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¿De dónde viene y hacia dónde va Danilo?

Narciso Isa Conde.

Cara nueva en al presidencia de la República siempre crea nuevas expectativas e incluso nuevas ilusiones, sobre todo después de consumadas las grandes frustraciones.

De Leonel Fernández, o sobre Leonel, he escrito y hablado mucho, de Danilo Medina no tanto.

Esta vez, sin desistir del optimismo de la voluntad por otra vía, me inclino por el escepticismo total cuando pienso que el ejercicio de gobierno del nuevo mandatario, su presente y su futuro, no pueden separarse ni de su pasado ni de los compromisos contraídos; muchos menos de los intereses y las bases sociales y políticas del personaje, salvo que pueda pensarse en una ruptura o discontinuidad que lo separe radicalmente de esa realidad, lo que es totalmente ilusorio.

Pacto con Balaguer y nueva corrupción de estado

Danilo Medina, desde el pragramatismo que lo caracteriza, fue uno de los artífices de la alianza con Balaguer y uno de los canales receptores del financiamiento y del ejercicio tramposo del poder balaguerista, que en 1996 llevó a Leonel Fernández y al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) al gobierno.

Igual participó en los mecanismos diseñados en el cuatrienio 1996-2000 para crear un sistema de corrupción de Estado a favor del PLD y, en consecuencia, de una parte sus dirigentes.

En ese contexto, un poco mas tarde, usó el Estado corrompido para junto a Leonel aplastar la pre-candidatura presidencial en auge de Jaime David Fernández Mirabal, colocándose de paso al frente de la propuesta electoral peledeísta en las elecciones del 2000.

Ciertamente Danilo usó el Estado en interés de imponerse sobre su contrincante, para a continuación recibir el castigo de ese mismo Estado cuando Leonel decidió bajarle la parada durante la competencia electoral que finalmente ganó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) con Hipólito Mejía de candidato.

Danilo todavía no repuesto de ese golpe bajo- optó por replegarse en el 2004, resignándose a la inevitable re-postulación de Leonel Fernández.

Entonces se preparó para competir en el 2008 y de nuevo le fue mal: “el Estado (con Leonel a la cabeza y en tren de reelección) lo aplastó”, según sus propias palabras.

Competición y Contubernios

El resentimiento potenció la lucha interna por espacios de  poder en las estructuras partidistas y estatales, con la ventaja común que en el PLD, a diferencia del PRD, sus facciones tienen un aguzado sentido corporativo que le permite actuar convergentemente contra los enemigos y adversarios externos a la organización, aun en medio de agudas disputas internas.

La facciones leonelista y danilista conservaron así el “espíritu de partido” que le posibilitó competir soterradamente, al tiempo de pactar cuando el interés general se lo exigió. Y Danilo se tragó sus resentimientos por varios años hasta que volvió a la carga en un contexto más favorable a sus aspiraciones, dadas las dificultades insalvables que terminaron por imposibilitar la re-postulación de Leonel para los comicios del 2012.

Danilo Medina logró ventajas sobre los demás aspirantes, incluida la “primera dama”, y venció internadamente para luego pactar con la facción leonelista en interés de volcar a su favor -y contra el PRD Hipólito- todo el poder corruptor y manipulador del Estado que antes lo derrotó.

Margarita Cedeño de Fernández en la vice-presidencia de la República es la punta mas visible de los resultados ese pacto espurio. Pero no solo: la composición del gabinete de Medina y otros nombramientos importante también revelan el cruce entre las dos facciones, la repetición de fórmulas viciadas y la competencia entre sus dos principales dirigentes por ganarse a los/as facciosos/as, independientemente de la degradación moral que puedan exhibir.

Pelea, contubernios y recurrencia a las maniobras balaguerianas, van de la mano en este nuevo periodo peledeísta.

Pelea y ejercicio del poder sin principios

Pero la pelea no fue –ni es- de principios ni en torno a programas. Los contubernios menos aun. Las ejecutorias, por tanto, tendrán las mismas o parecidas carencias, y otras más por la crisis acumulada.

