SANTO DOMINGO.- Los riesgos para la reputación de las personas, empresas e instituciones son cada vez más grandes en el mundo hiperconectado.

Víctor Bautista analiza el tema con un matiz local en Dos Minutos.

Si los siquiatras se animaran a realizar un estudio mental de la población dominicana en función de sus expresiones en las redes sociales.

Los hallazgos pudieran ser impresionantes. Probablemente no sean tan diferentes a los que ocurre a nivel planetario, pero los matices del país deben ser especiales.

Difamación, injurias, mentiras, vulgaridades, insulto, irrespeto a la intimidad de las personas, condenas sumarias, frustraciones, retaliaciones, acechanzas y otros asuntos que revelan lo peor de la condición humana, están presentes en los nuevos medios.

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Como profesional de la comunicación, me toca producir monitoreo y análisis para algunos entes del mercado y la verdad  es que la experiencia mantiene en alta mi capacidad de asombro.

El retrato de seres enfermos mentalmente desestructurados, desubicados o viviendo en un mundo paralelo, resulta inquietante.

Además de representar un gran riesgo de reputación para las personas, empresas e instituciones.

Más impresionante me resulta ver como medios formales, marcas que han sido depositarias de la confianza del público, se dejan arrastrar por una suerte de primavera de los imbéciles y la convierten en relatos.

Es imposible estar desconectado de ese mundo desregulado y libertino, pero debemos aplicar filtros, discriminar y nunca tomar decisiones, especialmente desde el gobierno y las empresas.

A partir de oleadas bárbaras de corto plazo, que establecen percepciones espurias, celebremos la democratización de la información, el derecho a expresarse, pero también estemos en alerta porque vivimos tiempo en los que la reputación está colgando de un hilo.