompañar del presidente del partido y de la República, Leonel Fernández; estructurar un poderoso sector externo y una alianza con 12 partidos pequeños, incluido el Reformista Social Cristiano, de Balaguer; sostener un discurso sustancioso y coherente, lejos de los insultos y las descalificaciones; reducir al mínimo los errores; aminorar sus debilidades.

El opositor, en cambio, salió de unas primarias accidentadas, el 6 de marzo de 2011. Desde entonces, las relaciones con su adversario en esa contienda interna, el presidente del partido Miguel Vargas, han ido de mal en peor, de subestimación en subestimación; la rebeldía de los varguistas ha crecido hasta llegar a denunciar ante la justicia a su mano derecha Guido Gómez Mazara por un supuesto plan para matar a Vargas; su asistente, el ex coronel del Ejército, Pepe Goico, ha sido requerido en justicia para que dé cuenta sobre una supuesta conspiración contra el presidente haitiano Michel Martelly; desobedeciendo asesoría, ha acusado de corrupto a Fernández y a su gobierno, y ha anunciado desde la oposición su encarcelamiento, lo cual ha compactado a Gobierno, peledeístas y aliados; no logró una alianza partidaria superior a cinco; su discurso y sus gestos han sido alborotados, incoherentes, cantinflescos, insultantes, arrogantes, racistas y ofensivos; ha menospreciado a los periodistas y a las periodistas, a las domésticas, a la Suprema Corte; y como si fuera poco, ante el Grupo de Comunicaciones Corripio, acaba de hacer una presentación desconcertante, plagada de retruécanos y de yoísmo, polo opuesto a la ofrecida en la víspera por su rival.

Los estrategas de la campaña de Medina se han montado sobre la ola de los recurrentes graves errores del ex Presidente Mejía y una propaganda del miedo que le resalta los desaciertos de su primera gestión gubernamental (2000-2004), para amortiguar el acentuado desencanto  acumulado en la base de la pirámide social y el impacto profundo de la crisis económica, y así remontar ventaja. Han concentrado esfuerzos en las grandes ciudades, determinantes para ganar unas presidenciales.

Con un Danilo más afinado en su puntería y un Hipólito “pifiador” y boleador por naturaleza, el panorama electoral no presentaría cambios de importancia en lo que resta para las elecciones.

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