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Divide y reinarás

Desde la Roma imperial se conoce la máxima “divide y reinarás”. El líder juega a dividir sus contrarios para mantener el reinado. En el caso dominicano, el gobierno del PLD hilvana estrategias de división de sus contrarios y se beneficia electoralmente, pero también es real la tendencia de la oposición a dividirse por sí misma.

Es decir, las tensiones y divisiones que se producen en el PRSC y el PRD provienen no sólo de la estrategia del gobierno de dividirlos, sino también de la dinámica y naturaleza de esos dos partidos. Ambos procesos se conjugan.

Con una fuerte tradición caudillista, era de esperarse que el PRSC pasara por un período difícil después de la muerte de Balaguer. Lo que no era tan fácilmente predecible es la insistente tendencia al divisionismo que ha mostrado ese partido desde el año 2004, motivada por la adicción de los reformistas a los recursos públicos.

Incapaces de aglutinarse en torno a un sistema institucional partidario, y carentes de un líder con buen potencial presidencial, los dirigentes reformistas se han desperdigado. La mayoría pasó a recibir beneficios del erario público con el gobierno del PLD, que asignó importantes posiciones estatales para incorporarlos.

La supuesta reunificación del PRSC a fines de 2008 fue una farsa. El propósito, y ahí estuvo la mano del gobierno, fue poner la organización bajo la dirección del canciller Carlos Morales Troncoso, el reformista con mayor vínculo orgánico al presidente Leonel Fernández. Así se dilató la selección de un candidato presidencial, hasta hacer inviable una participación importante en la contienda electoral.

Para el PLD, la incapacidad de la dirigencia reformista para restructurar el PRSC y encaminarlo hacia una victoria electoral, ha sido tabla de salvación. En su condición de partido minoritario hasta 1986, el PLD necesitaba votantes del PRD o del PRSC para crecer. En 1990 los tomó del PRD, y a partir de 1996 han provenido de la franja reformista.

Hoy, con un PRSC colapsado, el PLD camina más fuerte hacia la confrontación con el PRD.

Los perredeístas, aunque se han mantenido unidos a pesar de fracasos y derrotas, tienen un largo historial de luchas de tendencias que ha mermado la capacidad del PRD para ganar elecciones y lograr mejores ejecutorias gubernamentales.

Su inclinación por las pugnas internas es nuevamente evidente, a pesar del gran resurgimiento en las preferencias electorales en los últimos meses. La inesperada victoria de Hipólito Mejía en las primarias dejó herido y descontento a Miguel Vargas, que parece apostar ahora a la derrota del PRD. En ese andar, Vargas encuentra la ayuda de Fernández, y hace al PRD menos competitivo en las elecciones presidenciales del próximo mayo.

Si el PRD pierde las próximas elecciones, tanto Mejía como Vargas quedarán debilitados, y por ende su partido. Esto otorga mayor espacio de maniobra al PLD en su propósito explícito de gobernar por largo tiempo.

El PLD es una organización política oligárquica, donde un comité político pequeño con miembros de larga data controla de manera casi absoluta la organización. Pero se ha forjado desde 2004 como una gran maquinaria electoral que se fundamenta en el clientelismo y en la debilidad de la oposición para triunfar.

Lo que sucede ahora es que el PRSC se clavó un cuchillo y el presidente Fernández ayudó en el declive para beneficio propio y del PLD.  El PRD también se clava un cuchillo, y Fernández pone su granito halagando a Miguel Vargas con nombramientos en las altas cortes. Esto también beneficia al PLD, aún en medio del descontento con el gobierno que registran las encuestas de opinión.

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