Desde este momento la inquietud se apodera del equipo de gobierno, con algunos en ascuas y con el sueño perdido en espera de los decretos que muy pronto serán conocidos.
La crisis eléctrica en distribución cumple 60 años, pasando de gobierno en gobierno, como una papa caliente que nadie quiere sostener. Sirve para pancartas, para consignas, para señalar al de enfrente. Pero, cuando toca sentarse a diseñar una solución técnica con visión de Estado, la mesa se vacía. Es más rentable el escándalo de un apagón que la aburrida disciplina de una reforma. ¿Alguien se atreverá a soltar el discurso y agarrar la pala?