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Educación, Leyes y Movimientos LGTB

La lucha por la reivindicación de los derechos de los homosexuales se inició entre finales del siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial. En esos tiempos en la mayoría de los países occidentales la homosexualidad era considerada un delito y se castigaba con cárcel, generalmente de entre 5 y 10 años, pero en algunos lugares podían llegar a la cadena perpetua e incluso a la pena de muerte. Sólo estaba despenalizada en los países que habían seguido el ejemplo del código penal francés que había considerado delitos solamente aquellos comportamientos que perjudicaran a un tercero. Por lo que la principal acción de los activistas consistió en abogar por la despenalización.

Después surgieron las primeras agrupaciones que lucharon por la despenalización de la homosexualidad: El Comité Científico Humanitario y luego el Instituto para la investigación sexual y la Comunidad de los propios, todas ellas en Alemania. Si bien existían diferencias de política y de ideas, entre ellas colaboraron en la lucha por la igualdad. Comenzaron las acciones culturales con encuentros, películas, revistas y libros dedicados a la temática gay, ganando así espacios de expresión dentro de la sociedad.

La despenalización llegó a ser aprobada por los diputados alemanes, pero el proyecto se vio frustrado al desatarse la crisis del 29. Luego, el ascenso al poder del Partido Nazi, sumamente intolerante de cualquier diferencia, dio por tierra con los avances culturales y políticos logrados por las asociaciones LGTB.

Tras la Segunda Guerra Mundial se denominó movimiento Homófilo al movimiento homosexual surgido aproximadamente entre 1945 y finales de la década de 1960. El término «homófilo», del griego ομος (homos, ‘igual’) y φιλία (filía, ‘amor’), fue adoptado por los grupos de esta época como alternativa a la palabra homosexual, para enfatizar el amor en lugar del sexo, y alejarse de la imagen negativa y estereotipada del homosexual sexualmente promiscuo.

Pretendían conseguir la aceptación de los homosexuales y conseguir que fueran miembros respetables de la sociedad a través de dos medios: la difusión del conocimiento científico sobre la homosexualidad, que según ellos desterrara mitos negativos, y el debate para intentar convencer a la mayoría de la sociedad de que, a pesar de las diferencias que se reducían al ámbito privado, los homosexuales eran personas normales y honradas.

Los disturbios de Stonewall producidos en el Greenwich Village en protesta por el acoso policial a la comunidad gay de Nueva York, supusieron un punto de inflexión en la lucha a favor los derechos civiles de los homosexuales de todo el mundo. Se desencadenaron el 28 de junio de 1969 como reacción a una redada policial en el bar de ambiente gay, el Stonewall Inn, extendiéndose a las calles adyacentes y que duro tres días. Era la primera vez que la comunidad homosexual se enfrentaba de forma contundente contra las fuerzas policiales, y causaron gran conmoción en la comunidad sirviendo de aglutinante de las pequeñas organizaciones homófilas que habían estado funcionando hasta entonces.

Semanas más tarde, de esos disturbios, se fundó en Nueva York el Frente de Liberación Gay (GLF). A final de año, el GLF ya contaba con grupos en ciudades y universidades por todo el país, y pronto fue reemplazado por otros grupos más estables como Gay Activists Alliance. En poco tiempo surgieron organizaciones similares en Canadá, Francia, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, México, Argentina, Australia y Nueva Zelanda. Y no tardaron en aparecer otros grupos con los mismos objetivos en la mayoría de los países de mundo.

La siguiente reivindicación de los colectivos en los finales del siglo XX y el comienzo del siglo XXI, además de luchar por la despenalización de las prácticas homosexuales en el resto del mundo, ha sido conseguir el reconocimiento de las uniones civiles y el matrimonio entre personas del mismo sexo para equiparar los derechos de las parejas homosexuales al del resto de los ciudadanos en materias tan comunes como herencia, acceso a la seguridad social del compañero, beneficios fiscales, etc.

En nuestra opinión lo aberrante y monstruoso se inicia al querer tener lo que no son capaces de crear entre parejas LGTB, como por ejemplo hijos, pues en nuestra opinión todo recién nacido tiene derecho a un papa hombre y una mama mujer, bien dice y repite varias veces la Biblia: “EL HOMBRE DEJARA A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRA A SU MUJER, Y LOS DOS SERAN UNA SOLA CARNE”

Dios creó al hombre y la mujer, y él estableció que las relaciones sexuales sólo deben tener lugar entre esposo y esposa (Génesis 1:27, 28; Levítico 18:22; Proverbios 5:18, 19). Así pues, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo están prohibidas por Dios (1 Corintios 6:18).

