El amor: reflexionando en cuaresma

Indiscutiblemente, el amor está en los corazones; se acurruca en el alma y tiende a ayudar sin esperar nada a cambio ¡liberémoslo! El amor nos vuelve generosos, compresivos, mejor ser humano.   Desempolvémoslo para vivir en armonía  con los demás, para alcanzar unidad, progreso, paz. El amor debe ser el motor que mueva la humanidad.

En estos días de cuaresma, he reflexionado sobre el amor. ¿Qué es el amor? Es un sentimiento tan hermoso y refrescante que nos hace sonreír; es un baño al alma, que tiene el mágico encanto de serenar el espíritu y volvernos generosos.   Mueve a comprender, perdonar, a buscar lo mejor del Yo interior, para entregárselo a la humanidad. Con el potencial del amor se nace. Si se desarrolla, surge un árbol fuerte, frondoso, desinteresado, tierno, capaz de resistir todas las tormentas.

Es difícil de entender a quienes se resisten a sentirlo y conocer sus encantos. El amor es un sentimiento tan especial, que mueve a sentir pena y tenderle las manos a quienes buscan herirte; no lo detiene las bofetadas de la vida. A mi juicio, quienes más amor necesitan, son los que ponen barreras para recibirlo, especialmente las derivadas del orgullo, el poder, la ambición ¡dan pena!

El amor es sin frontera, firme, ¡valiente! leal, no se vende. Traspasa muro buscando el alma de los confundidos, para ayudarlos a vivir tranquilos. Si cada ser humano fumigara con amor su entorno, el mundo fuera un bello jardín. Nunca olvidemos que el amor es la vía de acercarnos a Dios, de imitar a su hijo, Jesús.

Lamentablemente, muchos no saben amar, se resisten a hacerlo, aunque se autodestruyan; suelen mal interpretar los que aman, se burlan de ellos, buscan herirlos sin piedad. Son tan infelices, que les dan prioridad a otros sentimientos. Olvidan que la vida es una y Dios observa.

Sufro con los dirigentes nacionales, políticos y religiosos, quienes, demagógicamente, enarbolan amar al pueblo, pero lo engañan, buscando otros fines. Sus miradas y acciones los delatan.   Si se unieran para sacar las yerbas malas y regaran amor desinteresado, la cosecha sería el bien común y sus derivados, la armonía, confianza, tranquilidad, no guerra de intereses.

Duele ver padres de familias enseñando los hijos a amar lo material, el poder ¡a engañar! en lugar de educar para lograr paz interior, un núcleo de afecto acogedor, intimo, hermoso y una sociedad donde reine la justicia, la paz, donde realmente seamos útiles a la sociedad.

Indiscutiblemente, el amor está en los corazones; se acurruca en el alma y tiende a ayudar sin esperar nada a cambio ¡liberémoslo! El amor nos vuelve generosos, compresivos, mejor ser humano.   Desempolvémoslo para vivir en armonía  con los demás, para alcanzar unidad, progreso, paz. El amor debe ser el motor que mueva la humanidad.