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Drogas y complicidad

Drogas y complicidad
Mario Rivadulla

Las escenas del sangriento hecho en que perdiera la vida el coronel Daniel Ramos registradas por las cámaras de vigilancia otorgan gran fuerza a la versión, que corrió desde el primer momento y ahora es sostenida de manera expresa y formal por senador banilejo Wilton Guerrero, de que el mismo pudo haber sido víctima de una conjura criminal, que califica de emboscada.

En abono de su acusación, Guerrero llama la atención sobre la circunstancia altamente sospechosa de que los dos oficiales que acompañaban al coronel Ramos, una vez que este cayó abatido, en vez de socorrerlo y repeler la agresión, lo dejaron abandonado y se dieron a la desbandada. Como elemento adicional, advierte que ninguno de los dos resultó siquiera rozado por una bala, lo que lleva a suponer que los disparos fueron destinados de manera específica a la víctima.

El locuaz senador sureño, aprovechó la ocasión para recrear la campaña  de críticas y denuncias que por años ha mantenido contra las autoridades policiales y de la DNCD en su provincia, a las que acusa de contubernio con los narcotraficantes locales, de los que recibirían generosas sumas en concepto de “peaje”.

Haciéndole coro, otro colega de hemiciclo, el senador por Pedernales Dionis Sánchez, plantea una situación similar en esa provincia  usada con frecuencia para la entrada al país de fuertes cargamentos de drogas traídos por vía marítima en lanchas rápidas que hacen el trayecto desde Colombia y Venezuela.

Es el método a que han apelado las carteles después que los Super Tucanos, en coordinación con la DEA,  han sellado los cielos dominicanos a la incursión de las avionetas que hasta hace algunos años  mantenían un diario bombardeo de cargamentos de drogas sobre el territorio nacional.

Las antes señaladas acusaciones que confieren a Baní y Pedernales la categoría de verdaderos “santuarios de drogas” (de hecho, así es como el país está clasificado en el ranking internacional) no requieren de muchos elementos probatorios.  Estos están a la vista de todos.  En los barrios el comercio de drogas a cargo de las bandas de micro-traficantes es pan nuestro de cada día y medio de vida de no pocos jóvenes que a falta de mejores oportunidades de vida, no visualizan otro camino para incorporarse a la sociedad de consumo que apuntarse en el negocio de la distribución, cuya impunidad queda garantizada por vía de complicidad con parte de quienes tienen la función de perseguirlo.

Las propias autoridades han afirmado en mas de una oportunidad que en los 48 mil kilómetros cuadrados del país operan hasta 20 mil puntos de drogas.  No hay manera de disimular, menos aún esconder,  esa cantidad que son de amplio conocimiento en los vecindarios donde  realizan sus ventas casi a la luz del día. Su operación solo es posible contando con la participación y protección de autoridades que se prestan a ello.

Ocurre aquí y en todas partes donde existe mercado para el comercio de estupefacientes,  que figura entre las tres actividades más lucrativas a nivel mundial moviendo cientos de miles de millones de dólares anualmente.  En su contabilidad figura una buena suma de fondos para el pago de sobornos a todos los niveles, desde el modesto y mal retribuído agente policial que patrulla las calles pensando como puede resolver el día a día familiar, como los más encumbradas autoridades en las diferentes instancias del poder.

A la luz de esta realidad, es posible que la muerte del coronel Ramos, que pudiera ser en realidad un asesinato premeditado, si como aseguran familiares, la propia Policía y sectores de la comunidad banileja se trataba de un oficial pundonoroso y honesto,  y hacen presuponer las sospechosas circunstancias del hecho captadas por las indiscretas cámaras de vigilancia, termine por convertirse en una caja de Pandora.

En tal caso, de tener que aplicar sanciones y sacar de circulación a los complicados en el hecho y cómplices del narcotráfico en Bani, y quizás por extensión en Pedernales, el vacío dejado por ellos encontraría rápidos sustitutos para darle continuidad a un negocio de tan amplios, poderosos y enrraizados tentáculos tal como lamentablemente ha ocurrido hasta ahora y  seguramente seguirá ocurriendo en el futuro.

 

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