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Dominicanos son parte de miles que sufren en confinamiento solitario en centros de detención de EEUU

Alicia Ortega, Julia Ramírez y periodistas del ICIJ

La pelota de básquet pica tres veces, el sonido sobre el concreto de la cancha en el parque Central de San José de Ocoa le confirma que respira aires de libertad. El panorama es diametralmente opuesto a lo que César Fernando Guerrero Casado, más conocido como Valentín, vivió en dos centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Estados Unidos, ICE por sus siglas en inglés.

Para ver las gráficas clíc en este enlace.

“A veces yo estoy acostado y escucho un sonido y creo que se está abriendo la puerta, como ellos te la abrían,” narra. Son las secuelas que aún padece cuatro años después de su más reciente aislamiento en 2015 antes de ser deportado por segunda vez. Dice haber estado encerrado “23 horas al día”, en una celda de seis por nueve pies, con “el único acceso a la luz siendo la que entra de la unidad” de detención por una ventanita. Ya en 2007, luego de haber emigrado legalmente junto a sus hermanos, cayó preso por estar vinculado a una pelea en un juego de fútbol universitario en la que hubo heridos y poco después inició su proceso de repatriación. En el centro de detención de ICE en York County, Pennsylvania, dice tuvo “un altercado” con un compañero de celda. Lo sancionaron con 60 días en aislamiento, de los cuales cumplió 57.  “Fueron los días más horribles que he pasado en mi vida,” relató. Guerrero Casado es uno de los miles de inmigrantes que anualmente son sometidos al aislamiento en los centros de ICE por periodos de dos semanas o más.

“La información de la literatura científica y psiquiátrica dice que después de 15 días de aislamiento, la mente empieza a trabajar de una manera distinta”, manifiesta Juan Méndez, ex relator especial de Naciones Unidas sobre tortura. Considera el aislamiento “como una forma de tortura mental o por lo menos de trato cruel, inhumano y degradante.” Méndez fue el responsable de una resolución aprobada por la ONU en diciembre de 2015, que establece reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, las llamadas Reglas Nelson Mandela, prohibiendo el “aislamiento indefinido y el prolongado”. Las mismas directivas de ICE, bajo el mando del Departamento de Seguridad Nacional, lo califican como un último recurso, especialmente si la persona detenida padece de trastornos mentales.

Pero una investigación conjunta del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), Plaza Pública de Guatemala, Mexicanos contra la Corrupción, The Intercept, NBC, Univisión en Estados Unidos y El Informe, arroja que en vez de un último recurso, este aislamiento se usa frecuentemente como una forma de controlar y castigar hasta los detenidos más vulnerables durantes semanas y meses.

El análisis del Consorcio, que partió de una lista de más de 8,400 casos de detenidos en confinamiento solitario entre 2012 y principios de 2017, adquirida mediante una solicitud de libre acceso a la información pública, revela que las celdas de aislamiento se han usado para sancionar a inmigrantes por delitos insignificantes como besos consensuados o para segregar a los que realizan huelgas de hambre, los detenidos LGBT o que padecen de algún tipo de discapacidad.

Un tercio de los incidentes de segregación en la lista, o sea un 33 por ciento, involucra inmigrantes con problemas mentales, que son personas vulnerables a este tipo de encierro. En el caso de los dominicanos, 58 incidentes o un 28%, padecían trastornos de esta índole. La mutilación de genitales, intentos de sacarse los ojos y cortarse las venas y hasta episodios en los que esparcieron heces fecales en las celdas son algunos de los casos encontrados entre los registros revisados por ICIJ. La revisión de la data también indica que los inmigrantes padecieron de alucinaciones, episodios de enfado e impulsos suicidas durante el aislamiento. Ex detenidos narraron a periodistas del consorcio que han experimentado insomnio, depresión y la pérdida de la memoria después de ser liberados.

“A veces me ponía a pensar porque yo me espanto así, cuando trataba de juntar los dos momentos, me sentía que estaba ahí” describe Valentín al recordar lo que vivió en solitaria en el Centro de Detención de Stewart en Georgia, uno de los centros en la lista que revela que un 60 por ciento de los casos de aislamiento, permaneció más de dos semanas. Pero los registros también revelan periodos que se extienden a 90 días, 180 y hasta más de un año ininterrumpido.

