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Desde Monito Quique hasta el negro Obama

Tony Pérez.

El candidato presidencial Hipólito Mejía entró descontrolado a la Semana Santa, pese a que estaba compelido a lanzar juego perfecto hasta las elecciones del 20 de mayo. Y una vez más, el desenfreno discursivo ha sido su gran enemigo.

En un esfuerzo por animar a seguidores en Nueva York, ha pifiado un rodado suave que aumentaría su desventaja frente al oficialista Danilo Medina y, por si fuera poco, mellaría su imagen internacional.

Les ha expresado que su origen pobre no debería ser obstáculo para llegar a ser hasta presidente de la República, si él lo logró después de ser conductor de un burro en el municipio Gurabo, provincia Santiago, y si Barack Obama es presidente de Estados Unidos pese a que es menos gracioso que ellos y nació en África.

A esta hora, quizá, los estrategas le estén recomendando a Mejía que pida excusas públicas a Washington, por la afirmación falaz, inoportuna y sedimentada de racismo. Aunque le será difícil convencer aduciendo desliz, que no actitud y comportamiento, en tanto ya en su intento de reelección en el 2000 fue tildado de racista y homofóbico por el entrevistador de Univisión Jorge Ramos, porque llamó “Monito Quique” a su camarógrafo de piel negra, el dominicano Ramón Carmona, y porque cuestionó la masculinidad del Presidente Fernández.

Obama, meritorio abogado, no nació en África, sino en Honolulu, EE.UU., el 4 de agosto de 1961 (aunque su padre sí). Ni su condición de negro le resta méritos intelectuales para dirigir al imperio. Error fatal por cuanto lo ha expresado en territorio de Martin Luther King, donde el racismo ni por asomo ha sido erradicado, pero hay leyes duras que lo prohíben, y donde veneran los símbolos y los rituales impuestos por el establishment.

A un costo tan alto que tal vez ni se imagina, el candidato opositor ha desconocido otra vez  los rituales propios de cada escenario. Y ha obviado con supina ignorancia el predominio en estos tiempos de un recurso insoslayable para quienes, cómo él, tienen altas aspiraciones: la videpolítica.

Con errores sucesivos en este juego crucial de la serie, Mejía se las ha puesto todas en bandeja de oro a un Danilo Medina que jamás debió subestimar, so pena que quiera naufragar el día de los comicios.

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