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Danilo también llora

Pedía el Presidente más energía de la justicia contra los delincuentes, mientras sentía la amargura de ver caer a una de las escoltas de su familia.  Conturbado, olvidaba que la justicia es el último eslabón en la cadena estratégica de la lucha contra la violencia, la delincuencia y la criminalidad, tanto social como la institucional.

Golpeaban el entorno presidencial, y el amarillismo político y militar sacaba lo peor de sí en las declaraciones del Ministro de las Fuerzas Armadas, quien declaraba, que  respondería a los “Ataques” con mayor contundencia.  Como si estuviera en juego la seguridad del Estado.  Le era duro reconocer, una vez más, que su estrategia de seguridad pública producía resultados indeseados.

Insistimos en la desmilitarización de la estrategia de seguridad.  Que la ideología política oficial le quite la presión electoral y el protagonismo de los Ministros, sobre las Fuerzas de Seguridad y los Cuerpos Policiales.  Es que los incumplimientos electorales han minado la competencia de muchos oficiales, tanto en la Policía como en las Fuerzas Armadas.  A tal punto, que existe una gran desconfianza y tirantez entre la alta oficialidad.

Es urgente que sea el Presidente quien Gobierne el desencanto policial y militar, una nebulosa cuyos vientos empiezan a expresarse en forma violenta, por la falta de expresividad dialogante de quienes se sienten burlados.  Recordemos los conatos de indisciplina y de insubordinación de oficiales generales de la policía, en Agosto.

Sigue la rebeldía de policías por asuntos salariales, el desgano por las prestaciones de salud y el aburrimiento porque hasta para un préstamo el policía tiene que esperar cuatro o cinco meses para el desembolso.  La organización policial tiene que definir estas demandas en el corto plazo, con la agravante de que sus miembros se sienten frustrados con sus jefes y con la misma organización, debido a la pérdida de motivación para convertir en deberes y obligaciones las responsabilidades públicas de su trabajo.

Comprendemos el dolor del Presidente frente a este drama, pero pedirle drasticidad a la justicia, con un Ministerio Público y una judicatura cuestionada, insultada y desacreditada por los propios poderes públicos solo sirve a la causa de los criminales y delincuentes.  Presidente, haga valer la fuerza del Estado de Derecho, para que su Consultor Jurídico y su Ministro de Interior dejen de insultar fiscales.

Resulta difícil que una justicia responda con eficacia; cuando es descalificada, a cada minuto, por Asesores, por el Presidente        de la Cámara de Diputados, por el Superintendente de Seguros y por todo el que se entiende con poder para hacerlo, desde su cercanía con una instancia de poder.  Es suficiente con otear los periódicos para ver como se propalan insultos contra el Procurador General, jueces y fiscales desde los cargos públicos.

Pedimos que el Presidente lidere la movilización democrática que le quite a la judicatura y al ministerio público la vocación de instrumento de los intereses y deseos privados del poder político y social, o del poder que muchos funcionarios del estado y los ejecutivos de partidos políticos tienen atados a sus cargos. Recordemos en qué circunstancias de anomalía democrática se constituyeron las altas cortes de la nación.

Salgamos, de una vez y por todas, de este animismo político con la inseguridad que vive la ciudadanía.  Hoy, hablamos de aumento de penas, ayer, de reforma policial y, antes de ayer, de un plan de seguridad ciudadana con militares en la retaguardia.  Todo esto en el contexto de grandes ceremonias como si invocáramos divinidades de otra dimensión.  Cuando lo que hace falta es un mínimo de facultades, una actitud resuelta y una inteligencia eficiente.

Ofrezco mis disculpas por usar esta expresión de Francisco Umbral: “Lo importante es que no se note el esfuerzo”.  Presidente, necesitamos en el plan de seguridad y en toda su estrategia de seguridad una tenacidad lúcida, sin la tozudez, la avaricia por la fama y el alboroto que exhiben sus funcionarios.

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