Se trata de incidentes de 148 países en una lista encabezada por mexicanos con 2,678 casos, salvadoreños con 997 y hondureños con 664, seguidos por los guatemaltecos que contaban con 444, jamaiquinos 264, haitianos 248 y en séptimo lugar los dominicanos con 207.

En promedio, los detenidos permanecieron 33 días en solitaria. En el caso de los dominicanos, la cifra ronda los 22 días.

Hasta abril, ICE mantenía unos 50,000 extranjeros en más de 200 centros en Estados Unidos. No son prisioneros, sino personas detenidas y puestos en el sistema de detención civil de inmigrantes, que no se supone sea punitivo. Aun así, los guardias en las instalaciones de ICE a veces tienen que controlar a los que pelean o se comportan mal, o que están en riesgo de ser agredidos si permanecen con la población en general.    

Efectos del aislamiento prolongado

Desde 2013, ICE instauró políticas que indicaban que el aislamiento es un “paso serio que requiere una consideración cuidadosa de las alternativas” y que la “segregación administrativa debido a una vulnerabilidad especial” debe usarse “sólo como último recurso y cuando no existen otras opciones”.  Sin embargo, al escudriñar la data, el Consorcio de Periodistas de Investigación encontró 573 casos de solitaria de 90 días o más. Otros 187 superaron los 180 días, y 32 alcanzaron el año o más.

Tal es el caso de Dulce Rivera, una mujer transgénero de 36 años de Honduras, quien estuvo en aislamiento en El Paso, Texas 11 meses consecutivos, saliendo hace apenas unas semanas. “Eso es algo dramático porque el primer momento que te avientan en esa celda puede estar limpia, puede estar sucia, no soportas el olor”. Rivera narra que las secuelas le provocaron “alucinaciones dentro del mismo recinto” llegando “a mirar cosas espantosas por mi situación mental, dibujos pintados en la pared que se mueven”. 

El caso de más duración en la lista es el de un guatemalteco que permaneció 781 días aislado bajo custodia preventiva por una violación a las normas de tipo criminal. La data indica que él solicitó estar en confinamiento solitario. A este caso le sigue el de un francés, en Búfalo de Nueva York, que permaneció 747 días. La razón: pertenecer a la categoría LGBT. La data oficial cuenta con 107 incidentes en este renglón, incluyendo un dominicano.

“Me han puesto en segregación sin darme explicación alguna, unos dicen que es por protección, por mi apariencia física” dice Dulce. Fue detenida en el Centro Correccional de Cibola en Nuevo México y puesta en solitaria en mayo de 2018, según los récords, por acosar a otros detenidos. “Por mi orientación sexual creo que realmente ha sido una discriminación, por mi apariencia física, porque soy una persona transexual, una transgénero que tengo dignidad de sentir ese deseo de ser una mujer libre y que me tengan encerrada creo que la verdad es injusto.”

Dulce intentó quitarse la vida a mediados del año pasado en su celda de aislamiento cuando le informaron que se quedaría segregada indefinidamente. “Hice una carta, puse una foto de una persona que quiero bastante encima de la mesa, me despedí de la persona y de mis nenes”, dijo relatando el episodio entre lágrimas. Agregó “entonces decidí amarrar un pedazo de cobija en la ventana arriba”. Tras cubrir la puerta “hice el lazo y me colgué.” Narra que la pusieron bajo vigilancia por riesgo de suicidio, con un chaleco durante 14 días y luego la enviaron en una celda similar a la que ocupaba cuando intentó suicidarse.

Casos por trastorno mental 

Son este tipo de casos con trastornos mentales los que generan más preocupación para Ellen Gallagher, quien se desempeña como supervisora en el Departamento de Seguridad Nacional. Dijo haber quedado “horrorizada” con los informes que vio por primera vez en febrero de 2014. Ha intentado durante años, dar la alerta dentro de la agencia, sobre el amplio uso abusivo del aislamiento en los centros de detención de ICE.

“Estaba leyendo los reportes y no pude creer que tantas personas estaban catalogadas con padecimientos de serios trastornos mentales y se les asignaba periodos extensos de confinamiento solitario”, dijo Gallagher al hablar por primera vez públicamente durante una entrevista con periodistas del Consorcio. “Ninguna otra experiencia en mi carrera se ha acercado ni remotamente a esta, en términos de mi perturbamiento”.   

