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Del muerto solo lo bueno

Por JUAN T H

“¿Quiere decir que ahora Freddy era un santo?”

-No, no era un santo. Al contrario, era un hombre, de carne y hueso, al que “nada humano le fue ajeno”- fue mi respuesta al necio que no respetó el dolor de la mayoría de los dominicanos.

-En 1965, cuando había que demostrar amor por la libertad y la soberanía nacional, él se la jugó. Demostró ser un patriota a carta cabal, un demócrata a tiempo completo, que nunca les hizo concesión a los enemigos de la justicia social.

-Productor de espectáculos y de televisión, actor, comediante, libretista, escritor. En fin, un artista como pocos en el mundo. Versátil, creativo, espontaneo, contagioso tanto en la risa como en el llanto. El gran talento que le dio la madre naturaleza al nacer lo desarrolló con el estudio y el trabajo, lo que le permitió, en buena lid, alcanzar fama y fortuna.

-Nunca fue ajeno al dolor de los demás. Al contrario, el dolor ajeno lo hacía suyo hasta hacerse daño.

-La impotencia lo hacía explotar de rabia en sus programas de televisión al ver la corrupción de los funcionarios de todos los gobiernos que ha tenido el país después de la revolución de abril del 65.

-Sabía que la educación era el único instrumento válido para alcanzar el desarrollo del país. El ser humano es el principal capital de cualquier nación. Sin educación no es posible salir del atraso, decía una y otra vez. “La Escuelota” era una parodia para resaltar la importancia de la educación. Un pueblo sin educación y con un bajo nivel cultural será siempre víctima de los políticos ladrones. Esa era la visión que tenía Freddy.

– La salud era el otro elemento al que le dedicó tiempo y recursos. Miles de familias de escasos recursos tienen que agradecerle eternamente a este hombre lo que hizo por sus hijos a través de Corazones Unidos y de la Fundación del Gordo de la Semana. ¿Cuántos niños viajaron a Estados Unidos para ser sometidos a operaciones del corazón que no podían pagar?

-Freddy tenía un corazón del tamaño de la patria bien amada. Un corazón tan grande que no le cabía en su geografía y tenía que compartirlo con los demás para que no le explotara en el pecho. Un corazón de oro.

– Con los años fue madurando, asumiendo con mayor entereza su rol político y social. En sus programas podíamos ver esa madurez y ese compromiso con los pobres. Odiaba los políticos demagogos y corruptos, algunos de los cuales hicieron acto de presencia en su funeral. ¡Bandidos!

-Freddy dio mucho de sí mismo.

-No se merecía una enfermedad tan larga y dolorosa. Un hombre bueno, como Freddy, debe morir cuando le dé la gana, durmiendo, a los 150 años de edad, más o menos.

-No creo que Dios lo haya mandado a buscar. Y si lo hizo, cometió un maldito error. Hay demasiados hijos de sus respectivas madres, que no le han hecho un favor a nadie, asesinos y ladrones que Dios, si es verdad que existe, les permite vivir cien años. (Freddy no había cumplido 70 años. ¡Coño!)

-Yo, que lo quise de lejos y de cerca, que me pelee y me reconcilié con él más de una vez, sin dejar de quererlo nunca, lamento inmensamente su muerte. Lo extrañaré.

-Jamás pensé que lo vería en un ataúd. Pero como dice el poeta Manuel del Cabral, “hay muertos que van subiendo mientras más su ataúd baja”.

-No debí haber ido a la funeraria para verlo en su pose de muerto. Por eso no fui al cementerio donde también está mi madre. Quiero conservar la otra imagen, la del Freddy vivo y muerto de la risa.

-A otro perro con ese hueso. Creo que se trata de un chiste de mal gusto de Freddy. Un día de estos, cuando encienda la televisión seguro que lo veré gritándole vainas al gobierno corrupto, donando una silla de rueda, solicitando sangre para alguien o haciendo en el papel de Morrobel.

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