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El efecto domino

El efecto domino
Mario Rivadulla

La puesta al desnudo de la escandalosa estrategia de negocios montada a nivel internacional por la Odebretch, para captar multimillonarios contratos de obras en distintos países del hemisferio a cambio de jugosos sobornos, ha tenido graves repercusiones afectando a gobiernos, políticos y empresarios, provocando lo que conoce como un “efecto dominó”, donde la caída de la ficha puntera va arrastrando las demás.

En su edición de este viernes pasado, el matutino Diario Libre hace un apresurado recuento de las consecuencias que se han dejado sentir en los diferentes países de la región, envueltos en la sucia trama llevada a cabo por la constructora brasileña, comenzando por la propia nación donde radica su sede.

En Brasil, el presidente de la empresa Marcelo Odebretch condenado a una larga pena de cárcel, reducida posteriormente a cambio de cooperar con la Justicia ofreciendo valiosas informaciones que han permitido ir ampliando el radio de investigaciones y la identificación de una gran número de involucrados, entre estos el popular ex presidente Lula da Silva, quien afronta una condena de doce años de prisión.

En Miami, a la espera de un fallo de extradición, permanecen bajo arresto el ex presidente de Panamá, Ricardo Martinelly, al igual que su hermano Mario y sus hijos Luis Enrique y Ricardo Alberto.

En El Salvador fue condenado a prisión el ex presidente Mauricio Funes por enriquecimiento ilícito, el cual se encuentra acogido al improcedente exilio político otorgado por el gobierno de Nicaragua desde el 2016. Un asesor de su campaña también está siendo investigado por presuntamente haber recibido fondos de la Odebretch para financiar la misma.

Por la misma razón, fue destituido, juzgado y sancionado a seis años de prisión el ex vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, hombre de confianza de Rafael Correa, junto a otras siete personas, incluyendo un tío, también condenados.

Cursan igualmente acusaciones de financiamiento ilegal y sobornos en Colombia, Venezuela y Argentina, las cuales están sometidas a investigación.

Pero la palma se la lleva Perú, donde guardan prisión el ex presidente Ollanta Humala y su esposa a la espera de juicio; se hacen gestiones para extraditar al también ex mandatario Alejandro Toledo, quien buscó refugio en los Estados Unidos, amparado en su nacionalidad norteamericana; en tanto Pedro Pablo Kuscynski, ha debido ceder el poder a su sucesor, el primer vicepresidente Luis Vizcarra, mientras encara un posible proceso de corrupción, en el cual ya el fiscal que tiene a su cargo el expediente de investigación de la Odebretch ha solicitado imponerle un impedimento de salida.

Librado hasta ahora del “efecto dominó”, queda pendiente el caso de la República Dominicana, donde ha sido mayor la cantidad y el costo de las obras ejecutadas por la constructora carioca y el proceso de investigación presenta mayor retraso por parte de la Procuraduría, y aún la hoy muy cuestionada Cámara de Cuentas, no ha presentado la auditoría sobre la gran diferencia que en todos los casos, y en mayor o menor magnitud, se registra entre los presupuestos originales aprobados para las obras ejecutadas por la Odebretch y el costo real al finalizar las mismas, que suma cientos de millones de dólares.

La lentitud del proceso ha sido y sigue objeto de críticas, donde cada vez más se manifiesta la sospecha de que no existe un verdadero interés en llegar al fondo de la verdad y sancionar a quienes, de una u otra forma, se hayan beneficiado por vía de sobornos y dádivas, a cambio de allanar el camino para que la Odebretch pudiera resultar favorecida con contratos que le reportarían cuantiosos beneficios, varias veces superiores al monto de los sobornos pagados y confesados.

Despejar ese clima de suspicacia y descreimiento es el gran reto que tienen por delante la Procuraduría General a la que corresponde instrumentar un sólido expediente acusatorio, y el Poder Judicial al que tocará sancionar en base a las pruebas que se aporten con suficiente validez jurídica para no dejar margen a dudas sobre la responsabilidad de los implicados, cuya cantidad por elemental lógica y magnitud de la trama corrupta tiene que resultar mucho más extensa que la limitada lista dada a conocer hasta ahora.

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