El libro vive

Lorenzo Gómez Marín es un novel autor que aunque en su autobiografía se presenta como “un optimista sin fanatismos”, revela en su obra una expresión renovada del pesimismo dominicano

Lorenzo Gómez Marín es un novel autor que aunque en su autobiografía se presenta  como “un optimista sin fanatismos”, revela en su obra una expresión renovada del pesimismo dominicano que con criterio sociológico describieron intelectuales de indiscutible formación hace aproximadamente un siglo.

Patas Pa’Arriba: este país es una M. Así titula su libro Gómez Marín, nacido en el paraje de Navas, Puerto Plata, en 1948, con estudios de sociología iniciados, aunque no terminados, en la UASD y el Kean College, de New Jersey. La “M” es de mentira, según puede enterarse el lector tan pronto se introduce en los escritos.

Clásicos del pesimismo como Francisco Moscoso Puello y José Ramón López se habrían reconocido en Patas’Parriba, ya que refiere esa acendrada dificultad de la sociedad dominicana para la institucionalidad como mecanismo de regulación de la convivencia social, recurriendo siempre al “enllavismo” medalaganario, con un Mundito que siempre saca a relucir su verdadero ser cuando logra alcanzar un “carguito”.

Lorenzo adopta en su estilo el género epistolar, el mismo que utilizara Moscoso Puello en Cartas a Evelina, con misivas igualmente críticas dirigidas al personaje  Julián, “amigo que emigró a Suiza y a quien describe en una serie de cartas, esas cosas que todos sabemos ciertas ya que muchas de ellas no han sido experiencias exclusivas del autor”, según dice en el prólogo el conocido publicista Freddy Ortiz.

 

En lo que define como ausencia de institucionalidad y presencia de una autoridad personalista basada en el temperamento de cada funcionario se concibe en Patas Pa’Arriba el origen de todos los acontecimientos negativos vividos por el país en las últimos tiempos.

Al aporte sociológico del libro se suma el llamado a un esfuerzo conjunto de ética social, a fin de que la institucionalidad, las leyes y las normas consensuadas prevalezcan por encima de los caprichos de quienes ocupen puestos públicos de manera coyuntural. El llamamiento apuesta al optimismo.