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Dos pasos para una nueva RD

Al margen de los pactos, diálogos, bloques de leyes anticorrupción, Estrategia Nacional de Desarrollo, denuncias, demandas, presiones sociales y políticas, discursos empresariales y cualquier otro recurso para reclamar institucionalidad, hay dos pasos que sintetizan una gran fuerza redentora de la sociedad dominicana.

Se trata de un camino corto, que trae consigo un debate abreviado sin necesidad de que ocurra en el seno del Consejo Económico Social (CES) ni resulte imprescindible el añejo talento mediador de Agripino Núñez Collado.

No requieren, para viabilizarse, creación alguna de comisión, por lo cual se le ahorraría trabajo –que ya bastante tiene- a Gustavo Montalvo. Tampoco habría que esperar el diseño de un nuevo programa de Gobierno de cara a la reelección de 2020, ni una consulta popular.

Saldría sobrando la intervención del costoso y travieso Congreso y sus legislaciones aprobadas al vapor, con manos acríticas masivamente levantadas siguendo el mandato de algún Big Brother o del hombre del maletín.

Sería innecesario un seminario en Funglode atiborrado de sofismas; la intervención del Consejo de Ancianos que preside Tony Isa Conde, varias visitas sorpresa del presidente sanjuanero o un Consejo de Gobierno Ampliado, arrancando a las 10:00 en punto, estarían demás.

No tienen que intervenir los organismos multilaterales de crédito ni se necesitan emisiones de deuda con históricas bajas tasas de interés al estilo Magín Díaz, como tampoco es imprescindible una reforma fiscal integral, la revolución fiscal cascareada por Antonio Taveras Guzmán o el salvataje institucional de Papo Blanco, pedido entre aplausos en la Cámara Americana de Comercio.

No serían imprescindibles las cifras esperanzadoras de Héctor Valdez Albizu ni su liberación de encaje para que todos no beneficiemos de préstamos que mueven la rueda de la economía.

Estos son los dos pasos: a) Pagar los impuestos religiosamente, en forma limpia y completa, sin tramposerías ni ingenierías perversas de asesores tributarios curtidos en la evasión de alta complejidad y b) Un gasto público transparente, eficaz, de calidad incuestinionable, con rendición de cuentas y un drástico sistema de consecuencias, sin excluir la pena de muerte, para quienes se roben los fondos públicos. De ahí en adelante todo lo bueno vendrá por añadidura y seremos un gran país.

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