Aunque 2024 es un año electoral, con picos altos en febrero y en mayo, las autoridades no deberían perder tiempo en el diseño de las reformas inaplazables en el próximo cuatrienio.
Suscribete al newsletter de Noticias SIN
Aunque 2024 es un año electoral, con picos altos en febrero y en mayo, las autoridades no deberían perder tiempo en el diseño de las reformas inaplazables en el próximo cuatrienio.
El próximo presidente heredará un Estado con el 91% de sus ingresos ya comprometidos. Le quedará un 8.8% para pagar la burocracia y, de paso, invertir en el país. El problema no es solo fiscal, es de credibilidad: ¿quién convence a un pueblo cansado de que apriete el cinturón un poco más? Gobernar con las sobras exige algo que no se improvisa en campaña: autoridad moral.
21 julio 2026