Aunque 2024 es un año electoral, con picos altos en febrero y en mayo, las autoridades no deberían perder tiempo en el diseño de las reformas inaplazables en el próximo cuatrienio.
Aunque 2024 es un año electoral, con picos altos en febrero y en mayo, las autoridades no deberían perder tiempo en el diseño de las reformas inaplazables en el próximo cuatrienio.
El algoritmo premia el reflejo, no la reflexión. La geopolítica se resume en un meme; la ciencia, en quince segundos de video. Antes se leía a un experto; hoy se aplaude a quien grita con más gracia. La sociología se volvió opinión de barra; la antropología, anécdota viral. El talento ya no compite por ideas: compite por atención. Y la atención, hoy, se la lleva quien menos piensa y más actúa. ¿Quién le explicará al país lo que no cabe en un reel? No es que la gente dejó de pensar. Es que dejamos de premiar a quien piensa. La aristocracia del talento no murió de un golpe: la fuimos matando a aplausos, cada vez que elegimos el performance sobre el argumento.
9 agosto 2026