Ya para esa misma fecha en que Gallagher revisó cientos de reportes, ICE había emitido nuevas directrices ordenando que los que padecían de enfermedades mentales  “no debían ser ubicados en aislamiento” si se determinaba que “resultaba en el deterioro de la salud médica o mental” y “una alternativa adecuada estaba disponible.”

Sin embargo, Gallagher asegura que “consistentemente encontraba información que indicaba que detenidos con serios trastornos mentales y otras vulnerabilidades era sometidos a segregación administrativa y disciplinaria por razones directamente relacionadas o causadas por su enfermedad”.  Añade que quedaba claro que estas personas “frecuentemente eran privados de la atención médica apropiada aun cuando estaban al borde del suicidio”, algunos dice resultaban con lesiones otros morían. Señala además que “perdían sus citas en corte que podían haberles dado la oportunidad de conseguir una fianza o protección legal”.

Sus denuncias las comunicó por escrito al vicesecretario de ICE en julio de 2014 y a la Oficina del Fiscal Especial en septiembre del mismo año. Pero viendo que no recibía respuestas satisfactorias que señalaran medidas para remediar el problema, acudió al Senador Chuck Grassley de Iowa, quien a su vez envió una carta en junio de 2015 al director del Departamento de Seguridad Nacional narrando las violaciones y diciendo que la “información muestra que el personal de las instalaciones se desvía con frecuencia de las pautas”. Grassley también dijo “los reportes aparentemente sugieren que los empleados de ICE no reconocieron problemas significativos de salud mental y procedieron a dar paso al aislamiento”.

“Resulta un recurso muy fácil para las autoridades, muy económico también, encerrar a una persona, llevarle la comida y no tener que vigilar cuando sale al patio”, dice el ex relator de la ONU. “Pero lo que resulta económico y fácil de administrar es al mismo tiempo cruel e inhumano con las personas sujetas a eso”, añade Méndez.

En mayo de 2015, la Oficina del Fiscal Especial le indicó a Gallagher que estaban cerrando el caso porque habían enviado sus reclamos a la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional. En Agosto de ese año, la denunciante solicitó que reconsideraran reabrir el proceso, señalando que la “negativa a actuar” por parte de la Oficina de Derechos y Libertades Civiles “crea un peligro sustancial y específico para la salud y la seguridad de los detenidos”. 

Al hablar de los casos, Gallagher dijo que los segregados “típicamente eran esposados cuando entraban y salían y tenían un acceso extremadamente limitado con seres humanos, una hora o dos al día fuera de su celda”. Añadiendo que eran sometidos a un “nivel de aislamiento que obviamente estaba provocando efectos muy adversos, incitándolos a que intentaran suicidarse”

Los registros analizados por ICIJ revelan que 373 casos se deben a la vigilancia por posible suicidio y las anotaciones de otros 208 indican que fueron sacados de aislamiento por tener tendencias suicidas o contar con un historial de intento de suicidio. Al menos nueve casos de dominicanos fueron puestos en esa la lista de riesgo de quitarse la vida.  “Ellos te ponen en un estado en el que tú crees que la única salida es esa, mucha gente ha cometido el error de hacerlo”, dijo Valentín.

Respuesta oficial

En respuesta a las denuncias de Gallagher y la inacción, la Oficina del Fiscal Especial (OSC) dijo que “no podía comentar sobre casos específicos por motivos de confidencialidad”. Con respecto al proceso dijo que esa oficina determina si hay una “probabilidad sustancial de que haya ocurrido una violación a la ley, norma o regulación; abuso de autoridad, craso malgasto de fondos o mala administración, o peligro a la salud y seguridad sustancial y específica”. Solo entonces la OSC “refiere la denuncia al jefe de la agencia para investigación” y esa persona “decide cómo proceder”.

De su lado, el Departamento de Seguridad Nacional, con relación a las alegaciones de falta de acción por parte de la Oficina de Derechos y Libertades Civiles, dijo que desde 2014 cuentan con el “monitoreo de la implementación de las directrices sobre segregación” igualmente “laboran para desarrollar una política más amplia para reconocer y responder a las necesidades, en particular, de las poblaciones más vulnerables” incluyendo detenidos “LGBT y los que padecen serios problemas de salud, condiciones mentales o discapacidades”. Añadió que han realizado entre “10 y 15 inspecciones in situ” anuales a los centros de ICE, donde han “revisado las políticas de aislamiento y su uso” y “hecho recomendaciones para cambios relacionados con la segregación a través del proceso de quejas, según sea necesario”.

