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Del efecto neutro de los prestamos al eufemismo del ministro de Hacienda

Del efecto neutro de los prestamos al eufemismo del ministro de Hacienda
Fernando Sibilio

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Experimentaremos con el nihilismo como única vía ontológica, para comprender la desconstrucción metafísica que contiene la expresividad de los funcionarios públicos. Está más allá del sujeto, en el caso del Ministerio de Hacienda, cuando dice, que un préstamo por más de US$250 millones de dólares, con el Fondo Monetario Internacional, tendrá un efecto neutro.

Aceptemos que todos estos préstamos son tiempo, serían entonces, pasar, madurar, envejecer, declinar y olvidar. Eso pensaron Irlanda, Grecia, Portugal y España, cuando se envolvían en un idilio monetario y financiero con los bancos y los organismos internacionales. Pensaron que el tiempo vencería la deuda, pero, vino el Fondo Monetario Internacional, el mismo que alaba y justifica diplomáticamente sus operaciones de venderle dinero a los funcionarios dominicanos, en nombre del Estado.

Decir que el reclamo al cumplimiento de la ley de presupuesto es una acción politiquera, se corresponde con un acto de deslealtad y de irresponsabilidad democrática, porque el Ministro de Hacienda carece de argumentos y de pedagogía política en materia de deuda, ya que tiene las peores calificaciones como funcionario político del Gobierno. Resulta impresentable el maridaje que tiene el efecto neutro en la lenguarada de este político, frente a las letras multimillonarias emitidas por el Banco Central, en la expansión multimillonaria de bonos, que para pagos de deudas atrasadas ha entregado ese mismo Ministro, y el uso dado a los mas de US$1,750 millones de dólares que acumulamos por el protocolo de Petrocaribe, cuyo tope pudiera quedar afectado por las alzas en los precios del petróleo.

Responde a una conducta política y a un acto de demagogia incalificable, recurrir al alegato de falso debate en el pedido del cumplimiento a una ley, cuando la indexación de los combustibles se aplica irresponsable y convenientemente, para perjudicar a los ciudadanos. Son argumentos de un Gobierno despotenciado que hoy entiende a regañadientes, que también nace, discurre y muere.

Siguen, Cuesta abajo en su rodada, las ilusiones esotéricas de una administración pública, cuyas angustias políticas siempre están a la vuelta de la esquina, por ponerlas bien lejos. Que sus efectos neutros los fijaremos en el puntuaje de préstamos por US$107 millones de dólares mensuales, que experimentó el Gobierno entre Junio y Septiembre. Sin contar el monto del sobregiro en el Banco de Reservas, en ese mismo período, anomalía fiscal que hoy tiene a ese banco con los pagos de nóminas, gastos personales y la cuenta de administración, en condición diferida. Cosa que ha provocado el alboroto financiero internacional y la gran decepción que sienten los dominicanos, en cuanto a su inconformidad con la política económica de su Gobierno.

Pedir auxilio, si se dispone de fuerza, cuando se está en lo más profundo del abismo, es un procedimiento ético y lógico, más aún, con las oportunidades que ofrecen los organismos internacionales. Las claves del éxito económico las descubriremos en la estrategia que apliquemos para negociar con la adversidad económica, monetaria o financiera que tenga la nación. Sin una estrategia inteligente de negociación y sin una ética de la vida gubernamental, que nos obliguen a reducir los gastos, al ahorro y a subir los ingresos, nuestro destino será sin remedios la insolvencia.

Gana la batalla económica a los empresarios y a los industriales del país, la espontaneidad del robot funcionario que, con su inteligencia, nunca ha construido una empresa ni un almacén de cachivaches, porque ese burócrata es incapaz de organizar sus ocurrencias, si es que acaso las tiene. Veamos los efectos neutros relevantes que ofrecen las emisiones de bonos corporativos por más de RD$6,000 millones de pesos, en el período Junio-Septiembre, a la cual tuvieron que recurrir las empresas para sobrevivir. Como el 80% de los hoteles todo incluido declaran pérdidas y balance rojo, en sus operaciones de los últimos cinco años.

