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El día en que a las ciguapas se les voltearon los pies

El día en que a las ciguapas se les voltearon los pies
Bernardo Vega

Fue el día en que el gobierno dominicano publicó la lista de las veinte personas y de las veinte empresas que más impuestos pagaban, para estimular a los periodistas y al público a que escribieran, o citaran por sus nombres, a los que faltaban en esas dos listas.

Fue la madrugada en que por primera vez se publicaron estados auditados de la CDEEE, de las tres distribuidoras de electricidad y de las dos plantas de carbón de Catalina.

Fue la tarde aquella en que el gobierno comenzó a multar a las empresas que daban empleos a extranjeros indocumentados, alegando que lo mismo hacían en el Norte a los que empleaban a dominicanos que habían tomado la yola.

Fue el día, o tal vez la noche, en que los candidatos presidenciales, emulando a los de Europa y Norteamérica, pusieron como temas principales de campaña los pro y contra del aborto, el control de la natalidad y las ventajas y desventajas de una boda entre personas del mismo sexo. También acordaron celebrar debates públicos con periodistas de primera como inquisidores.

Fue cuando el gobierno calculó qué proporción de la población total de Chile eran empleados públicos, incluyendo guardias y aplicó esa misma proporción a la burocracia civil y militar dominicana, reduciéndola extraordinariamente.

Fue la ocasión en que se decidió pagar a los maestros de las escuelas públicas por horas de clase realmente dadas y no simplemente entregándoles un sueldo mensual.

Fue cuando el sueldo de nuestros diplomáticos se acreditaba en una cuenta bancaria en la ciudad extranjera donde estaban asignados para que los que residían permanentemente en Santo Domingo no pudieran cobrar.

Fue cuando vimos que el cura y el pastor del pueblo estaban distribuyendo entre la comunidad los beneficios de las bancas de apuestas de ese mismo pueblo.

Fue cuando la seguridad social comenzó a garantizar el servicio de salud a los pobres.

Fue cuando el gobierno comenzó a recordarle al contribuyente qué proporción del ITBIS que pagaba se utilizaba para repagar la deuda externa y cuáles habían sido los préstamos que la habían conformado y cuáles gobiernos y presidentes los habían contratado.

Fue cuando los que ya habían sido y los que eran presidentes se dieron cuenta que era momento para que otros optaran por ese cargo.

Fue cuando las campañas electorales comenzaron tan sólo tres meses antes de las elecciones mismas y cuando se prohibió a los gobiernos gastar dinero, pagado por los contribuyentes, para anuncios de auto-bombo a través de la televisión, la radio y la prensa.

Fue cuando en Estados Unidos se comenzó a apresar a los ricos que consumían drogas, y no sólo a los infelices, provocando eso una reducción en el consumo, y, consecuentemente, en el precio de la droga, lo que condujo a una disminución en la criminalidad en las islas antillanas que sirven de puente entre productores y consumidores.

Fue cuando comenzó a verse que ya no había niños con uniformes fuera de las escuelas en horas de clases, pues los maestros sí tenían vocación  pedagógica.

Fue cuando, después de doce años corridos con déficits presupuestales, tuvimos finanzas públicas en equilibrio.

Fue cuando, al igual que en Perú, Brasil y Centroamérica, habían políticos dominicanos corruptos en las cárceles dominicanas o americanas.

Fue cuando ninguna persona que ya había sido presidente podía serlo de nuevo, pues no era verdad que en un partido con veinte años en el poder casi corridos, no existían buenos candidatos que no había sido, o eran presidentes.

Fue por todo eso que ese día, los bacás, los galipotes, los bienbienes, los shamanes, y la coqueta y casquivana Anaísa ordenaron a las ciguapas enderezar sus calcañales. La más elocuente, la que más jupiaba, comentó: “¡Por fin, por fin, e pa’lante que vamos!”

También ese día se le secaron las lágrimas al pluvioso Boynayel, dios taíno de la lluvia.

¡Que Tatica ilumine a nuestros líderes!

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