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El canciller de la banca

El canciller de la banca

Hace un año que partió de este mundo. Justo el pasado domingo 25. Se fue con la misma discreción que caracterizó su vida, sin ceremonias ni homenajes, escurridizo, a espaldas de todos aquellos que le profesamos afecto, admiración, respeto, con la excepción del estrecho círculo familiar, que siempre protegió con celo y que era su centro fundamental.

José Manuel López Valdés encarnó la figura del banquero clásico, sin aparatajes ni exhibiciones ostentosas, acogido a la más estricta economía de imagen, sin provocar la devaluación de su gran intangible -la confianza- por exceso de exposición, que equivalía a resguardar la fe en el sistema bancario.

Lo traté por 16 años. La última vez que escuché su voz fue cuando comunicó de manera tangencial al equipo más cercano que le acompañaba en la Asociación de Bancos Múltiples (ABA) que se sometería a una cirugía, pero lo hizo con naturalidad, sin señales de gravedad ni preocupación, como algo sin mayor importancia.

Nos encomendó ocuparnos de un congreso internacional en que ABA sería anfitrión con la convicción de que, como siempre, sus colaboradores se articularían para lograr que todo saliera bien, desde la organización, el montaje, el contenido y hasta su presencia mediática. Su vitalidad, reciedumbre, lucidez y los pasos adelante que siempre daba en la agenda, planificando cada detalle, consultando con todos cada minucia en un seguimiento persistente, no eran señales de que llegaba al ocaso, de que el sol se le ocultaría para siempre.

En poco más de una década y media traté a un gran caballero, educado, tolerante, sereno, medido, cuidadoso en la selección de palabras para comunicar su pensamiento, hábil y diplomático en el abordaje de controversias, pero sobre todo muy discreto, a veces un cofre cerrado, especialmente en lo que concernía a su vida personal.

Pese a esto, se desbordaba y dejaba notar su ejercicio apasionado de esposo, padre, abuelo, hijo, hermano, amigo, con grandeza y nobleza. Perdimos físicamente al canciller de la banca dominicana, pero como diría el poeta Manuel del Cabral: “Hay muertos que van subiendo cuanto su ataúd más baja.”

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