Olvidar a los sujetos de la economía al momento de planificar un presupuesto nacional, es una tragedia sociológica y filosófica. Pero la podemos palpar en el retiro de la empresa petrolera británica MD-Oil, abandonó el país decepcionada por las dificultades burocráticas que encontró para desarrollar el proceso de exploración en el Este del país. Otro olvido del sujeto económico es la falta de apoyo financiero a las empresas agropecuarias, a las Pymes y a los sectores exportadores, para atender la discrecionalidad fiscal de los funcionarios públicos.

Colocar en primer plano de una estrategia fiscal las deudas y los impuestos, obliga a las empresas a emitir deudas en pesos y en dólares, mientras se usa lo recaudado por el fisco en promover licitaciones para empresas extranjeras, en la Segunda Línea del Metro. Un olvido del sujeto industrial, financiero y comercial de la economía que lleva al Gobierno a configurar una ley de ingresos y gastos públicos mostrenca, porque las reglas y protocolos de esa ley la aplican como quieren los ejecutivos políticos del Estado.

Prestigiamos el modelo político por encima del modelo de ser sociedad o de ser gente organizada, al momento de diseñar la política de ingresos o la política de préstamos, sin tomar en cuenta la demanda de la población, y priorizar la oferta particular del Gobierno en la demanda interna al promover el consumo de bienes importados, en desmedro de las exportaciones nacionales. Un efecto perverso de la fiscalidad que lleva a la empresa AES Dominicana, a emitir bonos corporativos, por más de US$284 millones de dólares, por las deudas acumuladas del Gobierno con esa empresa, a pesar de los más de US$4,000 millones de dólares, invertidos en la subvención del sector eléctrico, de los últimos seis años de administración peledeista.

Pasemos, púes, del lío que impone la urgencia electoral, a la claridad de las ideas de vida nacional para gobernar una república, y comencemos, si es posible dentro de la neurosis política, por la universalidad de la corrección en las reglas y la justicia social, y sin insistir en la justificación de los hechos consumados como fundamentos de normas irregulares, pero convenientes al poder político. Sucede así con el déficit fiscal, en el cual se ocultan informaciones y obligaciones del Gobierno, en el que se aprueban presupuestos con montos falsos y subvaluados hasta en un 35%. Otro efecto neutro que el Ministro de Hacienda debería aclarar.

Comprender que el mejor plan económico deberá partir de los sujetos económicos, como elemento previo a la configuración y diseño de las normas y actividades, será fundamental para los productores, los inversores y para las familias dominicanas. Al dejarles de lado significa, que quedaría el programa desligado de la vida concreta de las familias, de los industriales, de los comerciantes, de los inversores financieros y de los trabajadores. A esta fractura estructural del presupuesto responden, los retrasos en la creación de los instrumentos eficientes, que permitan acceder vigorosamente al Acuerdo de Asociación Económica con la Unión Europea (EPA), donde nuestra industria cosmética pudiera aprovechar nichos importantes de competencia.

Sube nuestro déficit en cuenta corriente por más de 8% del PIB, a pesar de todas estas oportunidades diferidas y relegadas a cuartos y quintos planos, en la estrategia supuestamente económica del Gobierno. Una economía que crece sin rumbo y sin destino en sus objetivos políticos y sociales, porque daña a los productores hoteleros, a las Pymes, cierra negocios, destruye empleos, y que vendiendo más habitaciones los Hoteles siguen con cuentas en rojo, y en la cual los hacendados y agricultores le piden que defina la filosofía en las políticas públicas.

Vivimos un momento económico y financiero, en el cual se ha producido un colosal trasiego de informaciones de diversas procedencias donde la indisciplina fiscal se confunde con la doctrina de la economía, y las normas institucionales con las necesidades políticas y electorales de los gobernantes. Más, ahora, tratamos las leyes y las normas monetarias y financieras como supersticiones, porque, hemos perdido sus razones políticas, jurídicas y sociales de ser, al preferir programas económicos nuevos, cuyos procedimientos están orientados a fines caprichosos, porque los gobernantes carecen miserablemente de la conciencia en sus propios fines.

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