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Educación sexual, un buen titular

Si las autoridades han decido firmar un “Pacto Nacional por la Educación de Calidad” donde incluyan la educación sexual y reproductiva debe ser que las secuelas de no ofrecerla  afectan la productividad y acumulación del capital.

Quizás a las autoridades se les ha ocurrido  que este sea un momento adecuado para respetar los acuerdos internacionales de los cuales nuestro país es signatario, los derechos sexuales y reproductivos.

Sería ingenua si pensara que la incorporación de la educación sexual y reproductiva en las escuelas de los pobres responde a las demandas de la sociedad que grita con su exclusión, la necesidad de recibir educación.  Si esta fuera la causa, las farmacias del pueblo, gestionadas por el gobierno,  PPROMESE CAL, ofrecerían preservativos y métodos anticonceptivos para la mayoría de la  población, las y los pobres.

La sociedad tiene más de dos décadas solicitando a las boticas populares, PPROMESE CAL, que ofrezcan condones y anticonceptivos a bajo costo, sin respuesta afirmativa.

El acceso a una educación sexual oportuna, libre de discriminación  forma parte de los derechos sexuales y reproductivos. No es que de repente  han escuchado al pueblo,  es que las consecuencias de la falta de educación y el descredito del país a nivel internacional  se han convertido en un búmeran.

Incluir temas de infecciones de transmisión sexual, dentro de ellas el VIH/SIDA desde la primera infancia es positivo. La prevención es una  herramienta importante para reducir la epidemia que afecta de las jóvenes pobres.

Si en concreto se lograra la inclusión en educación  escolar de la  formación para la igualdad, equidad de género,  como afirma el Pacto Nacional por la Educación de Calidad, podríamos soñar con la reducción de los feminicidios, la expresión más primitiva de la subordinación de la mujer.

Las y los niños aprenden lo que ven y viven, no lo que les dicen.   Pretenden inculcar el valor del respeto pero los políticos,  amparados en la impunidad viven como reyes con los recursos del Estado, mientras las y los pobres son excluidos del bienestar.

El oficio de educar la sociedad es el trabajo más importante;  las verdaderas columnas de las escuelas son sus maestros y maestras, mientras esta labor sea remunerada con sueldos pírricos e indignos, el “Pacto Nacional por la Educación de Calidad”, se queda en titulares de prensa.

Si el nuevo  currículo  educativo incorpora  promover la enseñanza laica, como un compromiso del Estado, en consonancia con nuestra Constitución,  es incoherente qué  Monseñor Agripino Núñez Collado continúe bendiciendo con sus firmas los acuerdos del Estado.

Un estado es laico cuando sus instituciones son laicas.

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