Mediante un comunicado, la vocera de ICE Danielle Bennett dijo que la política de la agencia es proteger a los detenidos, el personal, contratistas y voluntarios de cualquier peligro. En promedio, dijo, medio por ciento de la población estuvo en solitaria más de 14 días en 2018. Bennett también señalo que las pautas de la agencia permiten poner a personas en riesgo de suicidio en aislamiento como un último recurso. Añadió que debido a las limitaciones, el confinamiento solitario para vigilar este tipo de casos es una necesidad.

Casos disciplinarios

En el 41 por ciento de los casos en la lista revisada por ICIJ, equivalente a 3,543, el aislamiento se debió a procesos disciplinarios, con un promedio de 24 días en solitaria. Para los dominicanos, los casos disciplinarios representan el 54 por ciento. “Yo estaba en la cafetería, hubo un altercado con paisanos mexicanos”, relata Valentín. Al regresar a las celdas dice que lo “esposaron, hicieron una audiencia y sancionaron con 15 días de confinamiento solitario”.

La custodia preventiva para garantizar la seguridad de otros detenidos fue la segunda razón más frecuente para la segregación (18%).

“No es fácil estar en solitaria en un cuarto de cuatro por cuatro cuando uno está acostumbrado a tener libertad” dice Napoleón Saviñón, quien salió de República Dominicana en 1974 a los 10 años de edad junto a sus padres. Vivió 30 años en Illinois y ocho en Florida, se casó y tuvo tres hijos. Su drama comenzó luego de una condena por violencia doméstica. También tomó del amargo trago de este tipo de confinamiento en cinco ocasiones diferentes, por períodos de cinco a seis días. No ha olvidado las paredes “de concreto sin ventana” del centro de Detención de Wakulla al norte de la Florida, con apenas “una puerta con una pequeña ventana” por la que dice miran y traen comida. “Te sacan una hora al día” si decides salir.

Centros con más casos

Stewart, el centro donde estuvo detenido Valentín, es una de las dos instalaciones donde los inmigrantes permanecen más tiempo segregados con 616 casos, Adelanto en California ostenta el primer puesto con 1,256 incidentes. Ambas instalaciones cuentan con violaciones documentadas por la oficina del Inspector General en 2017 y 2018, mediante pesquisas sorpresas.

En Adelanto, que tuvo por lo menos ocho casos de criollos segregados entre 2013-2017, la investigación arrojó que “14 detenidos fueron aislados de forma disciplinaria antes de haber sido encontrados culpables de acto alguno”, lo que según el reporte son “violaciones que representan una amenaza significativa para garantizar los derechos” de los detenidos y “asegurar su bienestar mental y físico”.

“Ellos nunca me dieron una razón” que explicara el aislamiento, dice Napoleón. “Una vez me dijeron que tenían demasiadas personas en una sola jaula y para evitar problemas me ponían solo”. Asegura que tampoco participó de una audiencia. “Era un castigo porque ellos lo que querían era que tú no pasaras por el proceso de discutir tu caso y sacarte del país lo más rápido posible”. 

Igualmente en las instalaciones de Stewart, Otero, de Nuevo México y Santa Ana, de California, los inspectores documentaron violaciones a los protocolos de ICE diciendo que “no siempre les informaron a los detenidos porque era aislados”, “ni le comunicaban sus derechos por escrito”. Los archivos de los casos “en múltiples ocasiones… tampoco justificaban la acción disciplinaria”

Esta falta de documentación también queda reflejada en los registros obtenidos por el Consorcio.

Por lo menos 76 casos de dominicanos carecen de informes detallados que muestren si se les aplicaron los protocolos de revisión que exigen una audiencia a más tardar 72 horas después de ser segregados y se les informe qué infracción cometieron. Los registros también muestran que al menos 152 de los 207 criollos aislados no contaban con representación legal conocida. De los 24 que si contaban con abogado, le notificaron a nueve.

En Adelanto, también detectaron a seis segregados siendo “trasladados con esposas y grilletes”, algo que los protocolos de ICE no justifican solo por estar en aislamiento.

