Santo Domingo.- El mundo se desacelera, no es una frase retórica. La economía global pierde impulso y eso impacta directamente en países abiertos como el nuestro.

Menor dinamismo comercial, menor inversión extranjera: mayor incertidumbre. Y nosotros debemos tener una carta de ruta clara, una que reconozca nuestras limitaciones fiscales, nuestra alta deuda, la baja inversión pública y la necesidad de mantener la estabilidad. Pero sobre todo, que trace un camino de acción coordinado.

La respuesta no puede ser solo técnica. Necesitamos involucrar a todos: Gobierno, sector privado, academia y sociedad civil, y eso requiere consensos. Si nos ponemos de acuerdo en el diagnóstico y las prioridades, podremos resistir mejor lo que viene.  

Un factor clave será la información, no la que viene cruda desde los centros financieros globales, sino una que podamos digerir, interpretar y explicar localmente. Un monitoreo inteligente con tecnología que nos permite entender cómo nos afecta cada sacudida internacional que traduzca los mensajes para que los entienda el emprendedor, el asalariado, y el estudiante, porque si no logramos que la gente entienda lo que ocurre, la frustración puede crecer.

Y cuando una economía frágil se combina con desinformación, malestar social  y ruido político, el resultado es un cóctel explosivo. Lo mejor es prevenir, lo mejor es aplicar, lo mejor es actuar, pero actuar juntos.

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