Danilo volvió a reencontrarse con Ladronel y los suyos para emplear contra la amenazante candidatura de Hipólito Mejía-PRD y el enorme sentimiento oposicionista, el rol perverso del Estado que él mismo criticó. Y para usarlo sin el menor escrúpulo y con un amplio despliegue de recursos, poder, trampas y malas artes.

Las prédicas programáticas repetitivas “al estilo pacoredo” y la improvisada recurrencia a promesas anti-corrupción no van -ni irán- mas allá de poses y recursos diversionistas, mientras en medio de su campaña electoral y después el Estado corruptor siguió usándose por ambas partes como patrimonio del PLD y sus grupos satélites, para mediarte clientelismo el cubo, soborno, despliegue de fuerza, extorsión política, y fraude…primero arrebatarte la victoria al candidato contrario en unos comicios plagados de suciedades y, luego, repartir las funciones públicas al viejo estilo y a favor, en muchos casos, de políticos ya desacreditados.

Por la tercera vez Danilo Medina fue socio, cómplice, Partners de las mismas prácticas que Leonel empleó en su contra en el 2008.

En esas tres ocasiones no primaron los escrúpulos, sino el pragmatismo amoral. Y es que Danilo Medina fue de los primeros altos dirigentes del PLD en optar por esa cuestionable ruta política.

Recuerdo su rol junto a Norge Botello y Euclides Gutiérrez a raíz del fraude a Juan Bosch en las elecciones de 1990 y meses después: fueron piezas claves de la claudicación, del progresivo pacto soterrado con el balaguerismo, de las discretas andanzas con el “Tío Guaroa” (Guaroa Liranzo) para el financiamiento del PLD a través de asignaciones privilegiadas a ayuntamientos, síndicos y regidores, a legisladores y a la presidencia de la Cámara de Diputados, de la cual, primero Botello, y luego el propio Danilo, llegaron a ser presidentes.

Todo eso se coronó abiertamente con el llamado “Frente Patriótico” y el abrazo impúdico con Balaguer, sus corruptos cortesanos y sus sicarios.

Danilo aprendió temprano a tomarse sin eructar y sin inmutarse todo tipo de tizanas de tachuelas y de infusiones en aguas contaminadas. Se “curtió” en esos menesteres y eso lo ha servido para llegar a la presidencia de la República en el contexto de la turbia política predominante.

Adornos programáticos

Idearse, con asesoría brasileña, fórmulas mercadológicas aparentemente distantes, pero realmente incapaces de cuestionar las raíces del desacreditado modelo neoliberal (con partidocracia corrompida incluida), necesitó de envolturas perfumadas, papel de regalo, celofán, lacitos y adornos. Ese era un imperativo de la coyuntura.

Fínjanse, que aunque ciertamente la propuesta del “nuevo modelo” vendido por Danilo Medina en el mercado electoral, fue la más detallada y la de mayores aportes  tecnocráticos (lo que se explica por el impacto histórico del PLD en las capas medios profesionales y su prolongado ejercicio de Estado), las diferencias esenciales entre los discursos y programas de uno u otro candidato resultaron casi imperceptibles.

Observen, por ejemplo, que todos se comprometieron con el 4% del PBI para la educación (que ya Leonel había enarbolado y convertido en ley para incumplirla), debido a que a esas alturas no hacerlo tenía un sensible costo electoral.

Debemos recordar que en casi todos los procesos electorales han aparecido partidos y candidatos enarbolando políticas seudo-desarrollistas, reformas, planes y metas sociales que luego desechan, subordinándose a la impronta de la realidad neoliberal o, a lo sumo, procurando hacerlo con un estilo más “Light”.

Pero observen también que después de lograda la hegemónica neoliberal y del modelo correspondiente, ese “desarrollismo” y esa demagogia social electoralista se cuida mucho de no chocar con los pilares básicos de esa estrategia neo-conservadora y del tipo de globalización impuesta por la gran burguesía trasnacional y sus socios locales: privatizaciones, desregulaciones laborales, libre mercado, competitividad sin límites, desprotección arancelaria, libre flujo del capital transnacional, pago forzado de la deuda externa, tutela del FMI y el BM, pérdida de soberanía judicial, policial, militar, intervención creciente de las grandes potencias y apropiación de recursos y posiciones territoriales claves.

