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El amor romántico

El amor romántico
El amor romántico

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- El amor romántico no es siempre la mejor forma de quererse. El romanticismo de nuestra cultura es patriarcal porque está basado en la propiedad, en la mitificación de la pareja feliz y en la monogamia obligatoria. Así lo defiende en este artículo la psicóloga Soledad Muruaga para quien esta representación del amor se convierte en una auténtica trampa para la mujer.

La autora de este artículo sobre el amor romántico es presidenta y cofundadora de la Asociación Mujeres para la Salud y activista feminista por la salud integral de las mujeres.

Sus trabajos, le han valido, entre otros, el Premio Nacional María Espinosa en 1983, otorgado por el Instituto de la Mujer y el Ministerio de Cultura.

El amor romántico

Cuando pensamos en el amor, la mayoría de nosotras lo asociamos a las ideas de romanticismo, a folletín peliculero y a canciones de pasiones arrebatadoras. Imaginamos escenas maravillosas en lugares paradisíacos, con personajes llenos de atractivo y seducción, todo pasión y fantasía… Nos sentimos como “Alicia en el país de las maravillas”. ¡Qué bonito es el amor!

En estas “ensoñaciones amorosas” se suele ir recreando, uno a uno, cada mito del amor romántico imaginado.

Así creemos en la existencia de un único y gran amor en la vida de cada persona, como dice la canción: “Solamente una vez se entrega el alma, con la dulce y total renunciación….” Se trata pues, de encontrar a nuestra “media naranja”, predestinada para completarnos y que dará pleno sentido a nuestras vidas…

Será este un amor intenso, exclusivo y para siempre, donde la pasión permanecerá inalterable en el tiempo y en todas las circunstancias, incondicional y fiel.

Pero, por supuesto, también con el ingrediente de los celos como prueba irrefutable de la existencia del amor verdadero… Como todo el mundo sabe, quien bien te quiere, te hará llorar….

Una sola persona

Y en ese vivir un amor tan grande, lo más de lo más es llegar a una unión perfecta que convierta a los amantes en una sola persona, pensando igual y adivinando los más íntimos deseos y necesidades de la persona amada, sin necesidad de explicitarlo. Ya se sabe que cuando el amor es verdadero, todo se adivina y nunca más nos sentiremos solas/os…

En la socialización amorosa nos convencen de que la pareja es lo natural en el amor, siendo esta universal en todas las épocas y culturas…. Además, para la gran mayoría, el amor debe concretarse en el matrimonio, que es la base de este.

Creencias falsas todas ellas, que generalmente conducen al fracaso afectivo y a la frustración y confunde un estado afectivo realista, basado en el buen trato y el acompañamiento mutuo, con la idealización del enamoramiento, que suele basarse en ensoñaciones y desconocimiento de la otra persona.

El romanticismo de nuestra cultura es patriarcal porque está basado en la propiedad, en la mitificación de la pareja feliz y en la monogamia obligatoria.

Este tipo de amor presenta también aspectos de género diferenciados en los hombres y las mujeres. El romanticismo nos lleva a relaciones interesadas, en las que los hombres necesitan una criada y una cuidadora que trabaje gratis y las mujeres necesitan ingresos y estatus.

Nos hace creer a muchas mujeres que este amor nos salvará de la pobreza y la precariedad en un mundo en el que los hombres son los dueños de todo: las tierras, las empresas, los gobiernos, los parlamentos, los medios de producción, los medios de comunicación, etc.

Amor romántico: la trampa

Y esta es una gran trampa romántica, porque la realidad es que a las mujeres la dependencia económica nos lleva a la dependencia emocional y, de alguna manera, nos esclavizamos al matrimonio como un medio de subsistir y tener un mejor nivel de vida. Nos convencen de que en el amor hay que sufrir, sacrificarse, aguantar, renunciar y pasarlo mal.

La recompensa que nos ofrecen por vivir el amor romántico es el paraíso que nos venden en los cuentos de príncipes y princesas, en los que el sapo se convierte en príncipe azul, y así viviremos felices y comeremos perdices. ¡¡¡Todo maravilloso!!!