Ahora bien, aunque la Biblia desaprueba los actos homosexuales, también desaprueba la homofobia —es decir, el odio a los homosexuales—, pues nos da este mandato: “Respeten a todos”. Además no nos corresponde a nosotros juzgar a nadie.

El judaísmo comparte con el cristianismo la consideración del Antiguo Testamento como palabra inspirada de Dios; de hecho, los cristianos tomaron estos escritos del judaísmo, es por eso que los judíos ortodoxos esgrimen los mismos textos del Levítico y la historia de Sodoma y Gomorra para oponerse a la homosexualidad. Al igual que en el cristianismo hay sectores liberales que son más tolerantes y menos discriminativos.

La homosexualidad está prohibida en la cultura musulmana, si bien es cierto que en el Corán no hay textos que prohíban expresamente la homosexualidad, los clérigos esgrimen el relato de Sodoma y Gomorra, copiado de la Biblia, como una historia que muestra el castigó de Alá a la homosexualidad.

Cabe mencionar que quienes tienen deseos homosexuales no son los únicos que deben luchar contra sus impulsos. Millones de personas tienen que dominar sus deseos de pecar a fin de agradar a Dios, de hecho, en eso consiste el desafío de la vida, todos somos pecadores y tenemos nuestros pecados favoritos contra los cuales tenemos que luchar. Quienes tienen inclinaciones homosexuales, pero de veras desean agradar a Dios, también pueden ejercer autodominio y ser felices.

Pero independientemente de las religiones, hemos notado un mayor auge y mucho más aceptación de las prácticas LGTB y coincidentemente una imposición de las potencias a los países tercermundistas, pues para una clase dominante, atea e imperialista, resulta inteligente la promoción, autorización, protección y el apoyo de estas prácticas, como una muy eficiente estrategia de control de la natalidad.

Estos grupos imperialistas, que se creen los dueños del mundo y que en el pasado han ejecutado programas de esterilización en países como el nuestro, hoy utilizan a los grupos y movimientos LGTB para promocionar alternativas de prácticas sexuales sin riesgos de embarazos y, al importantizarlos y promocionarlos se convierte en una práctica cada vez más común, hasta llegar al punto de que en los recién pasados juegos olímpicos los abanderados de algún país eran gay y lesbianas ampliamente conocidos e incluso sus cuerpos diplomáticos son capaces de izar una bandera del Movimiento LGTB en sus sedes diplomáticas.

Esto así porque saben todo lo que viene de Dios se reproduce y lo que no viene de parte de Dios se muere o destruye; y como ni el homosexualismo ni el lesbianismo se reproducen, están obligados a reclutarlos y, para reclutar hay que promover.

República Dominicana que es de los países que han seguido el ejemplo del código penal francés que considera delitos solamente aquellos comportamientos que perjudican a un tercero, por tanto, las relaciones entre parejas del mismo sexo no están ni deben estar penadas, aunque tampoco compartimos que se autoricen legalmente, ni que quieran presentarlo como algo normal; pues en nuestra humilde opinión es un pecado, es anti natural y sólo está en auge por intereses de nuevas tendencias Fascista que intentan promover la destrucción de los débiles y la reproducción de los fuertes; según sus propios criterios.

Por esto la población y los medios de comunicación deben estar atentos a estos legisladores que aprueban leyes sin leer y que ahora hasta “hacen” y someten leyes, reitero sin leerlas, tendentes a promover la educación sexual y la planificación familiar, con lo que podríamos estar de acuerdo, pero que también introducen elementos de promoción de esta nueva estrategia del control de la natalidad.

Leyes importadas, no calcadas ni copiadas, pues son diseñadas para nuestros países y no están fundamentadas en la biología, sino en una ideología que busca adoctrinar a nuestros hijos en una política transversal de género, diversidad y tolerancia. Pensemos en un niño que le dicen que él no nació ni hombre ni mujer y, que él puede transformar su identidad sexual según su deseo.

Además, con esta Ley nos violan el derecho, a los padres, de ser los primeros educadores de nuestros hijos.

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Comentarios

Buen articulo, hasta que llego a la biblia

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