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Donald Trump, un presidente incendiario ante su batalla más difícil

Donald Trump, un presidente incendiario ante su batalla más difícil
Donald Trump, un presidente incendiario ante su batalla más difícil

Washington.- Donald Trump prendió fuego al mundo político de Estados Unidos en 2016 y sigue absorto en las llamas, con la esperanza de que el mismo mensaje que le aupó a la Casa Blanca hace cuatro años le permita superar su batalla más difícil hasta ahora: la lucha por la reelección en plena crisis del coronavirus.

El presidente estadounidense, que este jueves aceptó la candidatura republicana para un segundo mandato, confiaba a principios de este año en que el buen desempeño de la economía le ayudara a extender fácilmente su periodo en la Casa Blanca, pero la llegada de la pandemia desbarató por completo sus planes.

Desgastado por la cifra astronómica de muertes por la COVID-19, la peor crisis económica del país desde la Gran Depresión y un movimiento popular contra la injusticia racial, Trump se ha encomendado a la misma estrategia electoral que le funcionó en 2016, la de perfilarse como un enemigo del aparato político del país.

TRUMP CONTRA LA MÁQUINA

Poco importa que Trump sea ahora quien encabeza buena parte de ese aparato: en su imaginario y el de sus seguidores, el supuesto «Estado profundo» siempre ha estado controlado por los demócratas y sus presuntos «infiltrados» en la burocracia del Gobierno, y tiene lazos con su rival en noviembre, el exvicepresidente demócrata Joe Biden.

«Hemos pasado los últimos cuatro años reparando el daño que Joe Biden infligió en los últimos 47 años (de su carrera política)», aseguró Trump este jueves, durante su discurso ante la Convención Nacional Republicana desde la Casa Blanca.

El exempresario, de 74 años, sigue percibiéndose como alguien ajeno a los engranajes de lo que define como la «ciénaga» de Washington, a pesar de que, desde que llegó al poder, ha alimentado los intereses de muchos de los más poderosos de ese aparato, incluidos grupos de presión que ahora le ayudan con la reelección.

Al bajar las escaleras mecánicas doradas de la Torre Trump en 2015 y anunciar su campaña presidencial, el entonces magnate inmobiliario se convirtió en la peor pesadilla del Partido Republicano, pero ahora esa formación se ha amoldado al presidente, dejando por el camino algunas de sus figuras y prioridades clave.

LA REACCIÓN A OBAMA

Desde que llegó al poder en enero de 2017, Trump ha abrazado la provocación como forma de Gobierno y herramienta de distracción, atacando a los medios de comunicación y poniendo a prueba constantemente las instituciones del país, cuyos tribunales han tramitado cientos de demandas contra casi cada una de sus políticas.

El mandatario ha revolucionado Washington a golpe de Twitter y regularmente manipula o exagera los hechos, con más de 20.000 mentiras o afirmaciones falsas desde que llegó al poder, según el recuento del diario The Washington Post.

Con el lema «Estados Unidos primero», Trump ha puesto patas arriba la relación con aliados de Washington como Canadá y la Unión Europea (UE), ha protagonizado un histórico acercamiento con Corea del Norte que lleva más de un año estancado y ha convertido a China en su peor enemigo, con una guerra comercial de gran impacto.

Su ascenso al poder fue una reacción al mandato de su némesis, el expresidente Barack Obama, al que Trump dirigió ataques racistas desde 2011 y cuyo legado se ha esforzado en destruir desde la Casa Blanca, al retirarse del acuerdo nuclear con Irán y del pacto de París sobre el clima, además de congelar el deshielo con Cuba.

Aunque Trump ha deshecho muchas de las regulaciones de Obama y nombrado un récord de jueces conservadores en tribunales federales, incluidos dos en el Supremo; no ha conseguido cumplir una de sus promesas de campaña clave: derogar la reforma sanitaria de 2010, conocida popularmente como «Obamacare».

A LA SOMBRA DEL MURO

Su otra promesa estrella, la construcción del muro en la frontera con México, la ha cumplido parcialmente: ha conseguido erigir más de 440 kilómetros de barrera, aunque la gran mayoría simplemente reemplazaba una valla que ya existía; y no hay ningún viso de que el país vecino vaya a sufragar los costes.

En materia de inmigración, Trump ha erosionado profundamente el derecho de los indocumentados a solicitar asilo, enviándolos a México a esperar durante meses una cita en un tribunal de EE.UU., mientras intentaba constreñir también la inmigración legal y perfilaba a quienes no tienen papeles como criminales, sin matices.

Trump ha pasado casi toda su Presidencia siendo investigado: primero fue la pesquisa sobre la trama rusa del fiscal especial Robert Mueller, que concluyó en 2019 sin grandes consecuencias; y luego el juicio político terminado el pasado febrero, que absolvió al presidente de dos cargos por sus presiones a Ucrania.

EL ASCENSO DE UN MAGNATE

Nacido en 1946 en Nueva York de una familia descendiente de emigrantes alemanes, Donald John Trump se licenció en Economía Financiera y a los 28 años tomó el relevo de la empresa inmobiliaria de su padre para adentrarse después en el sector de los casinos, con un ascenso en ocasiones complicado y marcado por las deudas.

Productor de los concursos de belleza Miss Universo y Miss América, Trump estrenó la década pasada su propio programa de televisión, «El aprendiz» («The Apprentice»), donde varios candidatos competían por un empleo en su corporación, algo que alimentó su fama e impulsó su carrera presidencial.

Con una fortuna personal estimada en unos 2.100 millones de dólares, Trump está casado con la modelo eslovena Melania Knauss desde 2005, con la que tiene un hijo. Con anterioridad, estuvo unido a la deportista Ivanna Winkerlmayr, con la que tuvo tres hijos, y con la actriz Marla Maples, con la que tuvo una hija. 

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