La evasión de la realidad, para no encarar los problemas de la sociedad responsablemente, lleva a algunos ciudadanos, y hasta a una parte del liderazgo político, a vivir en un mundo paralelo.
La evasión de la realidad, para no encarar los problemas de la sociedad responsablemente, lleva a algunos ciudadanos, y hasta a una parte del liderazgo político, a vivir en un mundo paralelo.
El algoritmo premia el reflejo, no la reflexión. La geopolítica se resume en un meme; la ciencia, en quince segundos de video. Antes se leía a un experto; hoy se aplaude a quien grita con más gracia. La sociología se volvió opinión de barra; la antropología, anécdota viral. El talento ya no compite por ideas: compite por atención. Y la atención, hoy, se la lleva quien menos piensa y más actúa. ¿Quién le explicará al país lo que no cabe en un reel? No es que la gente dejó de pensar. Es que dejamos de premiar a quien piensa. La aristocracia del talento no murió de un golpe: la fuimos matando a aplausos, cada vez que elegimos el performance sobre el argumento.
9 agosto 2026