En el modelo de amor romántico las adolescentes son socializadas para soñar en encontrar el amor de su vida, más que en conocer a la persona con la que estén.

Ellas quieren gustar y pretenden que después sean ellos quienes tomen las riendas de la relación.

Los varones, por su parte, son socializados para presumir de conquistadores, siguiendo el rol machista de “cuantas más, mejor” y en establecer estrategias de control y manipulación para dominar a su pareja, en lugar de tratar de conocerla.

Frases engañosas

Muchos de ellos utilizan frases engañosas para mantener la relación de poder, tales como: “Eres el amor de mi vida”, “Eres la mejor”, o “Nuestro amor es para siempre”, etc., en lugar de dedicarse a averiguar las cosas en las que coinciden y en cuáles no, para llegar a hacer un pacto de convivencia mutuo en el que ambas partes estén de acuerdo.

Sin embargo, ya conocemos que hay otras muchas formas de amar, y el amor romántico no es siempre la mejor forma de quererse. Cada vez existen más las parejas en el mundo unidas por un amor sin romanticismo, en cuyas relaciones amorosas, además de química, existe compañerismo y el trabajo en equipo.

Algunas de estas relaciones están basadas en la atracción sexual y el erotismo en las que puede haber una relación de cuidados y amor, pero sin vínculos románticos de posesión y desigualdad.

Suelen ser relaciones centradas en el presente, en el aquí y el ahora, y sin concluir en el destino inevitable de formar una pareja tradicional y “la familia telerín feliz”.

Ventajas de amar sin romanticismos

Constatamos que son muchas las ventajas de amar sin construir un vínculo romántico, esto permite a los amantes unirse en total libertad sin sentir la necesidad de ser amadas en exclusiva ni en utilizar el amor como un medio de solucionar problemas y completar nuestras carencias vitales.

Amar sin romanticismos permite construir la pareja desde la honestidad, que nos permite estar [email protected] cuando queremos y separarnos cuando no queramos compartir más.

Como no se hacen falsas promesas de eternidad, no se traiciona a nadie, lo que se hace es pactar las condiciones de la pareja para que ambas personas se sientan libres en ella.

Sin romanticismo no hay explotación, las mujeres no nos vemos obligadas a cumplir el rol de sirvientas para que nos quieran, nos protejan y nos mantengan.

Estas relaciones sin romanticismo no entran en conflicto con las demás relaciones afectivas y emocionales. El amor no se cierra en sí mismo, sino que se expande a nuestras amistades y redes sociales, porque se multiplica cuando no sentimos la necesidad de ser amadas por una sola persona.

Los amores sin romanticismo son más libres porque se construyen desde la autonomía de cada persona y se vive sin el miedo de perder a quien se ama.

Ahorrarse el dolor

Cuando nos separamos, nos ahorramos mucho dolor, peleas violentas, sentimientos de venganza y malos tratos…. Construir relaciones sin romanticismo y en condiciones de igualdad puede permitir a las mujeres relacionarse sin intereses, sin miedos, ni por necesidades. Cuando podemos amar en libertad, desde la autonomía, es más fácil construir relaciones igualitarias, placenteras y sanas.

Dicho todo lo anterior, merece la pena que nos atrevamos a explorar otras formas de relacionarnos. Más allá del modelo romántico idealizado e irreal que nos venden en las películas, canciones y novelas cotidianas.

Es necesario reivindicar nuestro derecho a construir las relaciones que queramos y abrir nuestras mentes y corazones a otro tipo de relaciones amorosas, basadas en el placer, el disfrute, el apoyo mutuo y la alegría de vivir.

En el Espacio de Salud Entre Nosotras, un centro de tratamiento psicológico perteneciente a la Asociación Mujeres para la Salud y especializado en mujeres y en aquello que nos pasa por ser mujer, trabajamos en este sentido.

Las usuarias encuentran una nueva forma de amar, de relacionarse, lejos de esa concepción del amor romántico y en la que priman valores como el respeto, el buen trato, el conocimiento mutuo, la comprensión, la libertad, la autonomía… Y, así, hallan una forma más saludable de vivir su vida y sus relaciones.

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