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Derechos y derechas

Derechos y derechas
Narciso Isa Conde

narciso-isa-condeEstas “elecciones” revelan que las derechas políticas y sociales de este país no respetan los derechos del pueblo. Ni las derechas gubernamentales, ni las opositoras. Incluso partidos del llamado “centro-progresismo” -unos temporalmente alejados del oficialismo y otros auténticamente opositores-  lo hacen en forma ambigua e inconsistente.

El derecho a votar, como el de no votar, es inseparable del conteo honesto y verificable de los votos y la abstención, del arbitraje confiable, de la competencia equitativa, de normas claras y  respeto a la mismas, de la libertad de elegir dentro de los partidos  y dentro del sistema de sufragio, de la libertad de asociación manifestación y expresión; de la erradicación del ventajismo, soborno, extorsión, la compra de conciencias, abusos de poder y demás variantes de la corruptela  política.

Unas derechas oficialistas, respetuosas de los derechos de los demás, jamás hubieran instalado una dictadura institucional. Ni convertido la JCE, el TSE, el TC, la SCJ en instrumentos propios, al servicio de la corrupción la impunidad, la trampa, el despotismo y el continuismo plagados de fechorías;  incluida la negación a elegir y ser elegido, al conteo limpio de los votos y a protestar frente a los abusos.

Unas derechas opositoras que se respeten a sí mismas y respeten los derechos democráticos del pueblo, nunca debieron aceptar esa suma ignominiosa de violaciones y atropellos a libertad. Ni aceptar la composición espuria de esos organismos estatales, tornarse pasivas frente a  sus falsificaciones y dinámicas perversas.

Jamás debió desmovilizarse, menos durante años. Debió, por el contrario, tomar calles e impugnar esto desde hace tiempo. Y eso es culpa de sus jefes y yo diría que motivada por sus esencias ideológicas y morales.

Esta necesaria impugnación-movilización no debió ser punto ocasional de una limitada agenda de última hora. Solo cuando el agua le llegó al cuello y faltan horas para el degüello, reaccionó débilmente parapetándose detrás de la “cadena Humana”. Claro, no objeto que se haga ahora e incluso entiendo conveniente que se siga haciendo con mayor fuerza y determinación.

La parte del pueblo que sigue creyendo en ese tipo de elecciones debe exigírselo así a los líderes de esa oposición blandengue e institucionalista. Y lo dice alguien con la autoridad de pertenecer a una franja política que siempre ha impugnando este régimen dictatorial, corrupto y tramposo. Que rechaza categóricamente esta farsa electoral, que no votará y  que exhorta a la ciudadanía más consciente a no votar. Pero que entiende que los derechos deben defenderse siempre, aun sea tardíamente.

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