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De dueño de burdeles a candidato estrella de la oposición tailandesa

De dueño de burdeles a candidato estrella de la oposición tailandesa
De dueño de burdeles a candidato estrella de la oposición tailandesa

Bangkok Chuvit Kamolvisit

Bangkok.- El ex magnate de la industria del sexo en Bangkok Chuvit Kamolvisit es uno de los candidatos estrella de la campaña electoral que habría sido anodina sin su pintoresca campaña contra la corrupción, que eluden citar otros partidos de Tailandia.

En lugar de tratar de ocultar su pasado, Chuvit reconoce que el negocio de los prostíbulos le permitió amasar mucho dinero, más que suficiente para financiar la campaña nacional de su partido y conocer a fondo los entresijos de la corrupción policial.

«Mis aspiraciones no son ganar las elecciones sino formar parte de la oposición para controlar al Gobierno y luchar contra la corrupción», explica a Efe este político a punto de cumplir 50 años.

Uno de los eslóganes de su partido, Rak Prathet Thai («Ama Tailandia»), que como casi todos tienen nombres de corte patriótico, no deja lugar a equívocos: «Quiero estar en la oposición para luchar contra la corrupción».

En los carteles electorales del partido, este popular personaje adopta poses teatrales, con el ceño fruncido y manos en la cabeza o junto a su perro, para expresar en clave de humor la desesperación ciudadana ante la corrupción y las políticas fallidas de las mayores formaciones.

Tras cursar estudios universitarios y un matrimonio fallido en Estados Unidos, Chuvit regresó en los años noventa a Bangkok para probar suerte, en un principio en el lucrativo sector del ocio, aunque después supo que se ganaba más dinero con los burdeles.

Con el paso de los año creó una cadena de enormes complejos camuflados con la etiqueta de masajes de lujo donde las chicas ofrecían servicios sexuales tras un baño de espuma, una actividad ilegal consentida por la Policía, se dice que a cambio de sobornos.

Aunque no todos le creen, este personaje que para unos encarna como nadie la figura del explotador de mujeres, asegura que se deshizo de todos sus locales de alterne tras el escándalo que llevó a que diera con sus huesos en la cárcel, en la que permaneció cerca de un mes.

En venganza, Chuvit reveló los sobornos millonarios que había pagado a la Policía durante diez años para que hicieran la vista gorda ante las actividades sexuales ilegales en sus locales, a los que ciertos agentes con poder acudían con regularidad para cobrar en especias.

Los problemas comenzaron cuando en 2003 el empresario contrató a cientos de personas provistas de maquinaría pesada, que en una madrugada demolieron todos los locales levantados en una zona central de Bangkok y sobre un terreno de gran valor que desde hacía años tenía arrendado a particulares.

La demolición asombró a los arrendatarios cuando por la mañana acudieron a sus negocios, organizaron una protesta y presentaron una denuncia ante un tribunal.

Chuvit cuenta que se negó a pagar la exorbitante suma que la Policía pidió por no detenerle.

Los vericuetos de la justicia tailandesa jugaron a su favor, fue absuelto, pero tuvo que despedirse para siempre de su proyecto de construir un gran hotel y ceder el terreno para hacer un parque que hoy lleva su nombre.

«Los sobornos y la corrupción están muy arraigados en la sociedad tailandesa por una tradición de favores y padrinazgo de las autoridades, a la que hay que complacer continuamente» explica Chuvit.

El candidato asegura que, tras aquella experiencia, decidió vender los negocios de masajes y ahora sólo dirige un hotel de la capital, además de perseguir sus ambiciones políticas.

De carácter campechano y con un sentido de humor irreverente, Chuvit aborda los asuntos espinosos sin ambages, un estilo directo poco común entre los políticos tailandeses, propensos a la ambigüedad y las ceremonias.

«El sexo no es malo, yo diría que lo malo es que no haya sexo», espeta el antiguo proxeneta, sentado en la sede de su partido, junto al parque «Chuvit Garden».

En un país donde la prostitución es ilegal pero se ejerce abiertamente y atrae a legiones de tailandeses y extranjeros de medio mundo, Chuvit califica de hipocresía la actitud de las autoridades.

«¿Cómo van a resolver un problema si niegan que existe? Yo estuve en el negocio y entiendo lo que ocurre. Si son ilegales, no pagan impuestos y, sin esto, no tienen derecho a seguridad social y la Policía se aprovecha para pedir sobornos», explica.

Durante la campaña electoral que precede a los comicios del próximo 3 de julio, los partidos desgranan más eslóganes populistas que programas políticos y se valen de celebridades de la farándula o del deporte para atraer e voto.

Chuvit, que se presentó en elecciones de 2005 con una foto en la que aparecía compartiendo con chicas en bikini un baño en un jacuzzi lleno de espuma, apela en esta campaña al sentido del humor de los electores para hacerse con al menos uno de los escaños del Parlamento.

En 2004 y 2008, se postuló sin éxito a gobernador de Bangkok y en 2005 ganó el escaño en la Cámara Baja, aunque sólo pudo ocuparlo un año a causa del golpe de Estado contra el entonces primer ministro, Thaksin Shinawatra.

Ahora, aspira a convertirse en el látigo parlamentario del próximo primer ministro: el candidato del gobernante Partido Demócrata, Abhisit Vejjajiva, o la aspirante opositora Yingluk Shinawatra, hermana del depuesto mandatario.

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