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El apelar a “papá” o la vulgarización de la política

El apelar a “papá” o la vulgarización de la política

Estamos en el siglo XXI, en pleno despliegue de la cuarta -quizás de la quinta- oleada tecno-científica de la era capitalista.

Decimos –y con razón- que monarcas y patriarcas deberían ser cosas del pasado en un mundo donde supuestamente reina la “democracia”, el “estado de derecho” y la “libertad de oportunidades”.

Que el sufragio nos libera del miedo, de la subordinación y del endiosamiento de determinados seremos humanos.

Que votamos libremente.

Que escogemos democráticamente seres iguales que nosotros(as), sin tutela, sin pleitesía, sin dependencias previamente construidas.

Supuestamente.

Somos parte del “mundo libre” en una sociedad que se “democratiza, desarrolla, progresa y moderniza”  cada vez más.

Nos dicen hasta el hastío que el “mundo globalizado” de hoy (aunque siempre fue redondo, o casi redondo) nos trae todas esas “bondades”.

Esto es así a pesar de que Leonel se considera el mismísimo “destino”, de que la “señal de líder” es como la señal de Dios, de que en esta “democracia” siempre ha existido –y existe- una “primera dama” por encima de todas las mujeres y de que ser pobre dentro de ella es una verdadera desgracia; ser pobre y negro (o mulato) es peor aun; ser pobre, negro y haitiano es para querer morirse y  ser pobre, negra, haitiana y mujer es para preferir  el mismísimo infierno.

Y conste que hombres y mujeres pobres, negros/as, mulatos/as, indios y de “razas” y clases “inferiores” o “subalternas” los hay por “pi-pa”, en abundante mayoría

Esto a pesar de los caudillo “atrasados” y de los neo-caudillos “modernos” que la protagonizan, de la conversión de los/as electores/as en clientelas y de la/os ciudadanos/as en clientes del “mercado libre”, la “libertad de empresa” y de la “democracia electoral”.

Esto es un “paraíso” a pesar de todos estos pesares y muchos otros más.

 

  • El “papá” del patriarcado en la política.

Pero hay algo todavía más execrable que esos hechos y esas hipocresías.

Me refiero al reciente proceso publicitario-mediático para la conversión de un determinado candidato en el “papá” de sus seguidores/as.

En referencia, claro está, al “papá” de la familia patriarcal traducido a  la política, transformada a su vez en contaminada politiquería. Algo parecido al trasplante de esa figura sociológica de la familia patriarcal a la jefatura del catolicismo mediante la creación del  PAPA y el papado de ROMA.

El papá de la familia patriarcal es el jefe de ella, el dueño de la esposa y de los/as hijas/os, el que la “mantiene” y maneja el presupuesto, el mandamás, el que decide todo… hasta las reprimendas, pelas y castigos corporales que hay que darle a la prole, incluidos los golpes y maltratos a “su” mujer.

Más aun: su reino desconoce el aporte del trabajo doméstico a  la riqueza social y considera a la mujer como “material de cocina y cama”, aun ésta logre a duras penas liberarse de la prisión domiciliaria y ejercer la doble jornada de trabajo: la de la casa y la de la calle, fábrica, campo u oficina.

Todavía más: ese papá, jefe omnímodo de familia, se considera incluso con derecho a matar a “su” pareja cuando ésta deja de quererlo. El miedo, enemigo jurado de la libertad, es una de sus principales armas de dominación. Parecido al terror que no pocas religiones esgrimen a nombre de su Dios para asustar a sus feligreses y forzarlos a obedecer.

Ese papá es una especie de Dios familiar, que da y quita a su antojo, al que hay que seguir y querer sin reparos, para “estar frío” con él y librarse de su rabia.

Esa “figura”, heredada de ese tipo de familia machista y despóticamente manipulada, ha sido trasladada al PRD y a su clientela; vulgarizado aun más el caudillismo, simplificando la adhesión a él, facilitando su percepción y asunción por los conglomerados de más bajo nivel educativo y con más limitaciones para informarse y razonar.

En las calles uno escucha muchas veces como mujeres y hombres, empobrecidos/as material y espiritualmente por esta dominación de clase, se refieren a otros hombres pertenecientes a estratos sociales mas altos llamándolo servilmente “patrón”  y hasta “papá”.

Esa sub-cultura ha sido captada, cooptada y  potenciada  para convertir al candidato Hipólito Mejía, al “guapo de Gurabo” -aun después de su fracaso estrepitoso- en el “papá” de los perredeistas y de una parte del electorado.

 

La calificación y su esencia, por simple y cotidiana, se “pega”, se multiplica, prolifera….

  • Banalización  de la campaña e indignación creciente.

A los entendidos en “marketing político”  proclives a promover esa fórmula, les importa que ella degrade relaciones humanas y derechos políticos, prolongue y potencie vínculos alienantes y alimente concepciones embrutecedoras. Buscar el “éxito” en la competencia (aunque esta se banalice de la peor manera), es su principal divisa.

Al candidato, por igual. Su ego y su “norte” se alimentan con el salto propagandístico que lo convierte en el “papá” de su domesticada la clientela. Su poder personal se crece y esto potencia sus ínfulas de “gran jefe”.

Los ideólogos de esas maquinaciones publicitarias saben que el capitalismo no ha arrancado de raíz  esas aberraciones medievales en las relaciones humanas, sino que más bien las ha cooptado, potenciado, pulido y “modernizado”; convirtiendo todo en mercancía, creando el Dios Mercado y los dioses de la política; privatizando los partidos y transformando los políticos en “accionistas” y “activos” intangibles de esas nuevas empresas altamente rentables, sujetando a los competidores al mercado de los votos, a las inversiones recuperables y a la publicidad post-moderna, que apunta a los sentidos y no a la conciencia y a la razón de los seres humanos.

Saben perfectamente que en un país de escasa formación educacional y científica, donde perduran y se reciclan constantemente no pocas ignorancias, el caldo de cultivo para esos inventos promocionales es formidable.

Mas cuando los “insignes” políticos de las llamadas democracia representativa, del neoliberalismo impuesto por los imperialismos estadounidenses y europeo;  de los beneficiarios de la privatización de la política y del Estado, de la conversión del patrimonio publico y territorial en botín apetecido por los que ejercen las mas altas funciones  públicas y partidistas, no tienen nada que ofrecer a los pueblos que no sean “boronas”: pequeñas dádivas, fundas plásticas y electrónicas, “empleitos” y sobornos menores para sus clientelas políticas.

Así hemos llegado a una fase avanzada de descomposición de este “modelo”, en la que se apela a recursos primitivos extremos que habrán de agotarse pronto, al tiempo de vulgarizar en mayor escala las formas de hacer política

 

Por eso no es difícil de apreciar que esto de “papá”  Hipólito es otra señal de decadencia del orden establecido y de sus  más conspicuos mentores.

Porque en fin de cuentas y de cuentos, el cúmulo de humillaciones habrá de  generar la avalancha humana que los entierre definitivamente.

El relajo terminará indignando mucha gente hasta que estallen todos/as los que se liberen de la alineación y se conviertan en multitudes transformadoras mediante la siembra de conciencia y el fortalecimiento de sus organizaciones.

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