Por eso en la campaña y ante la Asamblea Nacional Danilo Medina prefirió hablar de metas, planes sociales, programas asistencialitas… y no de transformaciones y/o desmonte del modelo en crisis; optó por hablar de pactos y no de desplazamientos de hegemonías clasistas locales y supranacionales; mientras acepta y elogia la Constitución vigente y respalda la ley sobre estrategia nacional de desarrollo, bases institucionales y jurídicas de la continuidad del capitalismo neoliberal y de la seudo-democracia representativa, devenida en dictadura constitucional pelediana en este país.

Es un “nuevo modelo” virtual superpuesto al real, un seudo-desarrollismo y un discurso antipobreza sin fundamento, demagógico, electoralista.

Y no es extraña esa conducta. Danilo Medina nunca enfrentó la estrategia neoliberal desplegada por Ladronel ni la galopante corrupción de la cúpula de su partido en el ejercicio de las políticas públicas, jamás protestó contra el reparto oneroso del erario y del patrimonio nacional vía privatizaciones, corrupción, tráfico de influencia y concesiones onerosas. Incluso todavía guarda silencio respecto a las expresiones concretas de esa realidad.

¿Qué podría entonces llevarnos a pensar que gobernando con las mismas fuerzas de sustentación, con los mismos compromisos con el bloque dominante,  procederá de manera diferente en lo fundamental?

De entrada comenzó más bien a trillar el mismo camino cenagoso en medio de una crisis mayor y de una quiebra financiera del Estado que no se atreve a develar para no afectar a sus responsables y beneficiarios, y para no poner sobre el tapete sus complicidades durante el desfonde provocado por el costo de su dolosa campaña electoral y no remover las intenciones de protección de graves delitos de Estado a través de los recientes nombramientos y confirmaciones de cargos contenidos en sus primeros decretos.

Lectura de los nombramientos

Los nombramientos, plagados de corrupción, neoliberalismo, reparto de tradicionales, impunidad…  no deben sorprendernos.

Tampoco ser objeto de análisis justificadores o “explicaciones tácticas” al margen de su real significado.

Si Danilo hizo una campaña personalizada, por qué extrañarse cuando comienza por montar un primer “consejo de gobierno”, acompañado de una escolta que no reparó en atropellar e insultar a la gente en su provincia natal San Juan de la Maguana, junto Félix Bautista e imitando “al Jefe” en aquello de “salve San Cristóbal”.

No veo todavía las señales de que su competencia con Leonel esté liberada de la imitación, cada uno a su manera, de Balaguer; aunque de seguro habrá otros consejos para maquillar el continuismo, corregir entuertos menores y anunciar planes secundarios simpáticos.

Pero cuando Danilo nombra en cargos altos a Euclides Gutiérrez, Alejandrina Germán, Carlos Morales Troncoso, NG Cortiña, Simón Lizardo, Felucho Jiménez, Temístocles Montás… está dando una señal muy clara de su visión corporativa peledeísta y de su manera de concebir la competencia con Leonel por espacio de poder en el partido y en el Estado, siempre al margen de la moral y de lo programático.

Significado parecido tienen los nombramientos y confirmaciones de los cabecillas de los grupos satélites en diversas funciones públicas. Y peor lectura hay que darle a la decisión de poner al frente del gabinete social a la esposa de Leonel.

Cuando silencia la recolonización neoliberal en boga y el saqueo mortal de las mega-mineras, muestra su alma de gobernador de colonia.

Cuando habla de “nueva policía” y deja a Polanco Gómez, tutor del criminal “La Soga”, indica el  valor de sus palabras.

Claro que no podrían faltar las designaciones “bonsái”, las de aquellos que dentro del descrédito general dan cierto brillo y generan comentarios favorables. Paso así cuando Ladronel se inició como presidente. Unos terminan contaminándose y otros renunciando.

Prefiero equivocarme hablando en estos términos, pero no hacer el papel de tonto o de oportunista. Perdónenme la sinceridad. Ojala fallar en el pronóstico.

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