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El derecho a la honra de don Hipólito

José Báez Guerrero.

A mi me parece muy bien que el ex presidente Hipólito Mejía haya demandado al senador Wilton Guerrero y al director de un periódico por alegada difamación e injuria, luego de que durante la pasada campaña dijera el primero y publicara el segundo que el candidato del PRD habría recibido dinero de narcotraficantes para financiar su proselitismo.

En el momento mismo en que el locuaz senador banilejo  realizara su tremebunda denuncia, opiné por televisión que el peor servicio que podían hacerle al país quienes dicen luchar contra el narcotráfico es politizar sus denuncias o usar su credibilidad para fines partidistas.

Y esa opinión mía la fundamenté en que cualquiera que gobierne un país como la República Dominicana, puente natural del narcotráfico por cuestiones geográficas y de nuestras debilidades institucionales, siempre deberá padecer el escarnio de que alguna de su gente cercana o hasta íntima se contamine con esta lacra, pues el poder financiero del narco y su capacidad para doblegar voluntades son enormes.

Mejía tiene mucha razón al sentirse difamado por el senador Guerrero, quien declaró a la prensa que el candidato del PRD habría sido transportado por el piloto y hombre de íntima confianza del jefe del cartel de Sinaloa, México, conocido como Joaquín “El Chapo” Guzmán, en ocasión de una visita que hiciera don Hipólito a México semanas antes de las elecciones.

En esa visita el ex presidente Mejía se fotografió con el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, dueño de Claro/Codetel, la principal operadora de telecomunicaciones en República Dominicana. Don Hipólito fue a México a una feria agropecuaria, igual que como en estos días anda por la Florida promocionando los mangos dominicanos.

El propio don Hipólito a veces tiene la boca como un tirapiedras y ha llegado hasta a decir que políticos que considera sus adversarios “juegan muñecas”, por no recordar todas las barbaridades que a lo largo de su carrera política ha dicho.

Pero aún así tiene derecho a que se preserve su honra y si cualquier político quiere dejarse usar para hablar por boca de ganso, sin contar con las pruebas necesarias para la “exceptio veritatis”, me parece magnífico que comience a ordenarse el gallinero de la politiquería con demandas como la incoada por el ex presidente Mejía.

Adversar no significa difamar ni calumniar. Don Hipólito tiene derecho a su honra.

José Báez Guerrero

[email protected]

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