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“Decido o no Aceptar la Ofensa”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

Ciertamente que una ofensa es igual que una herida, a uno se le olvida que le sucedió, le pasa el dolor, pero la cicatriz queda para siempre

Las palabras que proferimos cuando ofendemos, aunque quisiéramos no podemos recogerlas todas, yo comparo esto como cuando uno derrama un vaso de agua en el suelo, no importa le servilleta o el papel que utilicemos para recoger esa agua que derramamos, cuando la ponemos toda de nuevo en el vaso de agua nunca vamos a tener la misma cantidad en el mismo, igual pasa con una ofensa, no importa cuánto tratemos por remediar lo sucedido, nunca será lo mismo que antes, pero depende de nosotros. No podemos olvidarnos que somos nosotros los que decidimos si aceptar o no la crítica destructiva, la ofensa y la burla. Si la aceptamos, dejara huellas en nosotros, si no, pasara como muchas otras cosas en nuestras vidas, desapercibida.

Les cuento una historia que hace un tiempo llego a mis manos y lleva por título “La Ofensa”. “Cuentan que había una vez un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Al terminar la clase de fin de año, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo: Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de ver su cara aburrida. El alumno estaba erguido, con semblante desafiante, en espera de otra respuesta airada de su profesor. Pero ante su asombro, él le respondió: ¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes? Por supuesto que no respondió el alumno algo sorprendido. Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o decirme algo desagradable, está ofreciéndome algo. En tu caso es una emoción de rabia y rencor que puedo decidir no aceptar. Si yo me siento ofendido o me pongo furioso estaré aceptando tu regalo, y yo prefiero regalarme mi serenidad. Amigo, prosiguió el profesor, la vida nos da la oportunidad de amargarnos o de ser felices. Tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo porque no me interesa. Yo no puedo controlar lo que hay en tu corazón, pero de mi depende lo que yo cargo en el mío”

Cada día, en todo momento, nosotros podemos escoger qué emociones o sentimientos queremos poner dentro de nosotros, y lo que elijamos lo tendremos hasta que decidamos cambiarlo, porque es tan grande la libertad que nos da Dios que hasta tenemos la opción de amargarnos o de ser felices. Dice el libro de los Proverbios, Capitulo 15, Versículo 1: “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego”

Cuántas veces hemos aceptado la ofensa ajena y hemos respondido en su mismo idioma, eso es lo que la mayoría quiere, pero no olvidemos que somos nosotros quienes decidimos aceptarla o no. Mantén siempre el control de tus emociones, no guardemos amargura en nuestro corazón contra otro y respondamos siempre con gracia, que de nuestra fuente salga siempre agua dulce, así como lo hizo Cristo.

Termino con este pedazo del Libro del Deuteronomio, Capitulo 32, Versículo 4, que dice así: “El Señor es tu poderoso defensor, perfecto y justo en todas sus obras. Tu Dios es fiel y verdadero. El es justo y recto”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

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