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De “serendipias” y otros hallazgos

José Báez Guerrero.

Hay que tener cuidado qué uno quiere o desea, pues una vieja maldición –creo que judía- reza: “Ojalá se den todos tus sueños”. Recordé esto al meditar acerca de qué deben soñar los padres para sus hijos, tras ver la prensa del jueves. El abogado quizás quiera que su vástago estudie leyes; el comerciante talvez desee que un hijo siga sus negocios. Pero, ¿y si el ejemplo que se le ha dado a los hijos es haberse dedicado a burlar la ley?

La meditación da jaqueca. Y para escapar del “gancho” de entrar en escabrosos detalles, la memoria viene en auxilio, haciendo estallar en la consciencia dos versos de Guillaume de Aquitania: “Je ferai un vers sur le pur néant, /Ne será sur moi ni sur personne”,  que quiere decir: “Haré un verso sobre la pura nada, /No tratará de mí ni de otra gente”.

Guillermo de Aquitania nació en 1071 y murió en 1126. Es uno de los primeros poetas de las literaturas románicas. Fue el noble más rico de Francia, con más tierras que el propio rey, y fue un “gozón”, autocalificado como “trinchador de donnas’, cuya concupiscencia le valió ser excomulgado dos veces pese a ser un gran cruzado. Desarrolló el “trobadorismo”, práctica poética de cantores que recorrían el país ejerciendo su arte. Combatió a los moros en Valencia.

¿Será por lo de “trinchador”, tan parecido a “pinchador”, que “la loca de la casa” trajo halado por los pelos a Guillermo de Aquitania? No sé, pero así como hay días para caldos, hay artículos que es mejor soñarlos…

Y precisamente ayer soñé que los estadounidenses, en un gesto de arrogancia cósmica o de “realpolitik” estelar, habían dado nombres a todas las regiones extraterrestres, incluyendo un “Sea of Serendipity”, o Mar de la Serendipitud. En la Luna no aparece ningún “Mar de la Serendipitud”, aunque sí uno de la Serenidad. La voz inglesa “serendipity”, todavía, carece de traducción, aunque se usa “serendipia” sin estar en el Diccionario, y significa según Webster’s “la facultad o fenómeno de encontrar cosas valiosas o amenas sin estar buscándolas”, o descubrir algo afortunado cuando se buscaba otra cosa. Los héroes de una fábula persa, “Los Tres Príncipes de Serendip”, poseían esta facultad. Serendip era para los iraníes antiguos Ceilán, la actual Sri Lanka.

¡Se irán unos de Najayo mientras otros llegan! ¡Ah Guillaume!

José Báez Guerrero

[email protected]

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