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De cara al 2016

El cierre del año se presta para reflexiones, no solo sobre lo que ha acontecido en el año que concluye, sino también sobre lo que se proyecta para el nuevo año. Dado que en 2016 se celebrarán elecciones, esta vez simultáneamente en los niveles presidencial, congresual y municipal, algo que no ocurría desde 1994, el tema político ha dominado los análisis y los comentarios sobre las proyecciones para el año que comienza mañana. De hecho, cuando se habla de los aspectos económicos estos se subordinan a la cuestión política, siendo la principal preocupación por parte de los analistas económicos que el gasto público no se vaya a disparar para beneficiar las candidaturas oficiales, lo que, de ocurrir, afectaría el nivel de déficit fiscal y, con ello, el endeudamiento público.

 Muchos de los análisis que se han hecho sobre lo que nos espera en 2016 tienen un tono altamente negativo y a veces hasta catastrófico. Algunas noticias que marcaron las últimas semanas de 2015 –casos de alegada corrupción en el Poder Judicial, conflictos y violencia en algunas demarcaciones en las elecciones internas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la muerte violenta del Alcalde de Santo Domingo Este, Juan de los Santos, entre otros hechos- parecen sobre-determinar la caracterización de la situación política que vive el país con augurios a veces apocalípticos sobre lo que nos espera. No es para desconocer o minimizar estos y otros hechos que generan legítima preocupación y desconfianza, pero tampoco es para presentar una imagen de tierra arrasada, colapso inminente de las instituciones del sistema político o el fin irreversible del sistema democrático, que es lo que uno parece percibir en mucho de lo que se dice y escribe sobre el estado de las cosas en el país.

 Hay retos importantes, por supuesto. Uno concierne a la preocupación válida antes mencionada de que la lógica político-electoral en el contexto de una campaña por la reelección del presidente Danilo Medina afecte las cuentas públicas y terminemos el 2016 con un nivel de déficit fiscal superior al proyectado y esperado. El gobierno debe tomar oportunamente las medidas preventivas y correctivas para que esto no ocurra. De hecho, el que no ocurra puede ser un factor favorable a la candidatura oficial, al menos ante determinados sectores de las clases medias y altas de la sociedad que tienen una mayor comprensión sobre estos temas. Esta meta es perfectamente alcanzable, por lo que corresponde al gobierno probar que los que han hecho pronósticos catastróficos sobre el déficit fiscal en el 2016 están equivocados.

Otro reto importante es una administración electoral eficiente y justa. Nadie puede negar los avances que se han logrado en el país en el fortalecimiento del padrón electoral que lo hace prácticamente impermeable a manipulaciones y fraudes. Esta es una oportunidad también para, al menos, comenzar a reducir el uso de los recursos públicos en la campaña electoral. Este es un tema que surge en todas partes, pues la oposición política siempre se queja de los recursos a disposición de quienes detentan en el poder, aunque en el país se cometen excesos que deben corregirse. No se trata, por ejemplo, de prohibir que el Presidente inaugure obras públicas durante el período electoral como quieren algunos, pero sí que esos eventos no llenen de gente con propósitos electorales usando los vehículos y los fondos de las instituciones públicas.

También está el reto de la competencia político-electoral propiamente hablando. Se ha hablado mucho del supuesto régimen de partido único que ha construido el PLD, o de la supuesta dictadura constitucional; pero la verdad es que las condiciones están dadas para que la oposición juegue su papel y el electorado reciba opciones diferenciadas de las cuales escoger. El principal partido de oposición –Partido Revolucionario Moderno (PRM)- se ha unido a uno de los partidos tradicionales del sistema político –el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC)- y a otros partidos pequeños, por lo que está en perfecta condiciones de hacer una oferta viable al electorado. También están las opciones electorales que representan algunos partidos emergentes, por lo que en un escenario así nadie puede alegar razonablemente que no hay competencia electoral ni alternativas políticas en el país. Todo es cuestión de visión, estrategia, propuestas y acción eficaz por parte de todas las fuerzas políticas que compiten en el escenario electoral.

 No se puede negar el deterioro de la institucionalidad de los partidos políticos dominicanos, incluyendo el PLD que ha sido la organización más organizada y disciplinada del sistema de partidos en República Dominicana. Esto se refleja en el bajo índice de confianza de la población en los partidos políticos, según la encuesta Barómetro de las Américas, lo que plantea un reto enorme de redefinición y renovación para cada uno de ellos a fin de prevenir lo que ha ocurrido en otros países en los que se ha desvertebrado el sistema político por la crisis de los partidos, desde la Venezuela que abrió el camino al chavismo a la Guatemala que eligió presidente al comediante Jimmy Morales. Esta es una tarea compleja y de largo plazo, aunque el proceso electoral de 2016 es una coyuntura clave para poner a prueba a todas las fuerzas políticas del país.

Visto en perspectiva, hay ciertamente razones para la preocupación sobre el estado del sistema político y de los partidos en particular, pero tampoco estamos en un punto inminente de colapso o deterioro total, como algunos persistentemente sugieren. Hay problemas y desafíos enormes, de eso no hay dudas, pero también hay los recursos y los talentos en la clase política para colocarse a la altura de las circunstancias y asumir el compromiso de conducir al país hacia una nueva etapa de estabilidad política, gobernabilidad y mejoría en las instituciones de la democracia.

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