Por María Julia Castañeda

Ciudad de México.- Como miles de aficionados mexicanos, el coleccionista José Luis Herrera Lizalde llevaba décadas esperando el regreso de un Mundial a su país, una pasión que durante más de veinte años cultivó entre álbumes, camisetas, balones y una tradición familiar que hoy busca transmitir a su sobrino.

A sus 37 años, Herrera pertenece a una generación de aficionados que no alcanzó a vivir el Mundial de México 86 y pasó buena parte de su vida esperando que el torneo regresara al país.

Ahora está a punto de cumplir ese sueño y, por primera vez, verá partidos de la Copa del Mundo en persona, aunque conseguir boletos terminó siendo más complicado de lo que imaginaba.

Yo pensaba que, siendo acá, iba a ser una tarea muy fácil y creo que ha sido la más difícil porque la cantidad de personas que queremos ir es tremenda», afirma.

Tras quedar fuera de varios sorteos de la FIFA, consiguió primero un boleto para un partido en Los Ángeles (EE. UU.) gracias a un amigo y, semanas después, encontró una entrada para los octavos de final del 5 de julio en el Estadio Ciudad de México, donde mantiene la «esperanza» de ver ganar a la selección mexicana, convencido de que disputará ese encuentro.

Una pasión heredada

Mientras espera ese momento, repasa una colección de recuerdos mundialistas acumulada durante más de dos décadas, que incluye álbumes completos, muchos de ellos repetidos.

Desde 2002 llena los álbumes Panini de cada Mundial, un ritual que compartió durante años con su tía Paty y del que todavía conserva parte de la colección.

Cuando ella murió, sus hermanas, mis tías, me dijeron que si yo quería conservar los álbumes, y por eso es que de algunos tengo doble álbum», comparte.

Todavía conserva algunas listas de estampas con la letra de su tía, con quien compraba una caja de sobres para después intercambiar las repetidas y completar las páginas pendientes.

Ella tenía conocidos en un tianguis que vendían estampas sueltas, y ella iba los domingos con la lista de los dos», relata.

Hoy esa tradición continúa con su sobrino Matías, de 8 años, quien comenzó a llenar su propio álbum, pese a no ser aficionado al fútbol, y ahora, cada que regresa de la escuela, le pregunta: “Tío, ¿ya me conseguiste más estampas?”.

Después de meses de sobres, intercambios y búsquedas en mercados y grupos de coleccionistas, solo les falta una para completar el álbum del niño, una misión que ya es también una tarea compartida por el resto de la familia.

Entonces, hay un momento donde estamos todos en la mesa, abriendo y acomodando», narra el tío.

Frente a la Copa

Entre los recuerdos que conserva también hay fotografías junto al trofeo mundialista, algunas compartidas con su tía Paty.

Todavía hace cuatro años ella ya estaba en quimios; no conseguimos entradas para la foto, pero fuimos a la experiencia Panini; todavía me acompañó», comparte.

Mientras yo pueda y me siga gustando el fútbol, seguirán llegando cosas», sostiene.

Mientras muestra la más reciente foto, tomada hace apenas unos días durante el paso de la Copa por Ciudad de México, recuerda la primera vez que estuvo frente al trofeo, en 2006: «Creo que ese año, con esa foto, fue cuando me puse la meta de: ‘tengo que ir a un Mundial'».

A pocos días de asistir a la justa mundialista en persona, asegura que le gustaría seguir ampliando su colección, que va desde réplicas de balones históricos y camisetas de distintas ediciones hasta figuras, rompecabezas y modelos de Lego inspirados en el torneo.

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