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Diógenes y su lámpara

El filósofo griego Diógenes de Sinope, considerado en general como el fundador de los cínicos, caminaba por Atenas a la luz del día llevando una lámpara encendida y afirmando que buscaba un hombre honesto.

Pero la historia no revela cuál fue el resultado de la búsqueda de este filósofo que se burlaba de los hombres de letras por leer los sufrimientos de Odiseo, mientras desatendían los suyos propios, y de los oradores que estudiaban cómo hacer valer la verdad, pero no cómo practicarla.

Diógenes se sumió en una vida de austeridad y mortificación. Vestía ropas toscas, comía alimentos sencillos y dormía en las calles o bajo pórticos. Su vida excéntrica, sin embargo, no le hizo perderle respeto de los atenienses, que admiraban su desprecio por las comodidades.

¿Qué hubiera pasado si Diógenes con su lámpara encendida hubiese llegado a República Dominicana, buscando un hombre honesto? ¿Lo encontraría? Creo que sí.

Vamos a suponer que vino aquí, y durante su visita,  lo primero que hizo Diógenes, con su lámpara, fue ir a las cámaras legislativas, pero qué decepción, al ver que en aquel lugar no encontró nada porque allí el concepto de honestidad está muy cuestionado.

Fue penoso cuando Diógenes visitó todos los estamentos de nuestro sistema judicial, pero allí tampoco encontró lo que buscaba. Sólo vio expedientes engavetados, jueces, fiscales y abogados venales, y un escabroso Código Procesal Penal, que no se adapta a la realidad de este país.

En una pasada administración de la Cámara de Cuentas, Diógenes sólo encontró densas tinieblas, porque  sus  jueces habían sido desplazados por renuncia y juicio, acusados de mal manejos de los recursos puestos a su cargo. Pero aparentemente, la cosa ahora anda un poco mejor.

El cínico filósofo griego siguió con su lámpara y visitó la Junta Central Electoral, a cargo de la celebración de comicios,  y los partidos políticos, y vio que las pocas luces eran ahogadas por dudas y tinieblas. Pero a pesar de todo, el pueblo se ha acostumbrado sin protesta a esa situación.

Diógenes con gran decepción siguió su camino y con su lámpara encendida, a plena luz del día,  tampoco encontró nada en las instituciones del Estado como en los Ministerios, ni en los organismos descentralizados  de recaudación de impuestos, ni en los puntos de peaje en las carreteras, ni en  los sectores industriales y empresariales, ni en  los hospitales públicos, ni en  las asociaciones médicas y  de abogados, ni en los ayuntamientos  y zonas francas, entre otros.

También extendió su búsqueda en los estamentos militares y policiales, pero fue infructuosa su visita porque allí tampoco encontró lo que buscaba. Pero pudo notar los esfuerzos de algunos para que prevaleciera la honestidad en el cumplimiento del deber y el respeto a los derechos humanos. Tuvo que admitir los logros alcanzados por la Policía en aclarar horribles crímenes, pero que eso era el deber de esa institución.

Tras recorrer todo el país, un día, ¡por fin!, Diógenes dio con un hombre honesto, y para que todo  el mundo lo conociera, pidió que le trajeran su lámpara para iluminar el rostro del agraciado. Pero grande fue la sorpresa del filósofo griego cuando supo que alguien le había robado su apreciada compañera, la lámpara.

¡Qué frustración! Todo el mundo se quedó, con gran deseo, esperando conocer  la identidad de ese fenomenal hombre honesto, pero prometió volver, para seguir buscando esa celebridad, durante el ejercicio del  nuevo gobierno del Presidente Danilo Medina. Esperamos que Diógenes,  el célebre filósofo griego no vuelva a quedar frustrado  en su próxima visita al país. ¿Qué cree usted amigo lector, hallará más de un hombre honesto?

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