SANTO DOMINGO.- Un estudio actualizado de impacto económico y social de la Federación Global de Autocuidado (GSCF, por sus siglas en inglés) demuestra que el autocuidado responsable genera beneficios sociales y económicos sustanciales y cuantificables en todos los contextos del sistema de salud. 1 Específicamente, la investigación estima que podría aprovecharse hasta un 50 % más de ese potencial para 2040, reflejando así el valioso papel que desempeña esta práctica en el cumplimiento de las aspiraciones mundiales de cobertura sanitaria universal.
Pero ¿qué se entiende por autocuidado? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una capacidad fundamental que permite a las personas, familias y comunidades fomentar su salud y prevenir la aparición de enfermedades. 2 Sin embargo, su valor va más allá: debe entenderse como una inversión estratégica que impulsa el bienestar, la equidad y la resiliencia.
Las intervenciones de autocuidado brindan mayor libertad de elección, acceso, control, satisfacción y opciones asequibles para atender las necesidades de salud. Educar y capacitar a las personas para que optimicen su bienestar mediante el manejo de afecciones comunes con estrategias preventivas les permite gestionar mejor su propia salud y tomar decisiones acertadas para sí mismas y sus familias. Este empoderamiento, además, puede repercutir positivamente en la salud de toda la comunidad.
No es un secreto que la población mundial está envejeciendo, lo que genera una necesidad cada vez mayor de una mejor gestión de las enfermedades crónicas1 y de la responsabilidad que implica el cuidado de las personas mayores.
De acuerdo con la doctora Ana María Ayala, médica cirujana especialista en geriatría e investigadora en envejecimiento del Sealy Center on Aging de University of Texas Medical, “el cuidado de una persona mayor implica velar también por quienes hacen parte de su entorno. La salud del cuidador y la del paciente están conectadas e interrelacionadas”.
Cuidar al cuidador: la pieza clave del autocuidado
El autocuidado del cuidador no es egoísmo; es una necesidad. Cuidarse y proteger la salud en toda situación es fundamental para sostener una atención de calidad y mantener la fortaleza para seguir apoyando al ser querido.
Toda la familia se ve afectada por la angustia que sufre un familiar de edad avanzada ante los cambios que experimenta, tales como el deterioro de la salud. Si bien los hijos adultos pueden convertirse en una fuente de apoyo emocional, financiero e incluso físico para sus padres, también pueden convertirse en un grupo de riesgo silencioso, porque están expuestos de manera continua a infecciones respiratorias y otros microorganismos. Muchas veces hablamos de proteger a las personas mayores y olvidamos a quienes hacen posible ese cuidado diario. El cuidador, ya sea un familiar o un profesional, también necesita ser cuidado”, señala la doctora Ayala.
A esto se suma una realidad que se ve con mucha frecuencia: el cuidado suele ir acompañado de jornadas largas, poco descanso, estrés y una tendencia a posponer la propia salud. Muchos cuidadores dejan para después sus controles médicos, sus vacunas o incluso ignoran síntomas porque sienten que la prioridad siempre debe ser la otra persona.6 La especialista en geriatría advierte que “el estrés crónico, la falta de sueño y el agotamiento físico pueden alterar el funcionamiento normal del sistema inmune. No significa directamente que la persona vaya a enfermarse, pero sí puede responder de forma menos eficiente frente a una infección y recuperarse más lentamente”.
Es el caso de las enfermedades causadas por virus respiratorios, tales como la influenza, la COVID-19 y la enfermedad neumocócica, que suelen afectar con especial gravedad a las personas de mayor edad y a los niños pequeños, convirtiéndolos en los grupos de mayor riesgo y aumentando las probabilidades de complicaciones graves. 5,6,7 No obstante, los cuidadores comparten espacios cerrados, acompañan consultas médicas, hospitalizaciones y, además, tienen un contacto muy cercano con personas que, por su edad o sus enfermedades, pueden ser más susceptibles a las infecciones; de ahí que el llamado de autocuidado sea especialmente para ellos.
La inmunización es un acto fundamental de autocuidado, pues es clave para la atención primaria de salud, un derecho humano indiscutible y una de las mejores inversiones en salud. Tal y como lo indica la OMS, la vacunación es una medida de prevención y de control de enfermedades infecciosas. Es la base de la seguridad sanitaria mundial y una herramienta vital en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos.
La doctora Ayala recalca que “muchos desconocen que la vacunación no termina en la infancia y que, a lo largo de la vida, también es necesario recibir refuerzos e inmunización según la edad y las condiciones de salud. El mensaje es claro: la vacunación es una medida de protección durante toda la vida y, para un cuidador, también es una forma de proteger a la persona que cuida”.
De este modo, se contribuye a la campaña de autocuidado de 2026, que pone en el centro la idea de reconocer esta práctica como la clave de la prevención: prevenir enfermedades, detectar precozmente, mejorar la calidad de vida.
El autocuidado sigue desempeñando un papel cada vez más importante en la sostenibilidad sanitaria a nivel mundial, de ahí la importancia de tener en cuenta los siete pilares establecidos por la Federación Global de Autocuidado, que conducen a una mejor salud, un ahorro significativo en los costos de atención médica y una mayor productividad:
- Mejorar la alfabetización en salud.
- Incentivar el bienestar mental.
- Realizar actividad física.
- Mantener una alimentación saludable.
- Evitar riesgos.
- Implementar hábitos de buena higiene.
- Hacer uso responsable de productos y servicios en salud.
Y esto debería sumarse a que “cuidarse no es un acto de egoísmo, sino una responsabilidad. Mantenerse sano es una de las mejores formas de proteger a quien está bajo nuestro cuidado. Vacunarse hace parte de ese compromiso. No solo nos protege a nosotros, sino que también protege a la persona que más nos necesita. Ese es el mensaje más importante: vacunarse es un acto de amor, pero también de responsabilidad. Cada vacuna es una forma de decirle a la persona que cuidamos: quiero estar sano para poder seguir cuidándote. Esa es una de las expresiones más valiosas para aquellos que dependen de nosotros”, concluye la especialista en geriatría.
Consulte con su médico.
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