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El doctor Fernández, Blanco Herrera y la reelección

El doctor Fernández, Blanco Herrera y la reelección
Fernando Sibilio

Confesó, el Presidente: “Que sentía la misma preocupación de que si el intentara repostularse en el 2012, se estaría reproduciendo una antigua y rechazada práctica histórica nacional de pretender perpetuarse en el poder”.  (Trigésimo quinto párrafo) Y. A seguidas, hizo pedagogía política y jurídica, al recuperar la tranquilidad que les daban los argumentos de destacados juristas sobre la retroactividad del artículo 124, las opciones del referendo consultivo y el referendo aprobatorio, de los artículos 210 y 272; y la responsabilidad constitucional de la Junta Central Electoral, la designada por él, de someter el referendo aprobatorio, sobre su derecho ciudadano a elegir y ser elegido.

Invitamos a los políticos y a los medios de comunicación a que renuncien a la costumbre de pensar que la inteligencia es una facultad o una propiedad; piensen en ella como la creadora del mundo de la dignidad, en lugar de insistir en presentarla como un atributo propio de seres particulares. Ella es como la infancia y la madurez que se despiden sin separarse una de la otra.  Así es la inteligencia.

Transfigurar la política para hacerla habitable social, económica y democráticamente, debería ser el oficio del Presidente, de los partidos políticos y de las instituciones, y negarse a esta responsabilidad es un fraude.  Más, aún, si la luz constitucional se transforma en opacidad electoral, para ocultar los sueños de grandeza de intereses políticos minúsculos.

Miraba el Presidente, el pasado, arrepentido y lleno de melancolía por la propuesta balaguerista del 1998, pero, increpaba a sus opositores por su incapacidad para superar sus vicios y desaciertos del pasado; y la angustia, según su credo, que le aguarda al país, si con su ausencia llegara la oposición al Gobierno.

Carece el Castellano de términos que indiquen el arrepentimiento por la oportunidad pérdida.  Por tanto, el Presidente en los más de 70 párrafos de su discurso, nunca expresó lo que quería decir, porque su español le llegó sin voces que expresen su tristeza por la reelección diferida.  Cosa que deja clara, al referirse a la política, cuando dice: “Esa es la pasión que arrastra mi vida, y estaré dispuesto a desempeñarla, hasta la muerte, desde cualquier posición más encumbrada o simple” – Imaginen al Presidente siendo el Director del Distrito Municipal de Cutupú.

Usan los franceses y los ingleses el término “Regret”, como la pérdida de lo que es posible, la reelección es posible para el Doctor Fernández, aunque le conviene en estos momentos presentarla como una pérdida, más su rutina histórica, contrario a la memoria ideológica que nos presenta en este discurso, siempre ha sido la persistencia en lo posible.  Se ufana de sus dos triunfos sucesivos en primera vuelta con más de dos millones de votos, de su doble triunfo en las elecciones de 2006 y 2010, con mayoría en el Congreso y los Municipios.

Piensa al parecer, con este nuevo tono discursivo, en una pedagogía para una política indolora, libre de deberes y obligaciones, esa bulimia democrática y Constitucional que vive el Senador Félix Bautista y el Ingeniero Freddy Pérez.  Con acciones que el Doctor Fernández reconoce como populares y democráticas.  Sin que, en modo alguno, se correspondan con iniciativas caudillista, ni de un culto mesiánico a su persona, sino actos de vehemencia, de entrega y de sacrificio de ellos por el progreso, y en defensa de los valores democráticos.

Cortaría la Constitución el cordón nutritivo de los grupos y poderes operativos del Presidente, y los artículos 124, 210 y 272, pudieran convertirse en los próximos meses, en el Political Investment, en la mejor inversión jurídica, política y cívica, la cual resultaría beneficioso, si la moralidad de las organizaciones civiles siguen transformándose en un plus tan rentable.  A pesar de su ambivalencia ocupacional en resolver los problemas políticos de embergadura.

Resultarían política y estratégicamente más útiles para los fines de esos grupos y poderes continuistas, el uso de instrumentos y claves mejores estructuradas y menos dramáticas.  Porque una cosa son las trabas generales de la Constitución y otras muy distintas serían la viabilidad constitucional de la reelección.  El desconocimiento de esta noción política trajo como resultado el discurso invertebrado del Presidente.

Pusieron esos grupos en situación ubicua y esquiva al Presidente, por la incapacidad de sus expositores en entablar un diálogo, en el cual se pudieran percibir las responsabilidades democráticas, políticas y sociales del proyecto.  Todo fue oficial, un enclave, una entente, una manga de abrumadores, pero nada más.

Perseguir una reafirmación o un reconocimiento lúcido en sus planes, siempre ha sido difícil para los grupos que rodean al Presidente Fernández, sus asperezas y sus desentendimientos internos con su propio partido son obvios, sin contar la precariedad de su dignidad y la pérdida de todas las normas logísticas y de clara conciencia del proyecto, al usar la figura presidencial en vano.

Perdieron de vista que manejaban material explosivo con la reelección, que participaban en un juego arriesgado y que olvidaron que el Presidente estaba más comprometido y más expuesto, que lo que ellos consideraban o pudieran creer en su cháchara constitucional, y el partoleteo de la Cámara de Diputados y del Senado con el Tribunal Constitucional acabó devaluando el objetivo estratégico: Convencer a los ciudadanos de que se comprometieran y admitiesen sus deberes y su ocupación democrática en la práctica política y constitucional de la reelección.  Los ingenieros enganchados de abogados, construyeron escaleras de bajada soslayando en sus planes la de subida.

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