“Algunos hablaban de que le quitaban el uniforme, los dejaban en calzones y eso era frío,” describe Napoleón. “Dicen era tan frío porque era para matar los gérmenes pero para nosotros era una forma de castigo”. Para Valentín se trata de “discriminación, no el trato que deben darle a un humano. Poner a una persona en confinamiento es torturarlo y eso está prohibido por los derechos humanos.”

Los inspectores también revelaron que algunos inmigrantes eran segregados por “violaciones de reglas menores sin la notificación”. Tal parece ser el caso de Ayo Oyakahre de Nigeria, segregado durante siete semanas y acusado de hostigar a otros detenidos por el uso de la televisión y las duchas, y hacer comentarios raciales. Dijo que cuando demandó una audiencia, le respondieron “estás en custodia protegida”, no segregación disciplinaria, por lo que no tenía derecho a ese recurso.  Ahora asegura padece de “insomnio y alucinaciones” que atribuye a su tiempo en solitaria.

Karandeep Singh, de India, deportado hace un mes, cumplió tres semanas en solitaria tras iniciar una huelga de hambre porque llevaba dos años detenido pidiendo asilo por persecución religiosa. Lo describe como “tortura mental”.

La lista del consorcio indica que hubo 182 incidentes por huelgas de hambre, algo que los defensores de las libertades civiles dicen está protegido por la primera enmienda de la constitución estadounidense. Por lo menos tres de los casos son de criollos.

“Los dominicanos están utilizando esta práctica y como no quieres comer te llevan a aislamiento”, narra Valentín. Lo hacen para “llamar la atención” para “ver al cónsul o al oficial de migración”.

Entre las llamadas reglas Mandela de Naciones Unidas también figura la “prohibición del contacto con la familia”. Sólo se podrá restringir ese contacto “por un periodo limitado y en la estricta medida en que lo exija el mantenimiento de la seguridad y el orden”. También expresan que es prohibido el “encierro en una celda oscura o permanentemente iluminada”.

Para Napoleón, “ese era otro problema” porque “nunca la apagaban ni cuando ibas a dormir”. Sumergido en medio de los recuerdos de sus días en confinamiento solitario, dice no pierde la esperanza de ingresar de nuevo a Estados Unidos. Por el momento ha encontrado consuelo en Hogar Crea de San Cristóbal. “Ha sido una bendición. Tengo donde dormir y comer sin preocupaciones”. No cuenta con familia en República Dominicana, todos quedaron en EE.UU.

Más al Sur en Ocoa, Valentín recuerda que “lloré cuando pasé por el parque, pero lo que más pensaba era en mi mamá, que me estaba esperando”. Su madre había regresado a Santo Domingo para recibirle. Ahora aprovecha cada día para recuperar el tiempo perdido, ayudando a jóvenes como presidente del Club Deportivo Pueblo Abajo. Trabaja como encargado de una finca de aguacates y ha aprendido a valor la libertad hasta en las caricias más sencillas de los cuatro perros que le acompañan. Mientras le pasa la mano a uno de ellos dice “esos animales son así, mansos, ¿y te digo por qué? Porque se sienten libres. Cuando una persona se siente libre no hay necesidad de ser agresivo ni nada”.

Contribuyeron a esta investigación:

Spencer Woodman, Estados Unidos, ICIJ

Maryam Saleh, Estados Unidos, The Intercept

Hannah Rappleye, Estados Unidos, ICIJ

Karrie Kehoe, Irlanda, ICIJ

Emilia Díaz-Struck, Venezuela/Estados Unidos, ICIJ

Scilla Alecci, Estados Unidos, ICIJ

Ben Hallman, Estados Unidos, ICIJ

Richard H.P. Sia, Estados Unidos, ICIJ

Fergus Shiel, Estados Unidos, ICIJ

Tom Stites, Estados Unidos, ICIJ

Hamish Boland-Rudder, Australia, ICIJ

Amy Wilson-Chapman, Estados Unidos, ICIJ

Pauliina Siniauer

Antonio Cucho, Perú/Estados Unidos, ICIJ

Andrew Lehren, Estados Unidos, NBC

Tamoa Calzadilla, Estados Unidos, Univisión

Vanessa Swales, Estados Unidos, ICIJ

Enrique Naveda, Guatemala, Plaza Pública

Suchit Chávez, Guatemala, Plaza Pública

Alejandro García, Guatemala, Plaza Pública

Daniel Lizárraga, México, Mexicanos contra la Corrupción

Valeria Durán, México, Mexicanos contra la Corrupción

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