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De león suelto a mono amarrado

De león suelto a mono amarrado
Mario Rivadulla

Si antes de comenzar el juego su contrario cambia las reglas en su beneficio, sin contar con usted; si, valiéndose de todo tipo de artimañas, impide la participación de varios de sus mejores jugadores obligando a dejar vacías las posiciones que ocupan; si todos los umpires los designa entre los miembros de su equipo; si el anotador del encuentro es seleccionado de igual manera; si impide que los periodistas entren al estadio a presenciar el desarrollo del juego para hacer sus reseñas, y finalmente este se lleva a cabo disponiendo de nueve jugadores en el play frente a solo cinco de usted, entonces no hay que esforzar mucho la imaginación para pronosticar cual será el inevitable resultado.

Tal es lo que acaba de ocurrir en Venezuela, con la reciente farsa electoral montada por el gobierno de Nicolás Maduro, que a la búsqueda infructuosa y desesperada de recobrar su perdida legitimidad, ha apelado a todo género de arbitrariedades y acciones ilegales. Estas van desde tener a su servicio a la genuflexa y obediente presidenta del Consejo Electoral hasta impedir que pudieran postularse los dos principales líderes opositores, Leopoldo López, cumpliendo bajo prisión domiciliara una injusta condena a prisión en una farsa de juicio plagado de todo género de irregularidades y Hernán Capriles, quien a su vez, sufre prohibición de aspirar a un cargo público por un supuesto acto de corrupción no probado.

Ambos son víctimas políticas de un gobierno que paradójicamente está plagado de funcionarios corruptos, sobre un buen número de los cuales pesan ominosas acusaciones de ser fichas importantes en el narcotráfico, liderando carteles o fuertemente vinculados a estos, con multimillonarios bienes y cuentas en banco extranjeros, incluyendo los propios Estados Unidos, combatido enemigo político y atractivo paraíso financiero…hasta las recientes disposiciones de bloqueo de los mismos.

Más que sumar habría que multiplicar la cantidad de acciones llevadas a cabo por Maduro y sus compinches para pretender exhibir un apoyo popular del que a todas luces carece en este vergonzoso simulacro de elecciones, repudiado por la Unión Europa y por todos los gobiernos de que no están afectados por el condicionamiento político determinado por PETROCARIBE, sin dudas un inteligente proyecto político del finado Hugo Chávez para proyectar su imagen y su influencia en el plano regional.

Es la continuación de un proceso encaminado a hurtar la voluntad popular, que dio inicio cuando el chavismo, representado por el inepto Maduro, entró en una etapa de caída libre que se reflejó en las urnas en las elecciones celebradas para elegir los miembros de la Asamblea Nacional, con una aplastante victoria para la oposición. En franca violación a las normas constitucionales, el gobierno comenzó por rechazar sus resoluciones hasta terminar por desconocer su autoridad, al tiempo de sabotear todos los intentos de mediación con la finalidad de prolongar las negociaciones hasta dejar vencer el plazo revocatorio que le hubiese obligado a abandonar el Palacio de Miraflores y convocar a elecciones anticipadas. Todo este vergonzoso itinerario ha estado acompañado de la más cruda violencia, que ha costado la vida a más de un centenar de venezolanos, en su mayoría jóvenes, que haciendo uso del legítimo derecho a la protesta, manifestaban en las calles su descontento y repudio al gobierno.

En el intermedio, no vaciló en violar las fechas establecidas para las de gobernadores, suspendiendo las mismas a fin de evitar una apabullante y vergonzosa derrota para, en cambio, dar vida, en grosero desconocimiento de la propia Constitución chavista, al descarado invento de una Constituyente “popular”, que ahora quiere obligar a jurar, bajo amenaza de destitución, a los cinco gobernadores opositores que triunfaron en sus respectivos estados en desafío y a despecho de todas las presiones y tramposas maquinaciones a que se vieron sometidos.

Todo este largo rosario de ilegalidades ha estado acompañado de un prolongado calvario para el pueblo venezolano afectado por graves carestías esenciales, víctima de la insostenible y ruinosa política clientelista seguida por el chavismo.

Ha vuelto a quedar sumida en pobreza la mayoría de quienes fueron favorecidos por la misma, donde los fabulosos ingresos producidos por el petróleo en una década de muy elevados precios, fueron dispendiados en una absurda réplica del fracasado modelo cubano, en vez de ser utilizados de manera inteligente para crear una economía diversificada y sostenible, generadora de empleos, única forma efectiva de combatir la pobreza, mediante el desarrollo de todo el gran potencial de riqueza de una Venezuela generosamente favorecida por la Naturaleza.

Sin excusar la falta de visión y responsabilidad de la fraccionada oposición agrupada en la MUD, donde al parecer criterios personales dispares, posiblemente influidos por ambiciones personales, se impuso sobre la visión y la necesidad de haber adoptado una posición única, ya fuera desafiar al gobierno en el marco de su propia farsa llamando a todo el pueblo a votar, o rechazarla de plano convocando de nuevo a la protesta y olvidando el principio elemental de que la unidad hace la fuerza. Por las condiciones en que se desarrolló previo, durante y pos, el evento no merece otro calificativo que el de “pelea de león suelto a mono amarrado.” Y no cuesta trabajo identificar a quien le correspondió cada papel en esta dolorosa tragi-comedia que presume para el hermano pueblo bolivariano un futuro cada vez más sombrío.

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