Urgente: El doctor Feris Iglesias y su retórica de la privatización

Tony Pérez.

Jamás imaginé al reconocido pediatra infectólogo Jesús Feris Iglesias formulando una apología de la privatización de los servicios de salud y demonizando al sector público de donde él emergió y ha obtenido sus mayores méritos.

Amén de su condición de activista político del PRD, siempre lo había ubicado en el escenario de los profesionales reflexivos y creíbles.

En su artículo “Hay que re direccionar al Senasa”, publicado en el rotativo Hoy del 28 de agosto, hace un ejercicio de persuasión de escasa monta en tanto evidencia al vuelo su verdadera intención: torpedear la gestión de la directora ejecutiva, pediatra infectóloga como él, Altagracia Guzmán, con el fin inocultable de que el ruido llegue a Palacio en estos días de cambios de funcionarios, en lo que parece ser el segundo round de la reciente e inoportuna denuncia del director del Consejo de la Seguridad Social; y santificar a las Aseguradoras de Riesgos de Salud (ARS) y clínicas privadas.

Increíble, pero cierto como los aguaceros que han anegado zonas del país en estos días del ciclón Isaac.

Su pieza de 10 párrafos parece una especie de carta pública de apelación al Presidente Danilo Medina, en la cual simula preocupación por el destino de la aseguradora estatal en tanto entiende que anda mal y que urge ponerla a funcionar a favor de los pobres. Una simulación poco trabajada que lo lleva a estrellarse con la ética profesional, dado su manejo alegre de medias verdades.

Dos de esos párrafos desnudan su intención no declarada: en el quinto refiere sin rubor que no hay ninguna diferencia en cuanto a  conocimientos y comportamientos de un profesional de la salud cuando trabaja en un hospital y en una clínica. Según él, la diferencia está en la hotelería dado que persiste en los funcionarios públicos la mentalidad de que los hospitales son centros de beneficencia y no de derechos adquiridos por la ley. Todo un montaje para decir que Senasa no aporta a estos establecimientos los recursos establecidos por ley para mejorar el aspecto mencionado.

Feris Iglesias echó los dientes en los hospitales; es amigo y colega de la doctora Guzmán. Sabe, por tanto, que miente y que su recta opinativa es débil y descontrolada, y lo revela en una crisis dado su afán desmedido por engancharse al paradigma dominante.

Sabe muy bien que siempre ha habido hospitales con mucho mejor hotelería y equipamiento que las clínicas; sin embargo, la atención médica a los usuarios es inhumana. Y sabe que por el criterio de lo público como piñata que predomina en este país, costosos equipos de la red de hospitalaria terminan por arte de magia instalados en clínicas privadas. No desconoce el reputado médico que tal vez el 95 por ciento de los centros de salud privados opera como ventorrillos de matasanos; como burdos negocios para timar pacientes.

En el séptimo párrafo, el articulista dice taxativamente: “La función del Senasa es la de exigirles a los hospitales con el dinero que paga por concepto de sus afiliados, mejoría general de sus servicios y dejarle a las ARS del sector privado las clínicas privadas”.

Más claro ni el agua. Al afirmar que no exige calidad a la red pública y negarle el derecho a competir en el mercado para capitalizarse, promueve a las aseguradoras privadas, a la cuales no toca ni con una pluma de gallina clueca pese a la lluvia de quejas de los usuarios, que las perciben como un gran fraude.

Es una lástima que tan connotado profesional se haya ido de bruces en su intento, solo por asumir un nihilismo ciego y no conceder razones en su exposición, principio elemental del periodismo de solicitación de opinión. Ni de manera manifiesta ni latente reconoce logros a Senasa. ¡Válgame, Dios!

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